En el estrecho de Ormuz, uno de los corredores marítimos más decisivos de la historia moderna, Irán y Omán avanzan con cautela hacia un acuerdo de navegación segura, mientras Washington observa con exigencias propias que chocan de frente con las aspiraciones de Teherán. Lo que está en juego no es solo el paso de quince millones de barriles diarios, sino la pregunta más profunda de si un Estado puede reclamar soberanía sobre aguas que el mundo considera de todos. Cada día sin resolución es un recordatorio de que los grandes conflictos geopolíticos rara vez se resuelven en horas, por más que los