En los laboratorios de Troitsk, la corporación estatal rusa Rosatom ha dado forma a un prototipo que podría reescribir la relación entre la humanidad y el cosmos: un motor eléctrico de plasma capaz de reducir el viaje a Marte de casi un año a apenas treinta días. La tecnología no es solo una proeza de ingeniería, sino una respuesta a una de las preguntas más antiguas de la exploración humana: ¿cómo cruzar el abismo interplanetario sin que el tiempo y la radiación consuman a quienes se atreven? Las primeras pruebas orbitales están previstas para 2030, y con ellas, la frontera entre la ciencia f