Nadaba contra la corriente, usando subsidios para proteger a su población
En el umbral de una semana ordinaria, el Gobierno dominicano eligió interponer el Estado entre sus ciudadanos y la turbulencia de los mercados globales. Con reducciones de dos a tres pesos por galón en los combustibles de mayor consumo popular, Santo Domingo buscó amortiguar el peso de la inflación sobre los hogares más vulnerables, destinando más de 523 millones de pesos en subsidios. La decisión ocurre mientras el petróleo sube más de un cinco por ciento en los mercados internacionales por las tensiones entre Estados Unidos e Irán, convirtiendo cada peso de rebaja en una apuesta sobre la resistencia de las finanzas públicas.
- Las tensiones entre Estados Unidos e Irán dispararon el crudo más de un cinco por ciento en una sola jornada, poniendo en jaque cualquier política de precios bajos en los países importadores.
- Millones de dominicanos que dependen del transporte público, la carga y el gas para cocinar sentían la presión acumulada de semanas de precios elevados.
- El Gobierno respondió con rebajas de tres pesos en gasolina regular y gasoil regular, y dos pesos en GLP, acumulando ocho pesos de reducción en apenas dos semanas.
- Para sostener esos precios, el Estado comprometió 523,7 millones de pesos —cerca de 8,82 millones de dólares— en subsidios directos durante siete días.
- Los combustibles de mayor octanaje quedaron sin cambios, revelando un cálculo deliberado: proteger a los sectores populares sin extender el subsidio a quienes pueden absorber el costo.
- La pregunta que queda abierta es si las arcas públicas podrán mantener este ritmo si el conflicto internacional sigue empujando el petróleo al alza.
Santo Domingo amaneció el jueves 10 de julio con una noticia que tocaba directamente el bolsillo de millones de dominicanos. El Gobierno anunció reducciones en los precios de la gasolina regular, el gasoil regular y el gas licuado de petróleo para la semana del 11 al 17 de julio: tres pesos menos por galón en los dos primeros, dos pesos menos en el GLP. No era un ajuste espectacular, pero en un país donde el transporte y la cocina doméstica dependen de estos combustibles, cada peso tiene peso real.
La estrategia del Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes era clara: aliviar la presión inflacionaria sobre los hogares más vulnerables. Con estas rebajas, gasolina regular y gasoil acumulaban una caída de ocho pesos en apenas dos semanas. Los combustibles de mayor octanaje y el gas natural permanecieron sin cambios, un gesto que revelaba el foco político de la medida: proteger a quienes dependen del transporte público y los combustibles básicos.
Sostener esos precios tenía un costo concreto: 523,7 millones de pesos —unos 8,82 millones de dólares— en subsidios para cubrir la diferencia entre el precio de mercado y el precio en la bomba. Era dinero público directo puesto al servicio de contener la inflación.
La ironía residía en el contexto global. Mientras Santo Domingo anunciaba sus rebajas, las tensiones entre Estados Unidos e Irán empujaban el crudo más de un cinco por ciento en una sola jornada, y los derivados refinados subían entre 2,5 y 3,4 por ciento. El Gobierno dominicano nadaba contra la corriente, apostando a que sus arcas podrían mantener el ritmo frente a un mercado internacional que se encarecía por horas.
Santo Domingo despertó el jueves 10 de julio con noticias que tocaban directamente el bolsillo de millones de dominicanos. El Gobierno anunció reducciones en los precios de los combustibles más usados en el país: gasolina regular, gasoil regular y gas licuado de petróleo. Para la semana del 11 al 17 de julio, la gasolina regular bajaría tres pesos por galón, el gasoil regular también tres pesos, y el GLP dos pesos. No era un ajuste espectacular, pero en un país donde el transporte de carga y pasajeros depende de estos combustibles, y donde las familias los usan para cocinar y calentarse, cada peso cuenta.
La medida respondía a una estrategia clara del Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes: aliviar la presión inflacionaria que apretaba los hogares. Con estas rebajas, la gasolina regular y el gasoil regular acumulaban una caída de ocho pesos por galón en apenas dos semanas. El Gobierno no tocó los combustibles de mayor octanaje ni el gas natural, manteniéndolos en sus precios anteriores. La decisión reflejaba un cálculo político y económico: proteger a los sectores más vulnerables, aquellos que dependen del transporte público y de los combustibles básicos para sobrevivir.
Pero sostener estos precios más bajos tenía un costo real. Durante los próximos siete días, el Gobierno destinaría 523,7 millones de pesos, equivalentes a unos 8,82 millones de dólares, en subsidios para compensar la diferencia entre lo que el mercado pedía y lo que los ciudadanos pagarían en la bomba. Era dinero público directo, una inversión en contener la inflación mediante la intervención estatal en los precios.
La ironía de la situación residía en el contexto internacional. Mientras Santo Domingo anunciaba sus reducciones, los mercados globales de petróleo se movían en dirección opuesta. La escalada de tensiones entre Estados Unidos e Irán había provocado un repunte en los precios internacionales. El crudo subió más del cinco por ciento en una sola jornada, y los derivados refinados registraron aumentos entre 2,5 y 3,4 por ciento. El Gobierno dominicano nadaba contra la corriente, usando subsidios para proteger a su población de un mercado internacional que se encarecía.
Para la semana en cuestión, los precios quedaron así: la gasolina premium se vendería a 338,10 pesos por galón, la gasolina regular a 302,50 pesos, el gasoil regular a 254,80 pesos y el gasoil óptimo a 290,10 pesos. El avtur y el keroseno subieron respecto a la semana anterior, mientras que el fuel oil número 6 y el fuel oil con uno por ciento de azufre bajaron. El GLP, ese combustible tan importante para las cocinas dominicanas, se fijaría en 135,20 pesos por galón. El gas natural, que había permanecido sin cambios, seguiría en 43,97 pesos por metro cúbico.
La decisión ilustraba una tensión fundamental en la política económica moderna: cómo proteger a los ciudadanos de la volatilidad de los mercados globales sin quebrar las finanzas públicas. El Gobierno dominicano había elegido una ruta de subsidios directos, una herramienta que funcionaba en el corto plazo pero que planteaba preguntas sobre su sostenibilidad. Mientras el conflicto entre potencias mundiales seguía elevando los precios del petróleo, la República Dominicana seguía apostando a que sus arcas públicas podrían mantener el ritmo.
Citas Notables
La medida busca aliviar la presión inflacionaria sobre los hogares, debido a que los combustibles regulares y el GLP son los más utilizados por el transporte de carga y de pasajeros, así como por las familias— Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué el Gobierno eligió bajar precisamente estos tres combustibles y no todos?
Porque son los que usan los transportistas y las familias pobres. La gasolina premium la usan los que tienen dinero. Bajar lo que baja la gente común es donde se siente la inflación.
Pero si el petróleo sube en el mundo, ¿cómo sostiene el Gobierno estos precios más bajos?
Con subsidios. Dinero que sale del presupuesto público. En este caso, 523 millones de pesos en una semana. Es una apuesta a que la presión política de mantener los precios bajos vale más que el costo fiscal.
¿Eso es sostenible?
A corto plazo, sí. A largo plazo, es la pregunta que nadie quiere responder. Si el petróleo sigue subiendo en el mundo, los subsidios se comen más presupuesto. Eventualmente algo tiene que ceder.
¿Qué pasa con los combustibles que no bajaron?
Esos son para los que tienen más. La gasolina premium, el gas natural para las industrias. El Gobierno decidió que esos sectores podían absorber el aumento internacional sin que se quiebre la economía.
¿Entonces esto es un acto de protección social?
Es eso, pero también es control político. Mantener los precios bajos en lo que la gente usa todos los días es una forma de evitar que la inflación se sienta demasiado en las calles.