Siete errores peligrosos de adultos en zonas escolares que ponen en riesgo a los niños

Menores en riesgo de ser atropellados diariamente en zonas escolares debido a imprudencias de adultos conductores y acompañantes.
En seguridad vial, un instante es todo
Especialista en seguridad vial explica por qué las distracciones de segundos en zonas escolares pueden ser fatales.

Cada mañana y cada tarde, frente a las escuelas de toda la región, el apuro adulto convierte un espacio de aprendizaje en uno de los entornos más peligrosos para los niños en la vía pública. Especialistas en seguridad vial advierten que no es la velocidad lo que provoca los accidentes en zonas escolares, sino los pequeños errores normalizados —el estacionamiento indebido, la distracción del celular, el descenso por el lado del tránsito— que en cuestión de segundos pueden cambiar una vida. La tragedia no llega anunciada: llega en el instante en que un adulto decide que su comodidad vale más que la visibilidad de un niño.

  • Cada día escolar se repite un 'microcaos' de apuro, doble fila y distracciones que convierte las puertas de las escuelas en puntos críticos de peligro para los menores.
  • Los accidentes en zonas escolares no ocurren por exceso de velocidad sino por decisiones adultas normalizadas —bajar a un niño del lado del tránsito, cruzar entre autos, mirar el celular— en los segundos más vulnerables.
  • Siete errores concretos y repetidos a diario exponen a niños a ser atropellados: desde estacionar en doble fila hasta transportar más menores de los permitidos sin sujeción adecuada.
  • Expertos y aseguradoras coinciden en que la solución no es tecnológica ni normativa, sino conductual: los adultos deben priorizar la seguridad del niño por encima de la prisa o la comodidad.
  • La recomendación es clara y gradual según la edad: acompañamiento constante hasta los seis años, autonomía supervisada hasta los doce, y acuerdos previos de trayecto a partir de entonces.

Cada mañana y cada tarde, durante los minutos caóticos de entrada y salida escolar, las reglas básicas del tránsito parecen suspenderse. Fabián Pons, presidente del Observatorio Vial Latinoamericano, lo describe como un colapso predecible: todos los grados confluyen por la misma puerta, la gente se impacienta, estaciona donde no debe y comete imprudencias que minimiza porque duran "sólo un minuto". Desde la aseguradora ATM Seguros lo denominan el "microcaos diario", un entorno donde el apuro y la falta de atención convierten las inmediaciones de las escuelas en uno de los lugares más inseguros para los niños.

Lo que sorprende a los especialistas es que estos accidentes no ocurren por velocidad excesiva. Fernando Rodríguez, gerente de Siniestros de ATM, señala que suceden por errores breves de atención en momentos críticos: cuando los chicos suben, bajan o cruzan. Siete errores se repiten cada día. Estacionar en doble fila obliga al niño a caminar entre vehículos en movimiento, quedando en los puntos ciegos por su baja estatura. Permitir el descenso por el lado del tránsito lo expone a motos y bicicletas que circulan entre filas. Estacionar sobre la senda peatonal fuerza a otros niños a bajar a la calzada justo donde deberían estar más protegidos.

Caminar sin tomar de la mano a niños pequeños, permitirles cruzar fuera de las esquinas porque "no viene nada", distraerse con el celular apenas dos segundos, o cargar más menores de los permitidos sin sujeción adecuada completan la lista. Sebastián Porto, ex campeón de motociclismo y embajador de seguridad vial, lo sintetiza: en zonas escolares hay que conducir como si un niño pudiera aparecer desde cualquier ángulo, porque en seguridad vial un instante lo es todo.

Los especialistas ofrecen una guía según la edad: acompañamiento constante hasta los seis años, recorridos practicados y cruces solo por esquinas entre los siete y los nueve, autonomía gradual y supervisada hasta los doce, y trayectos acordados previamente después de esa edad. El denominador común de todos estos consejos es el mismo: los adultos deben dejar de anteponer su comodidad a los pocos segundos que, en una zona escolar, separan a un niño de un accidente.

Cada mañana y cada tarde, durante esos minutos caóticos cuando los niños entran y salen de la escuela, las reglas más elementales del tránsito desaparecen. Conductores estacionan donde no deben. Peatones cruzan sin mirar. Los chicos bajan de autos en medio de la calle. Y nadie parece pensar que en cuestión de segundos, una de estas costumbres podría terminar en tragedia.

Fabián Pons, experto en seguridad vial y presidente del Observatorio Vial Latinoamericano, lo describe con claridad: cuando todos los grados entran y salen por la misma puerta al mismo tiempo, se genera un colapso. La gente se impacienta. Estaciona donde no corresponde. Se generan discusiones. Y en medio de todo eso, comete imprudencias que nadie toma en serio porque "es sólo un minuto". Desde la aseguradora ATM Seguros lo llaman el "microcaos diario", ese entorno donde confluyen el apuro, la falta de sueño y el tránsito descontrolado, convirtiéndolo en uno de los lugares más inseguros para los niños en la vía pública.

Lo que sorprende a los especialistas es que estos accidentes no ocurren por exceso de velocidad. Fernando Rodríguez, gerente de Siniestros de ATM, señala que suceden por errores breves de atención y decisiones adultas normalizadas en momentos críticos: cuando los chicos suben, bajan o cruzan. Siete errores específicos se repiten cada día frente a las escuelas, y cada uno de ellos pone a los menores en riesgo real.

El primero es estacionar en doble fila. Muchos padres lo hacen "sólo un minuto" para acompañar a sus hijos hasta la puerta, pero cuando el niño baja o sube, camina entre autos que llegan y se van. Por su baja estatura, queda en los puntos ciegos de los conductores. Lo que para un adulto es un gesto de segundos, para un niño es irrumpir en la calzada sin protección ni visibilidad. Pons es categórico: estacionar donde esté permitido, aunque implique caminar una o dos cuadras. La excusa de llegar tarde no justifica poner en peligro a la familia.

El segundo error es permitir que los chicos desciendan por el lado de la calle en lugar de la vereda. En esos momentos de congestión, motos y bicicletas circulan entre filas de vehículos detenidos para ganar paso. Un niño que baja sin mirar queda expuesto a ese movimiento lateral, y el conductor no tiene tiempo ni ángulo para anticiparlo. Por eso Pons insiste en que las puertas deben estar trabadas con el sistema de seguridad para niños, permitiendo el descenso únicamente del lado de la vereda.

Estacionar sobre la senda peatonal es el tercer error. Muchos lo hacen por estar cerca de la puerta, pero invaden el único punto diseñado para que el peatón sea visible, obligando a otros niños a rodear el auto bajando a la calle en la zona que debería ser la más protegida. El cuarto error es caminar con niños pequeños sin tomarlos de la mano. Una breve distracción, un encuentro con otros chicos, un juego repentino, y el menor puede cruzar la calle intempestivamente.

El quinto error es permitir que los niños crucen "por cualquier lado" porque "no viene nada" o el tránsito está detenido. El problema es que en esos horarios caóticos, un auto podría moverse hacia adelante o en reversa sin ver al niño, cuyo cuerpo queda completamente oculto hasta el último paso. El sexto error es la distracción del celular. Apenas dos segundos bastan para perder el contacto visual en un momento crítico. Sebastián Porto, ex campeón de motociclismo y embajador de seguridad vial, lo resume así: en seguridad vial, un instante es todo. En zonas escolares hay que conducir como si un niño pudiera aparecer desde cualquier ángulo.

El séptimo error es llevar más niños de los que corresponde en el auto y mal sujetados. Pons observa que algunos conductores, con buena intención pero de forma imprudente, cargan cinco o seis niños para llevarlos a sus casas. Pero por ley y seguridad, los menores sólo pueden viajar en los asientos traseros, y ahí caben como máximo tres viajando de la manera debida. Los especialistas ofrecen una guía clara según la edad: entre cuatro y seis años, acompañamiento constante hasta la puerta y cruces siempre tomados de la mano. Entre siete y nueve, recorridos practicados previamente y cruces sólo por esquinas respetando semáforos. Entre diez y doce, autonomía gradual y supervisada. Después de los doce, trayectos acordados previamente, y si usan bicicleta, sólo en infraestructura segura con casco obligatorio. Lo que todos estos consejos tienen en común es que requieren que los adultos dejen de pensar en su propia comodidad y comiencen a pensar en los segundos que separan a un niño de un accidente.

La gente muchas veces se impacienta, estaciona donde no debe, se generan discusiones y se cometen imprudencias muy peligrosas, que en cuestión de segundos pueden provocar una tragedia
— Fabián Pons, experto en seguridad vial y presidente del Observatorio Vial Latinoamericano
Los incidentes en zonas escolares no suelen ocurrir por exceso de velocidad, sino por errores breves de atención y decisiones adultas normalizadas en momentos críticos
— Fernando Rodríguez, gerente de Siniestros de ATM Seguros
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué los expertos dicen que estos accidentes no son por exceso de velocidad?

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Porque en las zonas escolares el tránsito está congestionado. Los autos van lento o están detenidos. El problema real es que los adultos cometen errores de atención en momentos donde los niños están más expuestos: bajando, subiendo, cruzando. Un auto que se mueve lentamente pero de repente, sin ver a un niño que está entre vehículos, sigue siendo letal.

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¿Qué hace que estacionar en doble fila sea tan peligroso si es "sólo un minuto"?

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Ese minuto es el tiempo que tarda un niño en bajar del auto y caminar hacia la puerta. Pero mientras lo hace, está entre vehículos que llegan y se van, en lugares donde los conductores no esperan encontrar peatones. Además, por su altura, los niños quedan en los puntos ciegos. Lo que el adulto vive como un gesto rápido, el niño lo vive como una travesía sin protección.

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¿Por qué es tan importante que los niños desciendan siempre del lado de la vereda?

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Porque del lado de la calle hay movimiento constante. Motos, bicicletas, autos que se mueven entre filas. Un niño que baja sin mirar queda expuesto a ese flujo lateral, y el conductor no tiene tiempo para evitarlo. Del lado de la vereda, el niño está fuera de la zona de tránsito.

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¿Qué diferencia hay entre un niño de seis años y uno de diez en términos de seguridad vial?

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A los seis años, el niño no calcula distancias ni velocidades. Necesita acompañamiento constante y debe cruzar siempre tomado de la mano. A los diez, puede empezar a tener autonomía, pero supervisada. Aún así, no debería usar celular mientras camina o cruza. La madurez para entender el tránsito llega gradualmente.

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¿Cuál es el error más normalizado que cometen los adultos?

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Estacionar en doble fila. Es tan común que nadie lo ve como peligroso. Pero es el que más expone a los niños porque los obliga a caminar entre autos. Los adultos lo justifican diciendo que llegan tarde, pero la solución no es poner en riesgo a la familia. Es salir cinco minutos antes.

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¿Qué pasa cuando un adulto mira el celular mientras el niño baja del auto?

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Pierde el contacto visual en el momento más crítico. Dos segundos bastan. Si el niño se desvía de su trayectoria, o si hay un auto que se mueve, el adulto no lo ve a tiempo. Y el niño, que ya está en una posición vulnerable, queda completamente desprotegido.

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