Durante casi una década, Santander confió en fondos de inversión estadounidenses para sanar las heridas que la crisis financiera de 2012 dejó en su balance inmobiliario. Hoy, con la liquidación de sus alianzas con Cerberus y Blackstone, el banco cierra ese capítulo con más de 4.700 millones de euros en pérdidas acumuladas entre ambas sociedades. Es el coste visible de una estrategia que, concebida como solución de urgencia, revela ahora sus límites: la prisa por limpiar el balance no siempre produce los resultados que promete.