Los mosquitos no desarrollan inmunidad a repelentes en la naturaleza, según experto

En la naturaleza es imposible que se replique esa situación de laboratorio
El microbiólogo Raúl Rivas explica por qué los hallazgos de laboratorio sobre mosquitos no representan una amenaza real.

Cada verano, la inquietud regresa junto a los mosquitos: ¿podrían volverse inmunes a nuestros repelentes? Un catedrático de Microbiología de la Universidad de Salamanca responde que, aunque la ciencia ha demostrado en laboratorio que estos insectos pueden asociar el DEET con recompensas, las condiciones del mundo real hacen que ese aprendizaje sea imposible de consolidar. La naturaleza, con su complejidad y ausencia de recompensas garantizadas, protege la eficacia de nuestras defensas mejor de lo que el miedo nos haría creer.

  • Un estudio publicado en la Journal of Experimental Biology encendió alarmas al mostrar que mosquitos del dengue pueden aprender a tolerar el DEET en condiciones de laboratorio.
  • La inquietud pública creció ante la posibilidad de que el repelente más usado en el mundo perdiera su eficacia frente a insectos cada vez más adaptados.
  • El experto Raúl Rivas interviene para separar el hallazgo científico de su aplicación real: en la naturaleza, el cuerpo entero del mosquito rechaza los químicos y nunca existe la recompensa que consolida el aprendizaje.
  • Además, los comportamientos aprendidos no se heredan genéticamente, lo que descarta cualquier escenario de inmunidad colectiva entre generaciones.
  • La prevención sigue siendo efectiva con herramientas simples: renovar el repelente periódicamente, usar ropa de manga larga en colores claros y evitar zonas húmedas al anochecer.

Un estudio reciente generó alarma al revelar que los mosquitos del dengue pueden, en laboratorio, aprender a asociar el DEET —el repelente más extendido del mundo— con una recompensa, transformando lo que antes los repelía en algo atractivo. La pregunta que siguió fue inevitable: ¿estamos ante el fin de nuestras defensas químicas contra estos insectos?

Raúl Rivas, catedrático de Microbiología en la Universidad de Salamanca, ofrece una respuesta tranquilizadora. Sí, esa asociación es posible bajo condiciones controladas. Pero en la naturaleza, el mosquito no solo percibe el repelente por el olfato: todo su cuerpo reacciona a los químicos del producto, generando múltiples capas de rechazo. Y, sobre todo, en el mundo real no existe la recompensa consistente que haría falta para que ese aprendizaje se consolidara.

Incluso si una hembra lograra ese aprendizaje individual, no podría transmitirlo a su descendencia. Los mosquitos no heredan conductas aprendidas. Y para quienes prefieran evitar el olor característico del DEET, existen alternativas como la icaridina con igual eficacia.

Rivas recuerda también que la prevención eficaz se apoya en gestos cotidianos: evitar riberas y humedales al anochecer, vestir manga larga en colores claros —el negro y el rojo atraen más a estos insectos, que también se guían por señales visuales— y, sobre todo, renovar el repelente a lo largo del día, igual que se reaplicaría la crema solar. Finalmente, desmiente el mito de la sangre dulce: los mosquitos responden a una combinación compleja de señales químicas, visuales y térmicas, no a la composición del azúcar en sangre.

Un reciente estudio científico publicado en la Journal of Experimental Biology ha generado cierta inquietud: mosquitos del dengue expuestos al DEET, el repelente de insectos más común, pueden aprender a asociar ese químico desagradable con la comida. La implicación parece clara y preocupante: ¿podrían los mosquitos volverse inmunes a nuestras defensas y comenzar a sentirse atraídos por lo que antes los repelía? Raúl Rivas, catedrático de Microbiología en la Universidad de Salamanca, tiene una respuesta tranquilizadora pero matizada. Sí, dice, los mosquitos pueden hacer esa asociación en un laboratorio bajo condiciones controladas. No, añade, eso nunca sucederá en el mundo real.

La distinción es crucial. En el ambiente controlado de un experimento científico, donde los investigadores pueden manipular variables con precisión, un mosquito puede efectivamente vincular un olor desagradable con una recompensa, transformando una experiencia negativa en positiva. Pero la naturaleza no funciona así. Rivas explica que en la vida cotidiana, el mosquito no solo experimenta rechazo olfativo al repelente. Su cuerpo entero reacciona a los químicos presentes en el producto, generando múltiples capas de repulsión que van mucho más allá del olfato. Además, en la naturaleza no hay una recompensa consistente esperando al mosquito que se atreva a acercarse a alguien protegido con DEET. Sin esa recompensa, la asociación que el insecto podría hacer en laboratorio simplemente no tiene razón de ser.

El experto va más lejos en su análisis. Incluso en el improbable escenario de que una hembra mosquito aprendiera a asociar el DEET con algo positivo, ese aprendizaje no se transmitiría a las generaciones futuras. Los mosquitos no heredan comportamientos aprendidos de esa manera. Además, el DEET no es la única opción disponible. Existen alternativas como la icaridina que ofrecen la misma eficacia sin el olor característico del DEET, lo que elimina cualquier posibilidad de que los insectos desarrollen una asociación negativa con ese componente específico.

Con la amenaza de la inmunidad descartada, Rivas enfatiza que la prevención contra los mosquitos en el verano se basa en principios simples pero efectivos. Lo primero es el sentido común: evitar zonas húmedas como riberas, ríos, charcas y humedales, especialmente durante el anochecer y la noche cuando los mosquitos son más activos. La ropa también juega un papel importante. Las mangas largas y los pantalones actúan como barrera física, mientras que los colores claros son preferibles a los oscuros. El negro atrae más a los mosquitos, seguido del rojo, porque estos insectos no solo dependen del olfato para localizar a sus víctimas sino también de señales visuales.

Un detalle que muchas personas pasan por alto es la renovación periódica del repelente. Así como la crema solar pierde efectividad con el tiempo y requiere reaplicación, los repelentes también se degradan. Una sola aplicación por la mañana no proporciona protección durante todo el día. El producto se disuelve, se evapora y pierde potencia, por lo que es necesario reaplicarlo regularmente para mantener la barrera química efectiva.

Finalmente, Rivas aborda un mito persistente que ha circulado durante años: la idea de que los mosquitos se sienten más atraídos por las personas con sangre más dulce. Esta creencia no tiene base científica sólida y forma parte de la desinformación que rodea a estos insectos. La realidad es que los mosquitos responden a una combinación compleja de factores químicos, visuales y de temperatura, no a la dulzura de la sangre. Entender esto correctamente es fundamental para desarrollar estrategias de prevención realistas y efectivas.

Este trabajo científico demuestra que en unas condiciones controladas en un laboratorio un mosquito ha podido asociar el repelente a una recompensa, pero esa situación en la naturaleza es imposible que se replique
— Raúl Rivas, catedrático de Microbiología de la Universidad de Salamanca
Aunque aprendieran a asociar al DEET con la comida como algo positivo, que es improbable, hay que recordar que todavía quedarían otros repelentes como la icaridina, que están eficaz como el DEET y además no huele
— Raúl Rivas
The Hearth Conversation Another angle on the story
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¿Por qué entonces ese estudio de laboratorio causó tanta preocupación si la situación nunca podría ocurrir en la naturaleza?

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Porque los titulares pueden ser alarmantes sin contexto. Un hallazgo científico legítimo en condiciones controladas se interpretó como una amenaza real a los repelentes, cuando en realidad el laboratorio es un mundo completamente diferente al exterior.

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¿Qué hace que la naturaleza sea tan diferente del laboratorio en este caso?

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En el laboratorio, los investigadores pueden aislar variables. Pueden exponer un mosquito al DEET una y otra vez, siempre seguido de comida. En la naturaleza, el mosquito experimenta múltiples formas de rechazo simultáneamente, y nunca hay una recompensa esperándolo. Sin esa recompensa consistente, no hay razón para que el insecto cambie su comportamiento.

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¿Y si algunos mosquitos aprendieran de todas formas? ¿No podrían transmitir ese conocimiento?

Model

No. Los mosquitos no heredan comportamientos aprendidos. Cada generación comienza desde cero. Incluso si una hembra individual aprendiera algo, sus crías no lo sabrían.

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Entonces, ¿el DEET seguirá siendo efectivo indefinidamente?

Model

Sí, pero con una salvedad importante: tienes que usarlo correctamente. Reaplicarlo regularmente, evitar zonas donde los mosquitos prosperan, usar ropa protectora. El repelente es una herramienta, no una solución mágica.

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¿Y si alguien prefiere no usar DEET por alguna razón?

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Hay alternativas como la icaridina que funcionan igual de bien y sin el olor. Pero lo fundamental es que ningún repelente pierde eficacia porque los mosquitos desarrollen inmunidad. Eso simplemente no sucede.

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