La clase media dejó de buscar el punto medio y eligió un lado
De la Espriella se impuso en Usaquén, Chapinero, Suba y otras seis localidades, ganando terreno en zonas de clase media como Teusaquillo, Barrios Unidos y Fontibón. Analistas señalan que Bogotá está en disputa por el voto de clase media (estratos 3 y 4) que ahora prioriza seguridad y estabilidad económica sobre servicios públicos.
- Iván Cepeda ganó Bogotá con 2.234.979 votos (52,46%), Abelardo de la Espriella obtuvo 1.933.644 (45,39%)
- De la Espriella ganó en ocho localidades: Usaquén, Chapinero, Suba, Teusaquillo, Barrios Unidos, Fontibón, Los Mártires, Puente Aranda y Antonio Nariño
- Cepeda ganó en doce localidades, principalmente en el sur y suroccidente (Ciudad Bolívar, Usme, San Cristóbal, Santa Fe, Rafael Uribe Uribe, Bosa, Tunjuelito, Sumapaz)
- La clase media de estratos 3 y 4 se convirtió en el epicentro de la disputa electoral, priorizando seguridad y estabilidad económica
En la segunda vuelta presidencial, Iván Cepeda ganó en Bogotá con 52,46% de los votos, pero Abelardo de la Espriella logró reducir la ventaja y ganar en ocho localidades, especialmente en zonas de clase media que antes votaban por la izquierda.
La segunda vuelta presidencial dejó un mapa electoral de Bogotá más fragmentado de lo que muchos esperaban. Iván Cepeda se llevó la ciudad con 2.234.979 votos, el 52,46 por ciento del total, pero la cifra oculta una reconfiguración política más profunda: Abelardo de la Espriella, el presidente electo, logró ganar en ocho localidades y recortó significativamente la ventaja que su rival mantenía en territorios que históricamente votaban por la izquierda. La diferencia final fue de 301.335 votos a favor de Cepeda, una brecha que, en el contexto de una ciudad que se suponía monolíticamente progresista, reveló grietas inesperadas.
De la Espriella dominó sin sorpresas en los bastiones tradicionales de la derecha: Usaquén, Chapinero y Suba, las tres localidades de estrato alto que funcionan como su principal fortaleza electoral en la capital. Pero lo notable fue su penetración en territorios donde la disputa ideológica parecía resuelta. En Teusaquillo, Barrios Unidos, Fontibón, Los Mártires, Puente Aranda y Antonio Nariño, el abogado superó a Cepeda. Incluso en Engativá, Kennedy y Bosa, zonas donde el continuismo esperaba consolidarse, De la Espriella le arrebató votos significativos. Cepeda, por su parte, ganó en doce localidades, concentrando su apoyo en el sur y suroccidente: Ciudad Bolívar, Usme, San Cristóbal, Santa Fe, Rafael Uribe Uribe, Tunjuelito y Sumapaz, territorios que agrupan amplios sectores populares y estratos bajos.
Lo que los números revelan es que Bogotá ya no se divide simplemente entre norte de derecha y sur de izquierda. El occidente de la ciudad, particularmente las localidades de clase media en estratos 3 y 4, se ha convertido en el verdadero campo de batalla político. Omar Oróstegui, director del Laboratorio de Gobierno de la Universidad de La Sabana, lo plantea con claridad: la ciudad está en disputa, y el epicentro de esa disputa es precisamente ese electorado de clase media cuyas prioridades han mutado. Ya no piden solo movilidad o servicios públicos mejores. Ahora demandan seguridad y estabilidad económica. Eso explica por qué De la Espriella, con su mensaje de mano dura contra la delincuencia y crítica al fracaso de la paz total, encontró audiencia en territorios que hace poco parecían inaccesibles para la derecha.
Los analistas consultados coinciden en que el resultado refleja algo más profundo que una simple redistribución de votos. Jairo Libreros señala que se está estructurando una nueva definición del perfil electoral bogotano, menos marcado por la polarización izquierda-derecha tradicional y más orientado hacia una centro-izquierda y una centro-derecha. Esa transformación tiene raíces en el descontento con la gestión de Gustavo Petro. No se trata solo de desacuerdos políticos abstractos. Los bogotanos vieron conflictos constantes entre el presidente y el alcalde Carlos Fernando Galán, incumplimientos de compromisos contractuales con el Distrito, y lo que percibieron como injerencia presidencial en asuntos locales. El metro, el proyecto más emblemático de la ciudad, se convirtió en un símbolo de esa tensión: existe convicción ciudadana de que debe avanzar, pero la intervención de Petro generó desconfianza.
Carlos Arias, docente de la Universidad Javeriana, va más lejos. Sostiene que el hecho de que la derecha haya ganado terreno en localidades ideológicamente de izquierda indica hastío, desilusión y desesperanza con la gestión petro. Pero lo interesante es que ese movimiento no fue hacia el centro, como podría esperarse. En cambio, la gente se radicalizó hacia posiciones más definidas. La prueba está en la votación de marzo pasado, cuando Daniel Briceño, exconcejal del Centro Democrático, fue el senador más votado del país en Bogotá. Eso significa que la ciudad no está buscando ponderación ni equilibrio. Está tomando posiciones claras, adoptando una polaridad ideológica significativa, aunque diferente a la que caracterizaba el pasado.
En otras palabras, Bogotá dejó de ser ese elector de centro que supuestamente buscaba equilibrio. Varias zonas de la capital se radicalizaron, pero no necesariamente hacia la derecha pura ni hacia la izquierda pura. Se movieron hacia definiciones más claras de centro-derecha o centro-izquierda, motivadas por demandas concretas: seguridad, cumplimiento de promesas, estabilidad económica, y un gobierno que respete los pactos locales. El mapa electoral que emergió de la segunda vuelta no es el que los analistas esperaban hace un año. Es más complejo, más volátil, y mucho menos predecible.
Notable Quotes
La clase media de los estratos 3 y 4 se ha convertido en el verdadero epicentro de la disputa por el centro político— Omar Oróstegui, director del Laboratorio de Gobierno de la Universidad de La Sabana
Se está estructurando una nueva definición del perfil electoral de los bogotanos, no tan marcado hacia la izquierda o hacia la derecha, sino más una centro-izquierda y una centro-derecha— Jairo Libreros, analista político
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué un presidente electo que pierde en Bogotá logra ganar terreno en localidades que votaban por la izquierda?
Porque la gente no estaba votando por ideología pura. Estaba votando contra algo: contra la gestión de Petro, contra los conflictos con el alcalde, contra la sensación de que las promesas no se cumplían. De la Espriella ofreció claridad donde veían caos.
Pero eso suena a castigo, no a apoyo genuino.
Exacto. Y eso es lo preocupante para los analistas. No es que la gente haya abrazado un proyecto de derecha. Es que rechazó lo que tenía. Eso hace el voto más frágil, más volátil.
¿Entonces la clase media de Bogotá cambió de opinión o cambió de prioridades?
Cambió ambas cosas. Hace años pedían servicios públicos mejores. Ahora piden seguridad. Eso refleja una ciudad más asustada, más preocupada por lo inmediato que por reformas estructurales.
¿Qué significa que Bogotá "dejó de ser ese elector de centro"?
Significa que no hay más gente buscando el punto medio. Todos están eligiendo un lado, aunque sea un lado matizado. Centro-derecha o centro-izquierda, pero con posiciones claras. La ponderación se acabó.
¿Y eso es bueno o malo para el nuevo presidente?
Depende. De la Espriella ganó la presidencia, pero no ganó Bogotá. Eso significa que gobernar esta ciudad va a ser complicado. Tiene apoyo en zonas específicas, pero no tiene un mandato claro de la capital.