En la quietud de un sábado por la tarde en Toay, La Pampa, un hombre convirtió el robo de dos arcos de fútbol infantiles en una demostración involuntaria de la paradoja de la impunidad: actuó con tanta calma que quedó perfectamente retratado. La cámara de un vecino registró cada gesto, cada paso, cada detalle del vehículo, recordándonos que la audacia sin cautela suele ser su propio testigo.