En la mañana del 10 de agosto, la tierra habló con una fuerza de magnitud 7,4 bajo Colombia, recordándole al país su condición de territorio sísmico y su fragilidad ante las fuerzas geológicas que lo sostienen. Cali, Pereira, Manizales y Chocó quedaron marcadas por el evento, con vidas perdidas, escombros y una población en estado de alerta. Como ocurre siempre tras los grandes sismos, la incertidumbre se convirtió en terreno fértil para la desinformación, mientras la ciencia —honesta en sus límites— recordaba que predecir la tierra sigue siendo una tarea imposible para el ser humano.
SGC explica qué esperar tras terremoto de 7,4: réplicas pueden durar semanas
El terremoto causó varias muertes según reportes preliminares y dejó personas potencialmente atrapadas bajo escombros en múltiples ciudades.