En el largo pulso entre Rusia y Occidente, Moscú dirigió esta semana su advertencia directamente a Londres: el suministro de drones británicos a Ucrania, utilizados para golpear instalaciones militares e industriales dentro de territorio ruso, ha cruzado una línea que el Kremlin no está dispuesto a ignorar. La embajada rusa acusó a Reino Unido de ser cómplice deliberado en la escalada y prometió consecuencias inevitables, recordándonos que en las guerras modernas las fronteras entre proveedor y beligerante se vuelven cada vez más difusas. Esta amenaza no es solo un intercambio diplomático: es