La voz humana, ese puente invisible entre el pensamiento y el mundo, es también un tejido frágil que acusa el peso de los hábitos cotidianos. En Santiago, el otorrinolaringólogo David Rosario advierte que la ronquera que supera los siete días no es una molestia menor sino una señal del cuerpo que merece escucha profesional. Quienes viven de la palabra —periodistas, docentes, cantantes— son los más expuestos, aunque los menos preparados para proteger el instrumento que sostiene su oficio. Cuidar la voz, concluye Rosario, no es un lujo: es una responsabilidad que comienza antes de perderla.