Cuando alguien regresa a comprobar si cerró la puerta por quinta vez, no está traicionando su memoria sino su confianza en ella. Investigaciones recientes revelan que quienes padecen trastorno obsesivo-compulsivo recuerdan con la misma precisión que el resto, pero depositan mucho menos fe en esos recuerdos, especialmente ante situaciones percibidas como peligrosas. Paradójicamente, cada verificación no refuerza la certeza sino que la erosiona, atrapando a la persona en un ciclo donde chequear más produce menos paz.