Con Haydn uno está desnudo: si la frase no está bien, no hay efecto que lo tape
Muti, de 84 años, considera esta actuación en la Alhambra una de las grandes experiencias de su vida, combinando su pasión por España con su compromiso de transmitir conocimiento a músicos jóvenes. El programa incluye obras maestras raramente interpretadas, como el ballet de Las vísperas sicilianas de Verdi, que revela un compositor sinfónico desconocido con instrumentación deslumbrante.
- Riccardo Muti, 84 años, debuta en Granada el 28 de junio en el Palacio de Carlos V
- Dirige la Orquesta Juvenil Luigi Cherubini con obras de Verdi, Falla y Ravel
- Su primer concierto en España fue en 1972 en el Teatro Real
- Lleva 56 años consecutivos dirigiendo a la Filarmónica de Viena
- Recibió el Premio Príncipe de Asturias en 2011
El legendario director napolitano Riccardo Muti debutará el 28 de junio en el Festival de Granada dirigiendo la Orquesta Juvenil Luigi Cherubini en el Palacio de Carlos V, con obras de Verdi, Falla y Ravel en el 75º aniversario del certamen.
Riccardo Muti tiene 84 años y pertenece a una raza de directores de orquesta que siente que desaparece con él. Cuando habla de Sviatoslav Richter o Claudio Arrau tocando el Cuarto concierto de Beethoven —esas interpretaciones que le hacían sentir que veía al propio Beethoven en el podio— asoma en su voz la melancolía de quien cree que un mundo entero de profundidad y autenticidad se ha cerrado para siempre. El napolitano es ahora selectivo: elige con cuidado dónde dirige y con quién, y dedica gran parte de su energía a enseñar a músicos jóvenes en la Academia de Ópera Italiana y en la Orquesta Juvenil Luigi Cherubini, que fundó hace más de dos décadas.
Este fin de semana regresa a España después de casi once años de ausencia. El 28 de junio debutará en el Festival Internacional de Música y Danza de Granada, que celebra su 75 aniversario, en el Palacio de Carlos V dentro del recinto de la Alhambra. La fecha coincide con el 150 aniversario del nacimiento de Manuel de Falla. Llevará a la Orquesta Juvenil Cherubini con un programa que abre con la obertura de Nabucco y el ballet de Las vísperas sicilianas de Verdi, continúa con la segunda suite de El sombrero de tres picos de Falla, y cierra con el Boléro de Ravel. Cuando se le pregunta qué representa para él tocar en la Alhambra, Muti responde con emoción contenida: para los italianos, dice, la Alhambra es casi una palabra mágica, evoca lo exótico, la fábula, la maravilla. Está seguro de que será una de las grandes experiencias de su vida.
Su relación con España comenzó en 1972, cuando debutó en el Teatro Real dirigiendo la Orquesta Nacional en las Cuatro piezas sacras de Verdi. Recuerda con precisión aquella noche: a Lola Rodríguez de Aragón, que dirigía un coro joven y bien preparado; al sacerdote Federico Sopeña; el camerino del director, que le pareció un palacio comparado con los viejos camerinos italianos. Volvió años después con el pianista Rafael Orozco para un Prokófiev, y en un palco vio a una joven que escuchaba fascinada: era la princesa Sofía. Años después, ya reina, lo reconoció en los Juegos de Sídney y bromeó: "Hemos hecho carrera los dos". Muti lleva dentro algo español, dice, por el Mediterráneo y por el carácter de su madre. No olvida el Premio Príncipe de Asturias que recibió en 2011 de manos de quien ahora es Felipe VI.
En la conversación, Muti defiende la fidelidad a la partitura con la pasión de quien ha pasado décadas estudiando cada nota. Explica por qué ha elegido el ballet de Las vísperas sicilianas, que casi siempre se suprime en las representaciones: en la grand opéra era obligatorio, y esa página revela a un Verdi sinfónico con una instrumentación deslumbrante que apenas conocemos. Ha dirigido esa obra en Viena, Berlín, Chicago y Londres porque exige a la orquesta todas sus posibilidades. Sobre la dirección escénica, es claro: no está contra ella, pero rechaza el efecto por el efecto. Trabajó con Luca Ronconi en nueve producciones, con Robert Carsen, Peter Stein y Graham Vick, gente con sentido del teatro. El problema, dice, es que muchos directores de escena desconocen la materia musical e inventan historias ajenas a la partitura. Su maestro Antonino Votto decía que un buen director de ópera debe haber respirado el polvo del escenario. Hoy los teatros dan veinte días de ensayo a la escena y cinco a la música: la ópera se ha vuelto territorio de los registas.
Muti acaba de dirigir las tres últimas sinfonías de Haydn con la Filarmónica de Viena en seis conciertos agotados. Describe esas obras como tres monumentos que parecen semejantes pero son distintos: sus minuetos no tienen nada que ver, y tocarlos la misma noche, hallando para cada uno su tempo y carácter, ha sido una experiencia comparable a cuando dirigió por primera vez la Missa solemnis, que estudió durante cincuenta años. Con Haydn, dice, uno está desnudo: si la frase y la afinación no están bien, no hay efecto que lo tape. Por eso los jóvenes dirigen mucho Mahler y poco Haydn. Lleva 56 años consecutivos dirigiendo a la Filarmónica de Viena, y respeta la manera vienesa de frasear nacida de una larga tradición.
En diciembre recibió el Premio Ratzinger de manos del papa León XIV. Lo que lo causó admiración fue que siendo un papa agustino, se abriera de inmediato a la música, algo que durante años había quedado relegado en el Vaticano. Los agustinos cantan, y de ahí procede el lema de san Agustín: cantar es propio de quien ama. Bajo ese lema, Muti acaba de reunir en Rávena, por segundo año consecutivo, a 3.600 aficionados de entre 6 y 93 años. El mayor le hizo sentir joven. También batalla desde hace décadas por repatriar los restos de Cherubini desde París a Florencia. En Santa Croce está ya preparado el sarcófago, pero no hay manera. Ha hablado con tres presidentes de la República Francesa, con embajadores y ministros. Cuando devolvieron el cuerpo de Bellini de París a Catania en 1876, el tren se detenía en cada estación y la gente se inclinaba en silencio a su paso. Hoy la tumba de Chopin está llena de flores; la de Cherubini, cubierta de polvo. Nadie le lleva una flor.
Citações Notáveis
Estoy seguro de que será una de las grandes experiencias de mi vida, y me alegra poder vivirla antes de cerrar definitivamente mis días— Riccardo Muti, sobre dirigir en la Alhambra
Un director de escena puede tener ideas antiguas o modernas, pero no puede hacerlo entrar en motocicleta ni soltando un pájaro: la imagen debe corresponderse con la música— Riccardo Muti, sobre la dirección escénica en la ópera
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué insiste tanto en que Haydn es más difícil de dirigir bien que Mahler o Bruckner?
Porque con Haydn no hay dónde esconderse. La arquitectura de la música está completamente expuesta. Si la frase no respira bien, si la afinación falla, no hay orquestación que lo tape. Con Mahler puedes salir del paso con efectos, con color. Haydn te obliga a ser honesto.
Y sin embargo, dice que los vieneses tienen una tradición de tocar a Haydn que hay que respetar. ¿No es eso una contradicción?
No. Respetar la tradición no significa ser dogmático. Los vieneses han desarrollado una manera de frasear que viene de generaciones. Eso es sabio. Pero el dogmatismo es enemigo de la música. Cuando alguien dice "así se tocaba en el XVIII", olvida que el vibrato existía, que los músicos tenían oído, que la música siempre fue viva.
Habla de estar "desnudo" dirigiendo a Haydn. ¿Eso es lo que busca?
Es lo que la música exige. La desnudez es honestidad. Cuando diriges a Haydn, no puedes mentir. Y eso es lo que necesitan aprender los jóvenes músicos. Por eso fundé la Orquesta Cherubini. No para tocar bien, sino para aprender a pensar musicalmente.
¿Qué vio en el papa León XIV que lo impresionó tanto?
Que siendo agustino, abriera las puertas a la música. Durante años el Vaticano la había dejado de lado. Pero los agustinos cantan. Y este papa entiende que cantar es propio de quien ama. Eso es profundo. Eso es lo que la música enseña: que el canto es un acto de amor.
¿Y los restos de Cherubini en París? ¿Cree que alguna vez los traerá a Florencia?
He hablado con tres presidentes franceses. El sarcófago está listo en Santa Croce. Pero no hay manera. Alguien me dijo en broma que quizá el guarda del Père-Lachaise teme que si se marcha Cherubini, se le vacíe el cementerio. Es triste. Bellini regresó a Catania en 1876 y el tren se detenía en cada estación. Hoy nadie lleva una flor a Cherubini.