Llegaba siempre un tiempo tarde en la presión tras pérdida
En el umbral de una semifinal que evoca décadas de historia compartida, Lionel Scaloni enfrenta en Kansas City la pregunta que todo estratega teme: ¿cómo corregir sin destruir lo que funciona? Argentina llegó a las semifinales del Mundial 2026 con la solidez de quien sabe ganar, pero con las grietas de quien sabe que ganar no siempre es suficiente. El duelo contra Inglaterra no es solo un partido de fútbol; es el momento en que la consistencia debe encontrar a la inteligencia táctica.
- Argentina venció a Suiza en el alargue, pero fue superada en posesión y control durante gran parte del partido, una señal de alarma que Scaloni no puede ignorar.
- La banda derecha con Molina y De Paul se convirtió en el talón de Aquiles: ambos llegan con problemas físicos y el mediocampista del Inter Miami fue sustituido en cada partido de eliminación directa.
- Con seis goles en contra, Argentina comparte el peor registro defensivo entre los cuatro semifinalistas, justo cuando se enfrenta a Kane y Bellingham.
- Scaloni evalúa tres esquemas posibles —repetir el once, reforzar con Otamendi en un 5-3-2, o apostar por el doble delantero con Lautaro y Julián Álvarez— y tiene hasta el miércoles para decidir.
- El equipo ya voló hacia Atlanta, donde la historia y la urgencia táctica se mezclan antes de un cruce que ningún argentino olvida.
La Selección Argentina amaneció el lunes en Kansas City con la alegría del pase a semifinales, pero Scaloni ya pensaba en Inglaterra. Tres días separaban el triunfo sobre Suiza de un cruce que carga con décadas de historia, y cada hora contaba.
El problema no era el ataque: Argentina era el equipo más goleador de las semifinalistas con 17 goles. El problema era la defensa. Con seis tantos en contra, compartía el peor registro defensivo junto a los propios ingleses. Scaloni identificó el foco: la banda derecha, donde Molina y De Paul no estaban rindiendo. De Paul llegaba tarde en la presión y había sido reemplazado en cada partido eliminatorio. Molina arrastraba molestias físicas desde la preparación.
El técnico barajaba tres caminos. El primero, repetir el once, implicaba asumir los mismos riesgos que habían quedado expuestos contra Suiza. El segundo era más defensivo: incorporar a Otamendi y pasar a un esquema de tres centrales —junto a Romero y Lisandro Martínez— para contener a Kane y Bellingham, el mismo sistema que funcionó ante Países Bajos en Qatar 2022. El tercero era el más audaz: mantener el doble delantero con Lautaro y Julián Álvarez, quien había renacido no solo con su gol de derechazo sino también con una recuperación defensiva clave en el minuto 121 que desencadenó el 3 a 1 definitivo.
Había incluso una cuarta variante: combinar las dos últimas opciones. Scaloni tenía hasta el miércoles para decidir. Lo que era seguro era que Argentina no podía volver a dejarse absorber por el juego del rival. Inglaterra había mostrado su potencia por la izquierda, justamente el flanco más vulnerable de la Selección. El técnico lo sabía. Por eso evaluaba. Por eso no dormía tranquilo.
La Selección Argentina despertó el lunes en Kansas City con la euforia de haber superado a Suiza en los cuartos de final, pero Lionel Scaloni ya tenía la cabeza en otra parte. Tres días separaban ese triunfo en el alargue de la semifinal contra Inglaterra, y el técnico necesitaba exprimir cada hora para resolver un dilema táctico que se había vuelto urgente. El equipo había llegado a las semifinales por quinta ocasión consecutiva en torneos grandes, un logro que hablaba de consistencia, pero el rendimiento contra los suizos había dejado cicatrices. Por primera vez en este Mundial, Argentina se vio absorbida por el juego de posesión del rival, superada en el campo hasta que la expulsión de Embolo cambió el partido. Eso no era suficiente para enfrentar a Inglaterra.
En el entrenamiento de recuperación del lunes, mientras los titulares que jugaron de inicio contra Suiza hacían trabajos regenerativos en el gimnasio, Scaloni observaba desde el complejo Compass Minerals Center. Lionel Messi caminaba descalzo por el césped, viendo a sus compañeros. El portero Emiliano Martínez trabajaba con los arqueros. El resto del plantel, los que no habían tenido rodaje suficiente, fue exigido con mayor intensidad. Esa noche, el equipo volaría hacia Atlanta. No había tiempo que perder.
El problema no estaba en el ataque. Argentina era el equipo más goleador de las semifinalistas con 17 tantos, por encima de Francia, Inglaterra y España. La ofensiva había funcionado, ya fuera por el colectivo o por destellos individuales. Pero la defensa sangraba. Con seis goles en contra, Argentina compartía el peor registro defensivo de los cuatro semifinalistas junto a Inglaterra. El análisis de Scaloni apuntaba a un sector específico: la banda derecha, donde Nahuel Molina y Rodrigo De Paul no estaban funcionando. De Paul, el mediocampista del Inter Miami y principal compañero de Messi, llegaba siempre un tiempo tarde en la presión tras pérdida. En los partidos de eliminación directa, había sido reemplazado en cada uno. Molina, por su parte, no parecía estar a pleno físicamente, y ambos llegaban con desgarros desde la preparación.
Scaloni barajaba tres opciones. La primera era la más conservadora: repetir el once. Pero eso significaba asumir el riesgo de que volviera a fallar lo que no había funcionado contra Cabo Verde y Suiza. En su ciclo de 102 partidos, apenas había repetido formación cuatro veces, nunca más de dos veces seguidas. La segunda opción era más defensiva. Incluir a Nicolás Otamendi, quien había entrado contra Suiza cuando Cristian Romero se acalambró, provocaría un cambio de esquema hacia un 5-3-2 o 3-5-2, el mismo sistema que había usado contra Países Bajos en los cuartos de Qatar 2022. Con tres centrales —Otamendi, Romero y Lisandro Martínez—, se reforzaría la zona donde Kane y Bellingham causaban más daño. Nico Tagliafico ocuparía la banda izquierda, con Nicolás González como alternativa. En la derecha, Molina o Giuliano Simeone.
La tercera opción era la más arriesgada pero también la más efectiva en los últimos tres partidos eliminatorios. Mantener el doble delantero con Lautaro Martínez y Julián Álvarez, quien había renacido no solo con su gol de derechazo contra Suiza sino también con su recuperación defensiva a los 121 minutos que inició el contragolpe del 3 a 1 definitivo. Lautaro estaba picante arriba, muy sacrificado abajo. Álvarez se volcaría a la banda izquierda de la defensa. El riesgo era quedarse con poco margen en el recambio, solo con José López como centrodelantero natural. Pero podría sorprender a una Inglaterra que también mostraba problemas defensivos.
Había una cuarta posibilidad que Scaloni también evaluaba: una combinación de las dos últimas opciones. El técnico tenía hasta el miércoles para decidir. Esa mañana del lunes, mientras el equipo se entrenaba en Kansas City, la respuesta estaba en el aire. Lo que era seguro era que Argentina no podía permitirse el lujo de volver a verse absorbida por el juego del rival. Inglaterra había mostrado su potencia desbordando por la izquierda, justamente el sector más vulnerable de la Selección. Scaloni lo sabía. Por eso evaluaba. Por eso no dormía tranquilo.
Citações Notáveis
¿No querés decir que fue duro, no?— Lionel Scaloni, respondiendo sobre el rendimiento de Argentina contra Suiza
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué Scaloni no simplemente repite el equipo que ganó? Funcionó contra Suiza al final.
Porque ganar no es lo mismo que jugar bien. Argentina fue superada durante 90 minutos. Solo cuando quedaron con un jugador más pudieron recuperar el control. Eso contra Inglaterra no va a pasar.
Entonces el problema es De Paul. Lo veo como el corazón del equipo.
Lo fue. Pero en este Mundial no está engranando. Llega tarde a la presión, se desconecta. En cada eliminatoria lo sacaron. A veces los jugadores que te dieron todo durante años simplemente no están en el momento.
¿Y Otamendi? Es un cambio grande, pasar de cuatro a cinco defensores.
Es un cambio grande, pero mira lo que hizo contra Suiza cuando entró. Despejaba, se metía en el barro. Y Kane y Bellingham son peligrosos. Necesitas cuerpo en esa zona.
La tercera opción suena loca. Dos delanteros puros, sin mediocampista defensivo.
Loca, sí. Pero Lautaro y Julián están en otro nivel en estas eliminatorias. Y si Inglaterra también tiene problemas atrás, quizás es el momento de atacar.
¿Cuál crees que elige Scaloni?
No sé. Pero lo que sí sé es que no puede repetir lo de Suiza. Eso fue suerte. Contra Inglaterra no hay suerte.