Rusia suspende acuerdo pesquero con Japón en medio de tensiones por Ucrania

Rusia no reanudará el acuerdo hasta que Japón cumpla sus obligaciones
La portavoz rusa María Zajárova estableció la condición para revertir la suspensión del tratado pesquero bilateral.

En los primeros días de junio de 2022, Moscú suspendió un acuerdo pesquero vigente desde 1998 que permitía a pescadores japoneses faenar en las islas Kuriles del Sur, alegando que Tokio había incumplido sus obligaciones financieras. La medida no es un hecho aislado, sino el reflejo más tangible de cómo la guerra en Ucrania ha erosionado décadas de cauteloso acercamiento entre dos naciones que aún no han firmado un tratado de paz desde la Segunda Guerra Mundial. Lo que comenzó como una disputa territorial congelada en el tiempo se convierte ahora en un nudo diplomático más apretado, donde el mar y sus recursos se vuelven moneda de presión geopolítica.

  • Rusia suspendió de golpe un acuerdo pesquero de 24 años, cortando el acceso de los pescadores japoneses a aguas de las Kuriles y dejando en el aire cuotas anuales que sostenían una industria entera.
  • Tokio congeló los pagos de cooperación pesquera y aplazó la firma de un documento técnico clave para Sajalín, acciones que Moscú interpretó como incumplimiento deliberado en el contexto de las sanciones del G7.
  • La ruptura pesquera llegó tras una cadena de represalias: expulsiones diplomáticas mutuas en abril y sanciones rusas contra 63 funcionarios japoneses, incluido el primer ministro Kishida, en mayo.
  • El acercamiento impulsado en 2016 por Putin y Abe para desarrollar actividades conjuntas en las Kuriles quedó prácticamente desmantelado, y el tratado de paz pendiente desde hace más de setenta años se aleja aún más del horizonte.
  • Moscú advirtió que no reanudará el acuerdo hasta que Japón cumpla sus compromisos económicos, instalando una condición que, en el clima actual, parece difícil de satisfacer.

A principios de junio de 2022, Moscú anunció la suspensión del acuerdo pesquero bilateral firmado con Japón en 1998, un instrumento que durante casi un cuarto de siglo había permitido a pescadores japoneses operar en aguas de las islas Kuriles del Sur bajo cuotas anuales fijadas por las autoridades rusas. La portavoz del ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, explicó que Tokio había dejado de cumplir sus obligaciones financieras: suspendió los pagos destinados a la cooperación en recursos marinos y pospuso la firma de un documento técnico anual indispensable para mantener operativo el sistema en la isla de Sajalín. Rusia, dijo Zajárova, no reanudaría el acuerdo hasta que Japón honrara sus compromisos.

La ruptura pesquera era la expresión más visible de un deterioro bilateral que se había acelerado desde la invasión rusa de Ucrania. En abril, Japón expulsó a ocho diplomáticos rusos acusados de complicidad en crímenes de guerra; Moscú respondió en espejo y, en mayo, impuso sanciones contra 63 funcionarios japoneses, entre ellos el primer ministro Fumio Kishida. Tokio se había alineado desde el primer momento con las sanciones coordinadas por el G7, dejando claro su respaldo a Occidente.

El deterioro resultaba especialmente doloroso porque interrumpía un proceso de acercamiento que parecía prometedor. En 2016, Putin y el entonces primer ministro Shinzo Abe habían acordado impulsar actividades económicas conjuntas en las propias Kuriles, el territorio que desde 1946 concentra la disputa más sensible entre ambas naciones: Japón reclama las cuatro islas del sur, que permanecen bajo control ruso desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Con el acuerdo pesquero suspendido y las sanciones cruzadas en vigor, el tratado de paz pendiente desde hace más de setenta años se alejaba aún más, dejando a ambas naciones más distantes que nunca de cerrar sus heridas históricas.

Moscú anunció a principios de junio la suspensión de un acuerdo pesquero bilateral que había regido las relaciones comerciales marítimas con Japón durante casi un cuarto de siglo. El documento, firmado en 1998, permitía a los pescadores japoneses operar en aguas de las islas Kuriles del Sur bajo un sistema de cuotas anuales establecidas por las autoridades rusas. La decisión de congelarlo no llegó de repente, sino como culminación de meses de deterioro diplomático desencadenado por la invasión rusa de Ucrania.

Según María Zajárova, portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores ruso, Tokio había incumplido sus obligaciones financieras en el marco del acuerdo. Específicamente, Japón había suspendido los pagos destinados a financiar la cooperación en la explotación de recursos marinos y había pospuesto la firma de un documento técnico anual necesario para mantener operativo el sistema en la isla de Sajalín, un territorio clave para la implementación práctica del tratado. Zajárova fue clara: Rusia no reanudaría el acuerdo hasta que las autoridades japonesas cumplieran con sus compromisos económicos.

La ruptura pesquera era solo la manifestación más visible de una relación bilateral que se había deteriorado rápidamente. En abril, Japón había expulsado a ocho diplomáticos rusos, acusándolos de complicidad en lo que calificó como crímenes de guerra cometidos por soldados rusos en territorio ucraniano. Moscú respondió de manera simétrica poco después, y a principios de mayo impuso sanciones contra 63 funcionarios y políticos japoneses, entre ellos el primer ministro Fumio Kishida. Tokio, por su parte, se había alineado desde el primer momento con las sanciones coordinadas por el G7 contra el Kremlin, demostrando su solidaridad con Occidente frente a la invasión.

Esta escalada de tensiones interrumpía un proceso de acercamiento que había comenzado años atrás. En 2016, el presidente Vladimir Putin y el entonces primer ministro japonés Shinzo Abe habían acordado desarrollar actividades económicas conjuntas en pesca, turismo, sanidad y medio ambiente precisamente en las islas Kuriles, el territorio que históricamente ha sido el punto de fricción más delicado entre ambas naciones. Desde 1946, Japón ha reclamado las cuatro islas Kuriles del Sur, que permanecen bajo control ruso desde que fueron incorporadas al territorio soviético el 2 de febrero de 1946, al final de la Segunda Guerra Mundial.

Rusia siempre había insistido en que cualquier normalización de las relaciones y la firma de un tratado de paz —pendiente desde hace más de setenta años— debería ocurrir antes de abordar la cuestión territorial de las islas. Japón, por su contrario, considera esos territorios como parte ancestral e inalienable de su soberanía. La suspensión del acuerdo pesquero reflejaba cuán profundamente la crisis ucraniana había socavado los frágiles avances diplomáticos de los años previos, dejando a ambas naciones más alejadas que nunca de resolver sus diferencias históricas.

Moscú no reanudará la aplicación del acuerdo hasta que las autoridades japonesas cumplan con sus obligaciones financieras
— María Zajárova, portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores ruso
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Inventor

¿Por qué Rusia decidió suspender precisamente el acuerdo pesquero y no algún otro instrumento comercial?

Model

Porque es uno de los pocos acuerdos que aún funcionaba entre ellos. Suspenderlo duele económicamente a Japón, pero también es un gesto simbólico: Rusia está diciendo que Tokio eligió sanciones sobre cooperación.

Inventor

¿Japón realmente incumplió esas obligaciones financieras, o fue una excusa?

Model

Probablemente ambas cosas. Japón congeló los pagos deliberadamente como parte de su respuesta a la invasión de Ucrania. Rusia tiene razón técnicamente, pero el contexto es que Japón estaba eligiendo un bando.

Inventor

¿Qué significa esto para los pescadores japoneses que dependían de esas aguas?

Model

Pierden acceso a un recurso que explotaban legalmente desde hace décadas. Es un golpe económico real para comunidades pesqueras específicas, aunque probablemente no sea el impacto más grave de estas tensiones.

Inventor

¿Hay alguna posibilidad de que esto se revierta?

Model

Solo si la guerra en Ucrania termina y ambas naciones deciden reconstruir. Pero ahora hay capas nuevas de resentimiento. El acuerdo pesquero era un puente; cuando lo quemas, es difícil reconstruirlo rápido.

Inventor

¿Y el tratado de paz que llevan esperando desde 1945?

Model

Está más lejos que nunca. Ese tratado requería confianza y disposición a negociar sobre las islas Kuriles. Ahora ambos lados está en modo defensivo, no en modo negociación.

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