En la era de los remedios virales, la promesa de limpiar el inodoro con sal seduce por su sencillez y bajo costo, pero la ciencia ofrece una respuesta más matizada: el cloruro de sodio tiene propiedades reales, aunque insuficientes en las dosis caseras que circulan en redes. Lo que la tradición popular presenta como solución definitiva resulta ser, en el mejor de los casos, un abrasivo suave que requiere esfuerzo manual y, en el peor, un riesgo silencioso para tuberías antiguas. La búsqueda de lo simple nos recuerda que incluso los consejos más inocentes merecen el escrutinio de la evidencia.