Quedan ocho años para encontrarlo antes de que la justicia sea legalmente imposible
Casi tres décadas después de uno de los crímenes más perturbadores de la historia reciente de España, la policía relanza la búsqueda de Antonio Anglés, el hombre acusado de secuestrar, violar, torturar y asesinar a tres adolescentes en Alcásser en 1992. Un exhaustivo informe criminológico sugiere que Anglés no murió en su huida, sino que llegó con vida a Irlanda en marzo de 1993, donde su rastro se perdió. El tiempo apremia: en 2029 prescribirán los delitos, y con ellos, la posibilidad de que tres familias encuentren justicia tras casi treinta años de espera.
- Un informe de más de 50 páginas, elaborado durante más de un año por criminólogos e investigadores, revive con nueva evidencia forense el caso más doloroso de la España contemporánea.
- El ADN de Anglés encontrado en dos ubicaciones distintas demuestra que estuvo vivo semanas después de los crímenes, desmontando la teoría de que murió en su huida.
- Testimonios de la tripulación del barco City of Plymouth y análisis espacio-temporales apuntan a que Anglés desembarcó en Dublín el 24 de marzo de 1993, no al mar.
- La policía española ha solicitado formalmente una nueva campaña de captura, difundiendo reconstrucciones de su rostro envejecido a los 54 años.
- El reloj corre inexorable: si no es encontrado antes del 14 de diciembre de 2029, los cuatro delitos que se le imputan prescribirán y no podrá ser juzgado jamás.
El 27 de enero de 1993, dos apicultores hallaron en un barranco cerca de Valencia los cuerpos de tres adolescentes que habían desaparecido 75 días antes. Desirée Hernández, Míriam García y Toñi Gómez, de 14 y 15 años, habían salido a hacer autostop en Alcásser la noche del 13 de noviembre de 1992. Subieron a un coche. Dentro estaban Antonio Anglés y su amigo Miguel Ricart. Lo que siguió —el secuestro, la violación, la tortura, el asesinato— sacudió a España de una manera que no se ha olvidado.
Ricart fue detenido, juzgado y condenado en 1997 a 107 años de prisión. Salió libre en 2013. Anglés, en cambio, desapareció sin dejar rastro. Durante casi tres décadas, su destino ha sido un misterio: ¿vivo o muerto?
Ahora, la policía española ha relanzado la búsqueda respaldada por el llamado Proyecto Prometeo, un informe de más de 50 páginas elaborado por la Asociación Laxshmi que analiza 15 escenarios de huida. El documento, fruto de más de un año de trabajo con testigos, fotografías, vídeos y análisis forenses, concluye que Anglés no murió. Su ADN fue hallado en dos propiedades distintas, lo que prueba que estuvo vivo al menos hasta el 7 de febrero de 1993. Más aún: basándose en testimonios de la tripulación del barco City of Plymouth y en perfiles geográficos, los investigadores afirman que probablemente llegó con vida a Dublín el 24 de marzo de 1993.
Anglés nació en São Paulo en 1966, mide 1,75 metros, tiene ojos azules y tatuajes distintivos. Si vive, tendría hoy 54 años. La policía ha difundido una reconstrucción de su rostro envejecido. Pero el tiempo se agota: el 14 de diciembre de 2029, los delitos prescribirán. Después de esa fecha, encontrarlo no servirá de nada ante la ley. Las familias de tres niñas llevan casi 29 años esperando justicia.
En la mañana del 27 de enero de 1993, dos apicultores que recorrían un barranco cerca de Valencia encontraron tres cuerpos semienterrados. Setenta y cinco días antes, tres adolescentes habían desaparecido en la localidad de Picassent después de salir a una fiesta. Sus nombres eran Desirée Hernández, Míriam García y Toñi Gómez. Tenían 14 y 15 años. Lo que sucedió en esos 75 días —el secuestro, la violación, la tortura, el asesinato— conmocionó a España de una manera que no se olvidaría.
La noche del 13 de noviembre de 1992, las tres chicas salieron de casa de una amiga en Alcásser para ir a una discoteca. La distancia era apenas dos kilómetros. Decidieron hacer autostop y subirse a un coche. Dentro estaban Antonio Anglés, de 26 años, y su amigo Miguel Ricart. Nunca llegaron a la discoteca. Cuando la Guardia Civil llegó a casa de la familia Anglés días después, encontró una receta médica de Enrique Anglés en el lugar del crimen. Enrique fue descartado rápidamente. Su hermano Antonio, sin embargo, había desaparecido. De la noche a la mañana, se había ido.
Miguel Ricart fue detenido y se convirtió en el primer acusado. Sus declaraciones fueron contradictorias a lo largo de los años —seis versiones diferentes—, pero en 1997 fue condenado a 107 años de prisión por su participación en los crímenes. Salió en libertad en 2013. Antonio Anglés, en cambio, nunca fue encontrado. Durante casi 29 años, su paradero ha sido un misterio. ¿Está vivo o muerto? Nadie lo sabe con certeza.
Ahora, casi tres décadas después, la policía española ha relanzado la búsqueda. El 4 de noviembre, solicitaron al Juzgado de Instrucción Número 6 de Alzira una nueva campaña de captura. Lo que impulsó esta decisión fue un informe de más de 50 páginas entregado por la Asociación Laxshmi para la Lucha Contra el Crimen y la Prevención. El documento, bautizado como Proyecto Prometeo y dirigido por el criminólogo Félix Ríos junto con otros investigadores, analiza 15 escenarios posibles por los que Anglés pudo haber escapado. Durante más de un año, el equipo entrevistó a testigos de la época, revisó fotografías y vídeos antiguos, realizó tomas con dron e infografías de los lugares.
Lo que el informe sugiere es que Anglés no murió como se ha especulado durante décadas. Poco después de los crímenes, se supo que había huido en un barco hacia Irlanda. Su pista se perdió allí. Pero los nuevos análisis forenses muestran que su ADN fue encontrado en una caseta de Alborache y un chalé de Benaguasil, lo que demuestra que estuvo vivo al menos hasta el 7 de febrero de 1993. El informe va más allá: basándose en testimonios de la tripulación del barco City of Plymouth, en perfiles geográficos y en análisis espacio-temporales, los investigadores concluyen que Anglés probablemente llegó con vida a Dublín el 24 de marzo de 1993. No se lanzó por la borda del barco como se había especulado. Llegó a tierra.
Antonío Anglés nació el 25 de julio de 1966 en São Paulo, Brasil. Mide 1,75 metros, tiene los ojos azules y varios tatuajes distintivos: un esqueleto con guadañas en el brazo derecho, la leyenda "Amor de madre" en el brazo izquierdo, y una mujer china con sombrilla en el antebrazo izquierdo. Tiene un quiste sebáceo junto a la nuez. Si está vivo, tendría 54 años hoy. La policía ha difundido una reconstrucción de su rostro envejecido.
Quedan ocho años. El 14 de diciembre de 2029, los cuatro delitos que se le imputan —secuestro, violación, torturas y asesinato— prescribirán. Después de esa fecha, aunque lo encuentren, no podrá ser juzgado. Es una carrera contra el tiempo. La nueva campaña de búsqueda, respaldada por el juzgado, intenta encontrarlo antes de que sea demasiado tarde. Tres niñas de 14 y 15 años merecen justicia. Sus familias llevan casi 29 años esperando.
Citações Notáveis
Los investigadores establecen la posibilidad de que Anglés no se lanzara por la borda del barco, como se ha especulado durante todos estos años, sino que llegara con vida a Dublín— Informe del Proyecto Prometeo
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué relanzar la búsqueda ahora, después de casi 30 años?
Porque hay evidencia nueva que sugiere que Anglés llegó vivo a Irlanda. Durante décadas se asumió que se había suicidado en el barco. Este informe de 50 páginas cambia esa narrativa.
¿Qué tipo de evidencia?
ADN encontrado en dos lugares después de que supuestamente había huido. Testimonios de la tripulación del barco que nunca se habían analizado completamente. Un análisis geográfico que muestra cómo pudo haber llegado a Dublín el 24 de marzo de 1993.
¿Y si está muerto?
Entonces nunca sabremos dónde murió, cuándo, bajo qué circunstancias. Sus familias nunca tendrán respuestas. Pero si está vivo, hay ocho años para encontrarlo antes de que los delitos prescriban.
¿Qué significa que prescriban?
Que después del 14 de diciembre de 2029, aunque lo encuentren, no podrá ser procesado. Los crímenes serían legalmente olvidados. Es por eso que la urgencia es real.
¿Cómo se escapa alguien así durante 30 años?
Con dinero, con ayuda, con una nueva identidad. Irlanda en los años 90 no tenía los sistemas de vigilancia de hoy. Un hombre con tatuajes distintivos puede cambiar de apariencia, puede vivir en los márgenes. Es posible.
¿Qué pasa con Miguel Ricart?
Fue condenado a 107 años pero salió en libertad en 2013. Sus declaraciones fueron contradictorias durante años. Pero Anglés fue quien desapareció, quien huyó. Eso dice algo.