Cuatro años después de que las sanciones occidentales congelaran sus reservas y la expulsaran de los circuitos financieros globales, Rusia ha consumado una transformación monetaria sin precedentes: el yuan chino ha desplazado al dólar como divisa de referencia en el 85% de su comercio exterior. Lo que comenzó como una adaptación forzada se ha convertido en un experimento histórico sobre los límites del poder financiero occidental y la viabilidad de un orden monetario alternativo. El mundo observa, y algunos lo imitan.