Durante siglos, el romero ha ocupado un lugar privilegiado en la memoria colectiva como planta que afila la mente. La ciencia contemporánea reconoce en sus compuestos fenólicos un potencial real, pero modesto: puede favorecer la alerta y combatir el estrés oxidativo, aunque la memoria humana responde a un tejido de factores —sueño, hidratación, glucosa, contexto— que ninguna planta puede reemplazar por sí sola. El conocimiento avanza con cautela, y esa cautela es, en sí misma, una forma de respeto por la complejidad del cerebro.