En los pasillos del multilateralismo, donde los votos se cuentan en susurros antes de pronunciarse en voz alta, Michelle Bachelet recibió una señal difícil de ignorar: la segunda consulta preliminar del Consejo de Seguridad la situó en el séptimo lugar entre quienes aspiran a suceder a António Guterres al frente de las Naciones Unidas. El descenso no es solo numérico; revela la fragilidad de una candidatura que no ha logrado consolidar respaldo internacional ni unidad en casa, abriendo una pregunta que toda figura pública teme enfrentar: ¿cuándo perseverar deja de ser virtud y se convierte en