En los años treinta, cuando las Grandes Llanuras se convirtieron en un mar de polvo y desesperanza, el presidente Roosevelt respondió no con palabras sino con raíces: 220 millones de árboles plantados en hileras desde Texas hasta Canadá para devolverle al suelo su dignidad perdida. Lo que nació como respuesta de emergencia a uno de los peores desastres medioambientales de la historia estadounidense se transformó, con el paso de las décadas, en una de las intervenciones ecológicas más duraderas que un gobierno haya emprendido. Noventa años después, esos árboles siguen en pie, recordándonos que
Roosevelt plantó 220 millones de árboles contra el Dust Bowl: ocho décadas después, la sequía desapareció
El Dust Bowl provocó migraciones masivas de personas que buscaban empleo debido al enorme daño sufrido en las tierras de cultivo de las Grandes Llanuras.