En la intersección entre el instinto protector de la maternidad y el conocimiento científico, los especialistas ofrecen una respuesta que disuelve la incertidumbre: los repelentes autorizados como el DEET no representan un peligro para el embarazo cuando se usan correctamente, y su papel como escudo frente a enfermedades como el Zika o el dengue los convierte en aliados, no en amenazas. La medicina, una vez más, invita a reemplazar el miedo con información.