No tenemos vacunas para ellos en este instante
A poco más de un mes de las elecciones generales del 11 de abril de 2021, el Ministerio de Salud del Perú confirmó que más de 400 mil miembros de mesa ejercerían su labor sin vacunación contra el COVID-19. En medio de una segunda ola y con suministros escasos, el Estado eligió proteger primero a los adultos mayores, dejando expuestos a quienes sostendrían el andamiaje democrático del país. Es la vieja tensión entre lo urgente y lo necesario, resuelta, como tantas veces, por la escasez.
- El viceministro Percy Minaya admitió públicamente que no existían dosis suficientes para vacunar a los más de 400 mil miembros de mesa antes del día de las elecciones.
- La logística de la vacuna Pfizer —cadena de frío, dos dosis separadas por semanas, distribución nacional— hacía imposible cubrir esa población en el tiempo disponible.
- El nuevo lote de Pfizer fue destinado íntegramente a adultos mayores, el grupo más vulnerable, dejando sin respuesta la demanda de protección para los trabajadores electorales.
- Cientos de miles de personas permanecerán en primera línea de exposición durante jornadas largas y con contacto directo con miles de votantes, armadas solo con mascarilla y distancia.
- El proceso electoral del 11 de abril avanzará con esa brecha abierta, mientras el país navega simultáneamente una segunda ola y el inicio tardío de su campaña de vacunación.
A poco más de un mes de las elecciones generales, el Ministerio de Salud del Perú enfrentó una realidad difícil de esquivar: no había vacunas para quienes administrarían la votación. El viceministro de Salud Pública, Percy Minaya, lo confirmó el 4 de marzo de 2021 en una entrevista con RPP Noticias. No habría dosis disponibles para los miembros de mesa antes del 11 de abril.
La explicación era concreta: el país acababa de recibir un nuevo lote de vacunas Pfizer, y la prioridad eran los adultos mayores. Además, las exigencias logísticas del fármaco —cadena de frío estricta, dos dosis con semanas de diferencia, distribución a escala nacional— hacían inviable cubrir a más de 400 mil personas en el tiempo disponible.
Ante la imposibilidad, la recomendación del Ministerio fue modesta: mascarillas, distancia, higiene. Las mismas medidas que se pedían a todos los ciudadanos. No era suficiente para quienes pasarían horas en contacto directo con miles de votantes, pero era lo que el Estado podía ofrecer.
La decisión revelaba las tensiones del momento: segunda ola activa, campaña de vacunación recién iniciada y suministros escasos. Priorizar a los más vulnerables tenía lógica epidemiológica, pero dejaba a cientos de miles de personas en primera línea sin la protección que otros países ya garantizaban a sus trabajadores electorales. Las elecciones del 11 de abril procederían con esa brecha sin cerrar.
A poco más de un mes antes de que los peruanos acudieran a las urnas, el Ministerio de Salud enfrentaba una realidad incómoda: no había vacunas suficientes para proteger a quienes administrarían la votación. Percy Minaya, viceministro de Salud Pública, lo dijo sin rodeos en una entrevista con RPP Noticias el 4 de marzo de 2021. No había dosis disponibles para los miembros de mesa, y no las habría antes del 11 de abril.
La razón era simple pero apremiante: el país había recibido un nuevo lote de vacunas Pfizer, y la prioridad era clara. Los adultos mayores estaban primero. Minaya explicó que la escasez era real y que las características logísticas de la vacuna Pfizer hacían imposible una distribución rápida a nivel nacional. Más de 400 mil personas estaban involucradas en la organización de las elecciones generales, y simplemente no había suficientes dosis para todos ellos.
El funcionario reconoció la magnitud del desafío. Distribuir vacunas a lo largo del país para una población de ese tamaño, con los requisitos de almacenamiento y transporte que exigía el fármaco de Pfizer, no era viable en el tiempo disponible. La cadena de frío, la necesidad de dos dosis con semanas de diferencia, la logística de llegar a cada rincón del Perú: todo conspiraba contra la idea de vacunar a los miembros de mesa antes de que abrieran las mesas de votación.
Ante esta realidad, la recomendación del Ministerio de Salud fue pragmática pero modesta: que los miembros de mesa continuaran siguiendo las medidas de protección estándar. Mascarillas, distancia, higiene. Las mismas precauciones que se recomendaban a todos los ciudadanos. No era lo ideal para quienes estarían en contacto directo con miles de votantes durante jornadas electorales largas, pero era lo que el país podía ofrecer.
La decisión reflejaba las tensiones que atravesaban al Perú en ese momento. El país estaba en medio de una segunda ola de contagios de COVID-19, la campaña de vacunación apenas comenzaba, y los suministros eran limitados. Priorizar a los adultos mayores, el grupo más vulnerable, tenía lógica epidemiológica. Pero dejaba a cientos de miles de personas en primera línea de exposición sin la protección que otros países estaban ofreciendo a sus trabajadores electorales. La elección del 11 de abril procedería con esa brecha sin cerrar.
Citas Notables
No tenemos un número suficiente de vacunas en este momento para entregar a más de 400 mil personas que se involucran en esta actividad— Percy Minaya, viceministro de Salud Pública
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué el Ministerio de Salud no pidió que se retrasaran las elecciones hasta tener vacunas disponibles?
Porque las elecciones ya estaban programadas constitucionalmente. El país necesitaba elegir nuevo gobierno. Posponer habría generado una crisis política adicional a la sanitaria que ya enfrentaban.
Entonces los miembros de mesa quedaban completamente desprotegidos.
No completamente. Tenían mascarillas, distancia, protocolos. Pero sí: no tenían la protección que una vacuna habría ofrecido contra una enfermedad que mataba a miles de peruanos cada semana.
¿Minaya parecía incómodo al reconocer esto?
Reconoció la realidad sin evasivas. Dijo directamente que no había vacunas. Eso es honestidad, aunque fuera una honestidad que dejaba un problema sin resolver.
¿Qué pasó después? ¿Se enfermaron muchos miembros de mesa?
La historia no lo dice. Pero la pregunta es justa: cuando expones a 400 mil personas a riesgo durante una jornada electoral, algo tiene que pasar.
¿Esto fue un fracaso de planificación?
Fue un choque entre dos realidades: una campaña de vacunación que apenas comenzaba y un proceso electoral que no podía esperar. Alguien tenía que quedar sin protección. El Ministerio eligió que fueran los miembros de mesa.