Muere el Niño Guerrero, líder del Tren de Aragua, en operativo estadounidense en Venezuela

La organización dirigida por Guerrero fue responsable de múltiples delitos graves incluyendo homicidios, secuestros, trata de personas con fines de explotación sexual y violencia sistemática contra reclusos que no pagaban extorsiones.
Desde una cárcel con piscina y discoteca, dirigía una organización criminal internacional
Guerrero operaba desde Tocorón, donde vivía con lujos mientras extorsionaba a miles de reclusos.

Héctor Guerrero Flores, conocido como el Niño Guerrero, murió a los 42 años en un operativo estadounidense ejecutado en Venezuela, poniendo fin a una década de ascenso criminal que convirtió al Tren de Aragua en una de las organizaciones delictivas más temidas del hemisferio. Lo que comenzó como una banda de extorsión en los pasillos de una cárcel venezolana se transformó, bajo su conducción, en una red transnacional presente en al menos siete países. Su muerte plantea preguntas que trascienden lo policial: cómo un hombre tan visible pudo operar con tanta impunidad durante tanto tiempo, y qué revela eso sobre las complicidades que lo sostuvieron.

  • Un operativo del Comando Sur de Estados Unidos en territorio venezolano eliminó al líder criminal más buscado de América Latina, en una acción que el presidente Trump calificó de 'rápida y letal'.
  • Guerrero había construido un feudo dentro de la cárcel de Tocorón —con piscina, zoológico y discoteca— desde donde extorsionaba a más de 5.000 reclusos y generaba 3,5 millones de dólares anuales con total impunidad.
  • En 2023 escapó del penal a través de cinco kilómetros de túneles justo antes de una intervención masiva, alimentando sospechas de que funcionarios del Estado venezolano lo protegían activamente.
  • El Tren de Aragua había sido declarado organización terrorista por Estados Unidos y Argentina, y sus tentáculos abarcaban narcotráfico, trata de personas, lavado de dinero con criptomonedas y tráfico de armas en dos continentes.
  • Su muerte abre un vacío de poder en una estructura criminal que él mismo forjó, y deja sin respuesta la pregunta más incómoda: qué sucederá ahora con la organización que sobrevive a su fundador.

Héctor Rusthenford Guerrero Flores tenía 42 años cuando un operativo estadounidense en Venezuela puso fin a su vida y, con ella, a una década de expansión criminal sin precedentes en América Latina. El presidente Trump confirmó la noticia describiendo la acción como una operación del Comando Sur llevada a cabo junto a sus 'amigos de Venezuela'.

Guerrero construyó su poder desde adentro de una prisión. El Centro Penitenciario de Aragua, conocido como cárcel de Tocorón, fue durante años su cuartel general: un recinto que desafiaba toda lógica carcelaria con piscina, zoológico, discoteca y hasta un banco. Desde allí dirigía un sistema de extorsión semanal llamado 'la causa', que recaía sobre los más de 5.000 reclusos y generaba cerca de 3,5 millones de dólares al año. Quienes se negaban a pagar sufrían violencia, hambre forzada y castigos físicos. Según investigaciones periodísticas, Guerrero podía salir del penal cuando quería y aparecía en yates frente a las costas venezolanas, lo que sugería complicidades en los más altos niveles del Estado.

En septiembre de 2023, unos 11.000 efectivos intervinieron Tocorón, pero el Niño Guerrero escapó antes de ser capturado, utilizando una red de túneles de cinco kilómetros que desembocaba en el lago de Valencia. Su fuga reforzó las sospechas de que había recibido ayuda oficial.

Bajo su liderazgo, el Tren de Aragua dejó de ser una banda local para convertirse en una organización transnacional con presencia en Colombia, Perú, Chile, Brasil, México, España y Estados Unidos. Sus actividades incluían narcotráfico —con toneladas de cocaína enviadas hacia Norteamérica custodiadas por hombres armados con AK-47 y granadas—, trata de personas, lavado de dinero mediante criptomonedas y tráfico de armas. La justicia estadounidense lo acusaba de operar en coordinación con el Cártel de los Soles, vinculado a altos funcionarios venezolanos.

En 2025, el Departamento del Tesoro lo sancionó y tanto Estados Unidos como Argentina lo declararon formalmente terrorista. Su muerte marca un punto de inflexión, aunque deja abiertas las preguntas más difíciles: cómo alguien tan visible pudo evadir la captura durante casi tres años, y qué futuro aguarda a la organización que él construyó y que ahora deberá sobrevivir sin él.

Héctor Rusthenford Guerrero Flores tenía 42 años cuando murió en un operativo estadounidense en territorio venezolano. El presidente Donald Trump confirmó la noticia el viernes, describiéndola como una operación "rápida y letal" llevada a cabo por el Comando Sur de Estados Unidos en colaboración con lo que llamó sus "amigos de Venezuela". Con esa muerte terminaba una década de ascenso criminal que había transformado al Niño Guerrero, como era conocido, en uno de los delincuentes más buscados de América Latina.

Guerrero Flores construyó su imperio desde adentro de una prisión. Durante años, el Centro Penitenciario de Aragua, conocido como cárcel de Tocorón, fue su base de operaciones. No era un preso común. Según investigaciones de la periodista Ronna Rísquez, el penal contaba con amenidades que desafiaban toda lógica carcelaria: una piscina, un zoológico, un campo de béisbol, una sala de apuestas, un banco y una discoteca llamada Tokio donde se presentaban artistas reconocidos. Desde ese lugar, Guerrero dirigía las operaciones del Tren de Aragua mediante un sistema de extorsión semanal llamado "la causa", que debían pagar los más de 5.000 reclusos. Ese mecanismo generaba aproximadamente 3,5 millones de dólares anuales. Quienes se negaban a pagar enfrentaban castigos que incluían violencia, hambre forzada y dormir a la intemperie.

La impunidad de Guerrero en Tocorón sugería complicidad de alto nivel. Según Rísquez, podía salir de la cárcel cuando quería, incluso aparecía en yates en las playas venezolanas. Esa aparente libertad dentro de la prisión terminó en septiembre de 2023, cuando aproximadamente 11.000 efectivos venezolanos intervinieron el penal. Pero el Niño logró escapar antes de que los operativos lo atraparan, utilizando una red de túneles de unos cinco kilómetros que desembocaba en el lago de Valencia. Su fuga alimentó las sospechas de que funcionarios estatales lo habían ayudado.

Lo que comenzó en los años 2000 como una banda dedicada a la extorsión y el soborno evolucionó bajo el mando de Guerrero hasta convertirse en una estructura criminal transnacional. El Tren de Aragua operaba en Colombia, Perú, Chile, Brasil, México, España y Estados Unidos. Sus actividades abarcaban narcotráfico, trata de personas con fines de explotación sexual, secuestros, homicidios, lavado de dinero mediante criptomonedas y tráfico de armas. La Justicia estadounidense lo acusaba de coordinar operaciones con el Cártel de los Soles, una organización de narcotráfico integrada, según Washington, por altos funcionarios venezolanos. Según la acusación presentada en el Distrito Sur de Nueva York, Guerrero facilitaba el envío de toneladas de cocaína hacia Estados Unidos y utilizaba grupos armados equipados con fusiles AK-47 y granadas para custodiar los cargamentos.

Desde su fuga en 2023, Guerrero permaneció prófugo con órdenes de captura en distintos países y recompensas millonarias ofrecidas por gobiernos como el de Perú. En 2025, el Departamento del Tesoro estadounidense lo incluyó en su lista de sancionados. Para Washington, el Tren de Aragua había dejado de ser una pandilla para convertirse en una organización terrorista extranjera y una amenaza para la seguridad regional. En febrero de 2025, el gobierno argentino de Javier Milei declaró formalmente a la organización como terrorista, argumentando en el decreto presidencial que representaba "una amenaza seria y multifacética para la seguridad nacional".

Su muerte marca un punto de inflexión en la lucha contra el crimen organizado regional, aunque su captura había sido esquiva durante casi tres años. Lo que queda sin respuesta es cómo un hombre que operaba desde una cárcel con tanta visibilidad, que viajaba en yates, que dirigía una organización criminal de alcance internacional, logró evadir la captura durante tanto tiempo. Y qué sucederá ahora con la estructura del Tren de Aragua, una organización que bajo su liderazgo se había convertido en una de las más poderosas y violentas de América Latina.

Operación rápida y letal
— Presidente Donald Trump, confirmando la muerte de Guerrero
La organización Tren de Aragua representa una amenaza seria y multifacética para la seguridad nacional
— Decreto presidencial del gobierno argentino de Javier Milei, febrero 2025
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
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¿Cómo es posible que alguien dirija una organización criminal desde adentro de una cárcel?

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Tocorón no era una cárcel común. Tenía piscina, zoológico, discoteca. Guerrero no estaba encarcelado en el sentido tradicional. Estaba viviendo ahí, con autoridad sobre miles de personas.

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¿Y nadie lo detuvo antes?

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Lo intentaron en 2023 con 11.000 efectivos. Pero él ya había desaparecido a través de túneles. Eso sugiere que alguien lo advirtió.

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¿Quién se beneficiaba de mantenerlo libre?

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El sistema generaba 3,5 millones de dólares anuales en extorsión. Funcionarios venezolanos, guardias, autoridades del régimen. Muchas personas tenían interés en que continuara.

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¿Por qué tardó tanto en ser capturado?

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Porque operaba desde adentro de una estructura estatal. Cuando escapó en 2023, desapareció en territorio donde tenía protección. Tres años es mucho tiempo para esconderse cuando tienes recursos y conexiones.

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¿Qué cambia ahora con su muerte?

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Es simbólico. Pero el Tren de Aragua sigue existiendo en siete países. Su muerte no disuelve la organización. Solo elimina a un hombre.

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