Renuncia Manuel Adorni, jefe de Gabinete de Milei, tras escándalo de corrupción

Los interminables ataques mediáticos me han llevado a pedir que me acompañe
Adorni culpó a la prensa de su renuncia, aunque la investigación judicial y la presión política fueron determinantes.

En toda administración que llega al poder prometiendo combatir la corrupción, el momento más revelador no es el triunfo sino la primera caída interna. Manuel Adorni, jefe de Gabinete de Javier Milei, renunció el sábado tras meses de revelaciones sobre gastos injustificados, omisiones patrimoniales y el uso de subordinados para compras personales. Su salida, aceptada finalmente por un presidente que lo había defendido hasta el final, expone la distancia que puede abrirse entre el discurso fundacional de un gobierno y la conducta cotidiana de quienes lo encarnan.

  • La acumulación de revelaciones —pagos en efectivo sin factura, omisiones patrimoniales de medio millón de dólares y compras personales con tarjetas de empleados— hizo insostenible la permanencia de Adorni en el cargo.
  • Ocho de cada diez argentinos exigían su renuncia, y aliados parlamentarios amenazaban con una moción de censura, convirtiendo el escándalo en una crisis política de primer orden para la coalición gobernante.
  • El caso opacó logros económicos concretos del Gobierno —superávit comercial récord y caída de la inflación— y bloqueó la aprobación de legislación prioritaria para el Ejecutivo.
  • El retiro del apoyo de Karina Milei, hermana y secretaria de Presidencia, fue el golpe definitivo que aceleró una salida que el presidente había resistido durante semanas.
  • El Gobierno busca ahora recuperar el control de la agenda con el posible nombramiento de Diego Santilli, aunque el escándalo ha dejado al descubierto fracturas internas que no desaparecerán con un cambio de nombre.

La renuncia de Manuel Adorni llegó el sábado como el desenlace de una caída que se había extendido durante meses. Javier Milei aceptó finalmente lo que había rechazado semanas atrás: la salida de uno de sus colaboradores más cercanos, investigado por la Justicia por presunto enriquecimiento ilícito casi desde el inicio de la gestión. En su carta de despedida, publicada en redes sociales, Adorni responsabilizó a los medios de comunicación, denunciando «los interminables ataques mediáticos» que lo habían llevado a pedir al presidente que lo acompañara en este paso al costado.

Lo que quebró la resistencia de Milei no fue un solo gasto escandaloso sino una acumulación de revelaciones. Adorni había utilizado el avión presidencial para viajes con su esposa, realizado pagos en efectivo de 250.000 dólares sin factura para reformar una vivienda, y comprado equipos de videojuegos por unos 4.500 dólares usando las tarjetas de crédito de dos subordinados. La investigación judicial también señalaba el uso de otra empleada para pagar somieres y sábanas por el equivalente a 6.800 dólares. Poco antes del Mundial, rectificó dos declaraciones patrimoniales anteriores para incluir medio millón de dólares que había omitido, atribuyéndolos a inversiones en criptomonedas de casi una década atrás —contradiciendo sus propias afirmaciones públicas ante periodistas y ante el Congreso.

El escándalo se volvió políticamente insostenible. Ocho de cada diez argentinos pedían su renuncia, aliados parlamentarios amenazaban con una moción de censura, y dentro del propio partido crecía la incomodidad: Adorni encarnaba exactamente la imagen de la «casta» que Milei había prometido combatir. El golpe final llegó cuando Karina Milei le retiró su apoyo en privado, aunque públicamente lo elogió. El escándalo había despojado al Gobierno del control de su agenda mediática, opacando datos económicos favorables e impidiendo la aprobación de leyes prioritarias.

Ahora el Gobierno debe designar un sucesor. El nombre que circula con más fuerza es el de Diego Santilli, actual ministro del Interior, cuya llegada podría ayudar a recuperar el control político. Pero el caso Adorni ha dejado expuestas vulnerabilidades internas que un simple cambio de funcionario difícilmente podrá cerrar.

La renuncia de Manuel Adorni, jefe de Gabinete de Argentina, llegó el sábado como el desenlace inevitable de una caída que se había extendido durante meses. Javier Milei aceptó finalmente lo que había rechazado semanas atrás: la salida de uno de sus colaboradores más cercanos, un hombre investigado por la Justicia por presunto enriquecimiento ilícito casi desde el inicio de la gestión. Adorni anunció su partida a través de una carta dirigida al presidente, publicada en redes sociales, donde escribió: "Gracias por esta vez sí haber aceptado mi renuncia al cargo". En el mismo comunicado, responsabilizó a los medios de comunicación de su decisión, denunciando "los interminables ataques mediáticos" que lo habían llevado a pedir al presidente que lo acompañara en este paso al costado para "cerrar este ciclo" y proteger a su familia.

Lo que finalmente quebró la resistencia de Milei no fue un gasto espectacular sino una acumulación de revelaciones que pintaban un cuadro de conducta sistemática. Adorni había utilizado el avión presidencial para viajes con su esposa, Betina Angeletti. Había realizado pagos en efectivo sin factura de 250.000 dólares para reformar una de sus dos viviendas adquiridas como funcionario. Pero fue un gasto mucho menor el que terminó de sellar su destino: la compra de un monitor y dos proyectores para videojuegos por aproximadamente 4.500 dólares en agosto del año anterior, realizada online desde su cuenta pero utilizando las tarjetas de crédito de dos de sus empleados. La investigación judicial también señalaba que había usado a otra empleada para realizar un pago de 8,1 millones de pesos —unos 6.800 dólares en ese momento— por somieres y sábanas.

El escándalo había crecido en capas. Adorni presentó su última declaración patrimonial poco antes del Mundial, rectificando las dos anteriores para incluir medio millón de dólares que había omitido. Explicó que el dinero provenía de inversiones en criptomonedas casi una década atrás. Pero sus propias declaraciones revelaban que había mentido públicamente. En marzo, aseguró a periodistas que tenía todos sus papeles en regla. En abril, ante el Congreso, insistió en que su patrimonio estaba completamente declarado. Desde el palco de la Cámara de Diputados, Milei lo vitoreaba.

La presión política y mediática se había vuelto insostenible. Ocho de cada diez argentinos querían su renuncia según las encuestas. Sus aliados parlamentarios amenazaban con una moción de censura. Incluso dentro de su propio partido, los funcionarios estaban preocupados: Adorni encarnaba exactamente la imagen de esa casta política que Milei había prometido combatir al llegar al poder. Un funcionario que viajaba en avión privado a Punta del Este, que hacía pagos en efectivo imposibles de justificar con sus ingresos, que usaba a sus subordinados para realizar compras. El golpe final llegó cuando Karina Milei, la hermana del presidente y secretaria de Presidencia, le retiró su apoyo. Aunque públicamente la calificó de "persona íntegra, valiosa y muy querida", en privado había dejado de protegerlo.

La semana anterior a su renuncia, Milei había intentado contener el daño reemplazando a Adorni como portavoz con Adrián Ravier, un economista de la Fundación Faro. Los jefes de bloque del oficialismo en Diputados maniobró para frenar los pedidos opositores de interpelación. Pero los nuevos gastos conocidos de Adorni reabrieron el escándalo que había despojado al Gobierno del control de su propia agenda mediática, opacando datos económicos favorables como el superávit comercial récord y la caída de la inflación, e impidiendo la aprobación de leyes que el Ejecutivo impulsaba.

Ahora el Gobierno debe anunciar quién ocupará el cargo. El nombre que circula con más fuerza es el de Diego Santilli, actual ministro del Interior y uno de los funcionarios más experimentados del Gabinete. Su llegada podría permitir que la administración recupere el control de la agenda política, aunque el escándalo de Adorni ha dejado expuestas las vulnerabilidades internas de la coalición gobernante.

Gracias por esta vez sí haber aceptado mi renuncia al cargo
— Manuel Adorni, en su carta de renuncia
Los interminables ataques mediáticos que he soportado me han llevado a tener que pedirle que esta vez me acompañe
— Manuel Adorni, responsabilizando a la prensa
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué Milei tardó tanto en aceptar la renuncia si la presión era tan clara?

Model

Adorni era su hombre de confianza desde antes de llegar al poder. Milei lo había desplazado del puesto de portavoz pero se aferraba a mantenerlo en el Gabinete. Solo cuando su propia hermana lo abandonó, cuando vio que sus propios aliados amenazaban con votar en su contra, no tuvo opción.

Inventor

¿Qué hace que este escándalo sea diferente de otros en gobiernos anteriores?

Model

No es solo el dinero. Es que Milei llegó prometiendo acabar con la casta política corrupta, con los funcionarios que se enriquecían en el poder. Adorni era la prueba de que eso no estaba sucediendo. Era su propio hombre haciendo exactamente lo que criticaba.

Inventor

El dinero de las criptomonedas que Adorni dijo haber invertido hace una década, ¿alguien lo verificó?

Model

Eso es lo que él afirmó. Pero el patrón de mentiras anteriores —en marzo dijo que tenía todo en regla, en abril lo repitió ante el Congreso— hizo que nadie le creyera. Prefirió ser investigado por evasión fiscal que por corrupción.

Inventor

¿Qué pasa ahora con la investigación judicial?

Model

Continúa. Su renuncia no cierra nada legalmente. Sigue siendo investigado por presunto enriquecimiento ilícito. La Justicia tiene meses de trabajo por delante.

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¿Y Santilli puede limpiar esta imagen?

Model

Tiene experiencia, eso es seguro. Pero el daño ya está hecho. El Gobierno perdió meses de agenda política por esto. Santilli hereda un Gabinete que necesita reconstruir confianza.

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