Bancos sólidos son la verdadera ventaja competitiva, no debilitar la supervisión
En el debate sobre cómo fortalecer la banca europea frente a sus rivales globales, Sharon Donnery del BCE ha trazado una línea clara: la estabilidad no es un obstáculo para la competitividad, sino su fundamento. Rechazando las presiones del sector financiero para ampliar el mandato institucional, Donnery recuerda que los bancos centrales sirven mejor a la economía cuando no intentan servir a todos los propósitos a la vez. En su visión, la solidez construida tras 2008 no es una carga regulatoria, sino el activo más valioso que Europa puede ofrecer.
- Los bancos europeos presionan al BCE para que adopte la competitividad como segundo mandato, argumentando que necesitan más flexibilidad para rivalizar con EE.UU. y China.
- Donnery rechaza esa lógica de plano: ampliar el mandato 'desdibujaría los objetivos' y convertiría al BCE en promotor del sector, comprometiendo su independencia supervisora.
- El diagnóstico de Donnery contradice al sector: los requisitos de capital europeos son comparables a los estadounidenses, y aplicar ciertas normas de EE.UU. elevaría, no reduciría, las exigencias a los grandes bancos europeos.
- El verdadero cuello de botella, según ella, es la escala de las instituciones y su capacidad de operar en múltiples jurisdicciones, no la regulación en sí.
- La posición del BCE se mantiene firme: bancos sólidos y resilientes son la ventaja competitiva real de Europa, y debilitarlos en nombre de la competitividad sería un error estratégico de largo alcance.
Sharon Donnery, supervisora bancaria del BCE, ha cerrado la puerta a una de las demandas más persistentes del sector financiero europeo: que el banco central incorpore la competitividad como segundo mandato institucional. En una entrevista reciente, Donnery fue directa: el BCE debe mantenerse enfocado en la estabilidad de precios y la solidez del sistema financiero, y no convertirse en un promotor del sector bancario.
La presión viene de bancos europeos que se sienten en desventaja frente a sus homólogos estadounidenses y chinos, y que ven en un mandato de competitividad una justificación para reducir requisitos de capital. Donnery rechaza esta lógica con datos: los requisitos de capital europeos son, en realidad, comparables a los de EE.UU., y en algunos casos, aplicar normas americanas a los mayores bancos europeos elevaría sus exigencias, no las reduciría. El problema real, insiste, está en la escala de las instituciones y en su capacidad para ofrecer productos en múltiples jurisdicciones.
Tampoco acepta Donnery que la regulación sea responsable de la menor inversión europea en tecnología e innovación. Aunque deja abierta la posibilidad de eliminar 'complejidad innecesaria', advierte que eso es muy distinto a socavar los pilares de la supervisión.
Su argumento central es casi paradójico: la verdadera competitividad europea reside en tener bancos sólidos y resilientes, forjados con esfuerzo tras la crisis de 2008. Debilitar esa solidez en nombre de la competitividad sería, a su juicio, un error estratégico. El BCE, concluye, contribuye mejor a la economía haciendo exactamente lo que ya hace.
Sharon Donnery, supervisora bancaria del Banco Central Europeo, ha cerrado la puerta a una de las peticiones más insistentes del sector financiero europeo: que el BCE añada la competitividad como segundo mandato institucional. En una entrevista, Donnery ha dejado claro que la institución debe mantener su enfoque en lo que ya hace bien: garantizar la estabilidad de precios y la solidez del sistema financiero.
La posición de Donnery responde a una presión creciente de los bancos europeos, que argumentan que necesitan un marco regulatorio más flexible para competir con sus homólogos estadounidenses y chinos. Estos bancos ven en un mandato de competitividad una forma de justificar la reducción de requisitos de capital y otras medidas que, en su visión, permitirían un crecimiento más ágil. Pero Donnery rechaza esta lógica. Según ella, añadir la competitividad como objetivo del BCE "desdibujaría los objetivos y se convertiría en una distracción" de lo que realmente importa: mantener un sistema financiero seguro y estable.
La supervisora ha argumentado que la estabilidad financiera es un "requisito indispensable" para una economía sana. Esto no es una posición marginal dentro del BCE; refleja una convicción institucional sobre cuál es el rol apropiado de un banco central. Donnery ha sido clara: el BCE no debería convertirse en un promotor del sector financiero, porque eso comprometería su independencia y su capacidad de supervisión.
En cuanto a la brecha competitiva que los bancos europeos denuncian, Donnery ofrece un diagnóstico diferente al que proponen los propios bancos. Sí reconoce que hay un problema de competitividad, pero lo sitúa en otro lugar. Los requisitos de capital de la banca europea son, en realidad, comparables a los de Estados Unidos, ha señalado. Incluso ha ido más lejos: si se aplicaran ciertas normas estadounidenses a los mayores bancos del sistema europeo, sus requisitos de capital aumentarían, no disminuirían. El verdadero problema, según ella, radica en la escala de las instituciones y en su capacidad para ofrecer una amplia gama de productos en múltiples jurisdicciones. La regulación no es el cuello de botella; la estructura del mercado sí lo es.
Tampoco cree Donnery que la regulación sea responsable de la menor inversión europea en innovación y tecnología. Esta es una observación importante porque toca un nervio: si la regulación no es el problema, entonces debilitarla no es la solución. Donnery ha dejado abierta la puerta a eliminar "complejidad innecesaria" en el marco regulatorio, pero no a socavar los pilares de la supervisión.
Su argumento final es casi paradójico: la verdadera competitividad viene de tener bancos sólidos y resilientes, capaces de resistir los ciclos económicos. Esa solidez, forjada "con mucho esfuerzo" después de la crisis financiera de 2008, es en sí misma una ventaja competitiva para la economía europea. Debilitarla en nombre de la competitividad sería un error estratégico. Lo que el BCE debe seguir haciendo es lo que ya hace: enfocarse en la estabilidad de precios y la seguridad del sector bancario. Eso, ha insistido Donnery, es lo que realmente contribuye a la competitividad.
Citas Notables
Tener el mandato de promover el sector financiero podría desdibujar los objetivos y convertirse en una distracción— Sharon Donnery, supervisora bancaria del BCE
Contar con bancos sólidos capaces de afrontar los altibajos del ciclo económico constituye, en sí mismo, una fuente de competitividad y una ventaja competitiva para la economía europea— Sharon Donnery
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué los bancos europeos piden tanto que se añada la competitividad como mandato del BCE si ya tienen requisitos de capital similares a los estadounidenses?
Porque el problema no es solo regulatorio. Los bancos europeos son más pequeños en escala, fragmentados por jurisdicciones nacionales, y menos capaces de ofrecer productos globales. Quieren que el BCE les ayude a crecer, pero Donnery dice que eso no es trabajo del banco central.
¿Entonces Donnery cree que la regulación no es el problema?
Exactamente. Ella lo deja muy claro: la regulación europea es comparable a la estadounidense, incluso más exigente en algunos casos. El cuello de botella es estructural, no regulatorio. Debilitar la supervisión no resolvería nada.
¿Pero no hay un riesgo de que Europa pierda competitividad si el BCE se niega a adaptarse?
Donnery lo ve al revés. Dice que bancos sólidos y resilientes son la verdadera ventaja competitiva. Si el BCE debilitara la supervisión para promover el crecimiento bancario, estaría sacrificando la estabilidad que es precisamente lo que permite competir a largo plazo.
¿Qué pasa con la innovación y la tecnología? ¿No es verdad que Europa invierte menos?
Sí, pero Donnery no cree que la culpa sea de la regulación. Eso es importante porque significa que cambiar las reglas no solucionaría el problema. La solución está en otro lado: en cómo se estructura el mercado, en cómo colaboran los bancos, en inversión privada.
¿Donnery está completamente cerrada a cualquier cambio regulatorio?
No. Ha dejado abierta la puerta a eliminar complejidad innecesaria. Pero eso es diferente a debilitar los pilares de la supervisión. Es una distinción importante: mejorar la eficiencia no es lo mismo que reducir la protección.