La Patagonia era un trópico sin hielo en ningún polo
En las mesetas de Pilcaniyeu, a ochenta kilómetros de Bariloche, trece troncos fosilizados de cincuenta millones de años han devuelto a la Patagonia un pasado que el paisaje árido de hoy hace difícil imaginar: un bosque tropical denso, sin hielo polar ni cordillera andina, donde palmeras y coníferas coexistían bajo un cielo más cálido. El hallazgo no es solo un accidente geológico, sino una invitación a repensar la permanencia de los paisajes y la profundidad del tiempo que habita bajo nuestros pies.
- Una denuncia ciudadana ante la Secretaría de Cultura de Río Negro desencadenó la confirmación de uno de los hallazgos paleobotánicos más significativos de la región en años recientes.
- Los troncos, algunos de más de un metro de diámetro, revelan árboles que superaban los treinta metros de altura y pertenecían a un ecosistema tropical hoy completamente desaparecido de la Patagonia.
- La región era durante el Eoceno un cuarenta por ciento más diversa que en la actualidad, con fauna extinta como fororracos y notoungulados compartiendo territorio con palmeras y parientes de la yerba mate.
- Los investigadores del Conicet y la Asociación Paleontológica de Bariloche trabajan ahora para identificar especies, reconstruir el contexto ambiental y proteger legalmente el sitio bajo la normativa provincial.
- Todos los restos y muestras quedaron bajo custodia del Museo Paleontológico de Bariloche, donde los análisis científicos continuarán para precisar lo que este bosque perdido puede enseñarnos sobre el clima del pasado y del futuro.
En una propiedad privada del departamento de Pilcaniyeu, Río Negro, una denuncia sobre posibles restos paleontológicos condujo a especialistas de la Asociación Paleontológica de Bariloche y de la Gendarmería Nacional hasta un conjunto de trece troncos fosilizados de aproximadamente cincuenta millones de años. Lo que encontraron superó las expectativas: árboles de más de treinta metros de altura en vida, pertenecientes a coníferas y angiospermas, que alguna vez formaron un bosque completo en lo que hoy es un territorio árido y ventoso.
Estos troncos no se petrificaron en el sentido clásico, sino que atravesaron un proceso de permineralización que conserva la estructura celular y permite identificar especies, medir diámetros y analizar tejidos vegetales. Los estudios los ubican en el Eoceno, una época en que el planeta era radicalmente distinto: sin hielo polar, sin cordillera andina y sin el estrecho de Drake separando la Patagonia de la Antártida. El paleontólogo del Conicet Ari Iglesias describió un sur argentino que se parecía más a un trópico que al desierto que conocemos hoy.
La biodiversidad de aquellos bosques era extraordinaria. Junto a ancestros de la lenga y el ñire convivían palmeras, parientes del palo borracho y de la yerba mate. Un estudio de 2021 basado en miles de granos de polen confirmó que la región era un cuarenta por ciento más diversa que en la actualidad, y que compartía territorio con fauna extinta como los fororracos y los notoungulados. La preservación de los troncos fue posible gracias a su rápido enterramiento bajo sedimentos y a millones de años de mineralización; la erosión provocada por el levantamiento andino los expuso finalmente a la superficie.
Tras documentar y geolocalizar el sitio, las autoridades dispusieron que todos los restos quedaran bajo custodia del Museo Paleontológico de Bariloche, donde los análisis continuarán al amparo de la Ley Provincial de Protección del Patrimonio Cultural y Natural de Río Negro. Lo que comenzó como una denuncia ciudadana se ha convertido en una ventana abierta hacia un mundo que la Patagonia guardaba en silencio bajo sus basaltos.
En una zona rural a ochenta kilómetros al sur de San Carlos de Bariloche, en el departamento de Pilcaniyeu, especialistas confirmaron hace poco el descubrimiento de trece troncos fósiles que datan de hace aproximadamente cincuenta millones de años. El hallazgo surgió de una denuncia presentada ante la Secretaría de Cultura de Río Negro sobre la presencia de posibles restos paleontológicos en un establecimiento privado ubicado donde convergen las sierras y las mesetas basálticas de la región.
La noticia generó sorpresa entre los investigadores argentinos, no tanto por la existencia de fósiles en sí, sino por lo que estos troncos revelan sobre un pasado radicalmente distinto al paisaje árido que caracteriza hoy a la Patagonia. Cuando integrantes de la Asociación Paleontológica de Bariloche llegaron al predio, acompañados por una patrulla ambiental de la Gendarmería Nacional, pudieron corroborar la presencia de un conjunto de árboles fosilizados pertenecientes a coníferas y angiospermas, plantas con flores que alguna vez formaron un bosque completo. Ari Iglesias, paleontólogo del Conicet y presidente de la asociación, describió el impacto visual del descubrimiento: algunos troncos superaban el metro de diámetro, lo que indica árboles que en vida alcanzaban más de treinta metros de altura.
Estos árboles no están petrificados en el sentido tradicional, sino que pasaron por un proceso de permineralización, un mecanismo que permite identificar especies específicas, medir diámetros y realizar análisis celulares de los tejidos vegetales. Los estudios preliminares ubicaron los ejemplares en el Eoceno, un período geológico que se extiende desde hace aproximadamente treinta y cuatro hasta cincuenta y seis millones de años. Durante esa época remota, el planeta era significativamente más cálido: no existía hielo en ninguno de los polos, y aunque los continentes ocupaban posiciones similares a las actuales, el sur de la Patagonia se asemejaba más a un trópico que al territorio desértico y ventoso que conocemos hoy. Iglesias señaló que la Patagonia y la Antártida aún no estaban separadas por el estrecho de Drake, que no había hielo en ninguna parte del mundo y que la cordillera de los Andes simplemente no existía.
La diversidad biológica de aquellos bosques tropicales era extraordinaria. Junto a especies ancestrales de plantas que aún crecen en la Patagonia contemporánea —como la lenga, el guindo y el ñire— convivían palmeras, parientes del palo borracho y de la yerba mate, plantas típicas de zonas mucho más cálidas. Un estudio realizado en 2021 por Damián Fernández, becario posdoctoral del Conicet, analizó más de once mil quinientos granos de polen y esporas junto con nueve mil quistes de algas de la Patagonia austral, revelando que la región era cuarenta por ciento más diversa que en la actualidad. Los ecosistemas de entonces albergaban también fauna extinta: fororracos, grandes aves prehistóricas; notoungulados, mamíferos con pezuñas endémicos de Sudamérica; litopternos, similares a caballos; y astrapotéridos, parecidos a jabalíes. Fernández describió esta época como un pico de diversidad de mamíferos, y los análisis combinados de hojas y troncos fósiles sugieren que este bioma tropical podría haberse extendido hasta el noroeste argentino.
La preservación de estos troncos durante millones de años fue posible gracias a procesos geológicos específicos. Cuando un árbol cae y queda rápidamente cubierto por sedimentos, la ausencia de oxígeno detiene su descomposición. Con el paso del tiempo, el agua rica en minerales penetra los tejidos vegetales y reemplaza gradualmente la materia orgánica original, transformando el árbol en un fósil. Los troncos que los investigadores encontraban a simple vista en la superficie estuvieron enterrados varios metros bajo tierra durante milenios. La elevación del territorio provocada por la aparición de la cordillera de los Andes, combinada con millones de años de erosión, expuso finalmente estos restos al aire libre.
Tras confirmar la relevancia del descubrimiento, los investigadores procedieron a documentar y proteger el sitio. Las tareas incluyeron la identificación de los ejemplares, el registro fotográfico del área, la geolocalización precisa de los restos y la extracción de muestras para futuras investigaciones. Por disposición de las autoridades, todos los restos y las muestras quedaron bajo custodia en el Museo Paleontológico de Bariloche, donde permanecerán mientras avanzan los análisis científicos destinados a precisar las características de las especies identificadas y el contexto ambiental en el que vivieron. La intervención se desarrolló conforme a la Ley Provincial Nº 3656 de Protección y Conservación del Patrimonio Cultural y Natural de Río Negro, normativa que establece mecanismos para preservar bienes de valor histórico, científico y natural, incluyendo expresamente los sitios paleontológicos como parte del patrimonio provincial.
Citações Notáveis
Cuando me dijeron, sabía que había algunos troncos. Pero al llegar al lugar, te impacta. Se ve el diámetro, que es gigante. Había algunos de más de un metro, que significan árboles de más de treinta metros de altura.— Ari Iglesias, paleontólogo del Conicet
Sabemos que eran bosques tropicales. La Patagonia y la Antártida no estaban separadas porque no existía el estrecho de Drake. Tampoco había hielo en ninguna parte del mundo.— Ari Iglesias
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué un bosque tropical quedaría conservado precisamente en la Patagonia, un lugar tan árido hoy?
Porque hace cincuenta millones de años no era árido en absoluto. El planeta era más cálido, no había hielo en los polos, y la Patagonia era un trópico. Lo que cambió fue el clima global y la geografía misma: la cordillera de los Andes se levantó, bloqueando la humedad, y el mundo se enfrió.
¿Cómo es que estos troncos no se descompusieron en todo ese tiempo?
Se cubrieron rápidamente con sedimentos que los aislaron del oxígeno. Luego, el agua mineral atravesó los tejidos y reemplazó la materia orgánica. Es un proceso lento pero efectivo, como si el árbol se transformara en piedra desde adentro hacia afuera.
¿Qué nos dicen estos árboles sobre la vida que existía entonces?
Que la región era cuarenta por ciento más diversa. Había mamíferos que no existen más, aves gigantes, y plantas de climas cálidos conviviendo con ancestros de especies que aún vemos hoy en la Patagonia. Era un ecosistema completamente diferente.
¿Por qué estos troncos estaban a la vista si llevaban millones de años enterrados?
La erosión y la elevación del terreno los sacaron a la superficie. Lo que estuvo profundamente enterrado durante milenios quedó expuesto por los cambios geológicos del planeta.
¿Qué viene ahora con estos fósiles?
Los análisis en el museo. Quieren identificar con precisión qué especies eran, cómo vivían, qué comían, cómo era el clima exacto. Cada tronco es un archivo de información sobre un mundo perdido.