Una vigilancia integrada permite una respuesta adecuada y protege a la población
En la región de O'Higgins, la Seremi de Salud convocó a profesionales clínicos y de laboratorio en cuatro microáreas para revisar y fortalecer los protocolos de vigilancia epidemiológica. Las jornadas abordaron desde zoonosis y rabia hasta sarampión, ébola e intentos de suicidio, reconociendo que la salud pública es una red de amenazas interconectadas. Este esfuerzo refleja una verdad antigua: la preparación colectiva, tejida en silencio antes de la crisis, es la forma más humana de proteger la vida.
- La dispersión geográfica de O'Higgins y la diversidad de sus establecimientos crean brechas reales en la capacidad de respuesta coordinada ante emergencias sanitarias.
- Amenazas como el sarampión, el ébola y la rabia —algunas distantes, otras cotidianas en zonas rurales— exigen que los equipos de salud sepan exactamente qué hacer antes de que llegue el primer caso.
- La inclusión de la vigilancia de intentos de suicidio marcó un quiebre conceptual: la salud pública ya no se limita a brotes infecciosos, sino que abarca múltiples dimensiones del bienestar comunitario.
- Profesionales de hospitales y laboratorios de Cachapoal, Carretera de la Fruta, Santa Cruz y San Fernando participaron en transferencia técnica activa, no solo en charlas pasivas.
- El resultado buscado es una red asistencial que funcione como sistema integrado, donde cada establecimiento sepa que no enfrenta solo una alerta sanitaria.
En las últimas semanas, la Seremi de Salud de O'Higgins convocó a clínicos y técnicos de laboratorio en cuatro microáreas de la región —Cachapoal, Carretera de la Fruta, Santa Cruz y San Fernando— para fortalecer la coordinación entre establecimientos y mejorar la capacidad de respuesta ante eventos de salud pública. La iniciativa, liderada por la Unidad de Epidemiología, no fue una reunión de trámite: incluyó transferencia técnica sobre vigilancia epidemiológica y revisión detallada de los procedimientos que deben seguir los equipos cuando aparece un caso sospechoso o confirmado.
Lo que distinguió estas jornadas fue su amplitud temática. La Unidad de Zoonosis participó activamente, abordando alertas vinculadas a animales, protocolos ante mordeduras de jaurías y vigilancia de rabia —riesgos concretos en territorios rurales y periurbanos. También se repasaron los protocolos frente a alertas internacionales como sarampión y ébola, recordando que la diferencia entre una respuesta rápida y una lenta puede medirse en vidas.
Un espacio relevante lo ocupó la vigilancia epidemiológica de intentos de suicidio, con énfasis en detección, notificación y coordinación intersectorial. Esto refleja una comprensión más amplia de la salud pública: no solo como respuesta a brotes infecciosos, sino como vigilancia integrada de múltiples amenazas a la comunidad.
Desde el Hospital de Santa Cruz, el enfermero y delegado de epidemiología Michael Gutiérrez sintetizó el sentido de todo esto: mantener una vigilancia integrada y una coordinación permanente permite proteger a la población de manera efectiva. En una región con geografía dispersa y establecimientos de distintas capacidades, esa coordinación no ocurre sola. Requiere encuentros donde los protocolos se revisan, las dudas se aclaran y los equipos se reconocen como parte de un mismo sistema.
En cuatro rincones de la región de O'Higgins, profesionales de hospitales y laboratorios se reunieron en las últimas semanas para hablar de cómo responder más rápido cuando la salud pública está en riesgo. Estas no fueron reuniones de rutina. La Seremi de Salud convocó a clínicos y técnicos de laboratorio en las microáreas de Cachapoal, Carretera de la Fruta, Santa Cruz y San Fernando con un propósito claro: fortalecer la capacidad de coordinación entre establecimientos y mejorar la manera en que los equipos de salud detectan, notifican y actúan frente a eventos que amenazan a la población.
La iniciativa partió de la Unidad de Epidemiología de la Seremi. Durante estas jornadas, los participantes no solo escucharon presentaciones. Hubo transferencia técnica sobre los conceptos fundamentales de vigilancia epidemiológica y revisión detallada de los procedimientos que deben seguir los establecimientos cuando surge un caso sospechoso o confirmado. María Berríos, encargada de la Unidad de Epidemiología, explicó que el objetivo era claro: fortalecer las coordinaciones entre los distintos actores de la red asistencial para lograr una respuesta más oportuna y efectiva frente a los eventos de salud pública.
Lo que distinguió estas jornadas fue su amplitud. No se trataba solo de epidemiología clásica. La Unidad de Zoonosis de la Seremi participó activamente, trayendo temas que muchas veces quedan fuera de las conversaciones sanitarias cotidianas: alertas epidemiológicas vinculadas a animales, protocolos para mordeduras y ataques de jaurías, y vigilancia de rabia. Estos son riesgos reales en territorios rurales y periurbanos, y requieren que los equipos de salud sepan exactamente qué hacer cuando un paciente llega con una herida de este tipo.
También se revisaron los protocolos de respuesta frente a alertas internacionales que podrían llegar a Chile. Sarampión y ébola fueron mencionados explícitamente. Los establecimientos repasaron las definiciones de caso y los procedimientos de respuesta que deben aplicar si alguno de estos eventos se presenta. No es paranoia; es preparación. La historia reciente de pandemias ha mostrado que la diferencia entre una respuesta rápida y una lenta puede ser medida en vidas.
Un tema que ganó espacio en estas jornadas fue la vigilancia epidemiológica de intentos de suicidio. Los equipos trabajaron en mejorar la detección, la notificación y el seguimiento de estos eventos, con énfasis en la coordinación intersectorial. Esto refleja un cambio en cómo se entiende la salud pública: no solo como respuesta a brotes de enfermedades infecciosas, sino como vigilancia integrada de múltiples amenazas a la salud de la comunidad.
Desde el Hospital de Santa Cruz, Michael Gutiérrez, enfermero y delegado de epidemiología, resumió por qué esto importa. Mantener una vigilancia integrada y una coordinación permanente entre establecimientos permite entregar una respuesta adecuada y proteger a la población. No es una frase hecha. Detrás de ella está la realidad de que cuando un caso llega a un hospital, ese establecimiento no está solo. Está conectado a una red que debe funcionar como un sistema, no como islas desconectadas.
Estas jornadas representan un esfuerzo deliberado por tejer esa red más apretadamente. En una región como O'Higgins, con geografía dispersa y establecimientos de distintos tamaños y capacidades, la coordinación no es automática. Requiere encuentros como estos, donde los protocolos se revisan, las dudas se aclaran y los equipos se conocen entre sí. Es el trabajo invisible de la salud pública: prepararse para lo que espera, sin saber cuándo llegará.
Citas Notables
El propósito es realizar transferencia técnica en conceptos de vigilancia epidemiológica y fortalecer las coordinaciones entre los distintos actores de la red asistencial, permitiendo una respuesta más oportuna y efectiva— María Berríos, encargada de la Unidad de Epidemiología de la Seremi de Salud O'Higgins
Mantener una vigilancia integrada y una coordinación permanente entre establecimientos nos permite entregar una respuesta adecuada y proteger a nuestra población— Michael Gutiérrez, enfermero y delegado de epidemiología del Hospital de Santa Cruz
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué la Seremi decidió hacer estas jornadas ahora, en este momento específico?
No hay un evento particular que las haya disparado. Es más bien un reconocimiento de que la coordinación entre establecimientos siempre puede mejorar. Después de lo que vivimos con la pandemia, quedó claro que los sistemas de salud necesitan estar constantemente afinados.
¿Qué diferencia hay entre estas reuniones y las capacitaciones que normalmente hace la Seremi?
Estas fueron territoriales y muy específicas. No fue una charla general en la capital. Fueron encuentros en cuatro microáreas distintas, con profesionales locales, revisando protocolos que ellos usan en su día a día. Es más cercano, más práctico.
El tema de intentos de suicidio dentro de vigilancia epidemiológica es inusual. ¿Por qué está ahí?
Porque el suicidio es un evento de salud pública que requiere vigilancia sistemática, detección temprana y coordinación entre establecimientos. No es contagioso como el sarampión, pero es prevenible si los equipos trabajan juntos y notifican adecuadamente.
¿Qué pasa después de estas jornadas? ¿Cómo se mide si funcionó?
Eso dependerá de cómo responda la red cuando llegue el próximo caso. Si la coordinación mejora, si los tiempos de notificación bajan, si hay menos confusión sobre qué hacer. Son cambios que se ven en la práctica, no en números inmediatos.
¿Hay establecimientos que están más preparados que otros?
Seguramente. Los hospitales más grandes tienen más recursos y experiencia. Por eso estas jornadas son importantes: para que el conocimiento fluya desde los más preparados hacia los más pequeños, para que toda la red funcione al mismo nivel.