Influenza B gana presencia en invierno: síntomas y grupos de riesgo

Potencial riesgo de hospitalización y muertes en grupos vulnerables si no se vacunan oportunamente.
La vacuna no previene completamente, pero reduce las formas graves
La infectóloga María Luz Endeiza explica el verdadero impacto de la inmunización contra influenza B.

Cada invierno, los virus respiratorios recuerdan a las sociedades su vulnerabilidad compartida. En Chile, la influenza B ha escalado silenciosamente hasta convertirse en el segundo agente viral más activo de la temporada, afectando con especial frecuencia a niños y adolescentes, aunque sin respetar edades. Los especialistas advierten que, mientras la ventana de vacunación permanece abierta, la inacción en los grupos de riesgo puede transformar un cuadro manejable en una crisis de salud personal y colectiva.

  • La influenza B ha escalado al segundo lugar en circulación viral en Chile, desplazando la atención sanitaria que antes se concentraba casi exclusivamente en la influenza A.
  • Niños menores de cinco años, adultos mayores de sesenta y personas con enfermedades crónicas enfrentan riesgo real de hospitalización si contraen el virus sin protección previa.
  • Las bajas coberturas de vacunación en grupos vulnerables generan una brecha peligrosa justo cuando la circulación viral alcanza su punto más alto del año.
  • Aún existe una ventana de oportunidad: los brotes de influenza duran entre ocho y diez semanas, y la vacuna genera protección en diez a quince días, dejando margen para inmunizarse.
  • Mientras la vacuna actúa, el uso de mascarilla, el lavado de manos y evitar espacios cerrados mal ventilados siguen siendo barreras concretas contra la transmisión.

El invierno chileno ha reconfigurado el mapa de virus respiratorios en circulación. La influenza B, históricamente relegada a un segundo plano, ocupa ahora el segundo lugar entre los agentes virales más activos del país, según los reportes recientes del Ministerio de Salud, en un contexto donde las consultas respiratorias han aumentado de forma notable.

La infectóloga Dra. María Luz Endeiza, de la Universidad de los Andes, explica que la influenza B afecta con mayor frecuencia a niños y escolares, y suele presentarse de forma algo más leve que la tipo A, aunque con una particularidad: frecuentemente incluye síntomas digestivos que pueden confundir el diagnóstico inicial. Sin embargo, advierte que esta aparente levedad no debe llevar a la subestimación: ambos tipos de influenza pueden derivar en fiebre alta, dificultad respiratoria severa, neumonía e infecciones bacterianas secundarias que exigen hospitalización.

Los grupos con mayor riesgo de complicaciones graves están bien delimitados: menores de cinco años, mayores de sesenta y quienes conviven con enfermedades crónicas como diabetes, problemas cardíacos o pulmonares. Para ellos, una infección por influenza B puede representar una amenaza seria para su salud.

La especialista subraya que la vacunación sigue siendo la herramienta más eficaz disponible. Aunque no elimina completamente la infección, reduce de manera significativa la probabilidad de cuadros graves y muertes. Y lo más relevante: aún hay tiempo. Un brote típico dura entre ocho y diez semanas; la vacuna tarda entre diez y quince días en generar protección. La ventana sigue abierta. Mientras tanto, el uso de mascarilla, el lavado frecuente de manos y evitar el contacto cercano con personas sintomáticas son medidas simples que mantienen su valor a lo largo de toda la temporada.

El invierno ha traído consigo un cambio en el panorama de virus respiratorios que circulan por Chile. La influenza B, que durante años ocupó un lugar secundario en las preocupaciones sanitarias, ha comenzado a ganar terreno en las últimas semanas, posicionándose ahora como el segundo virus de mayor circulación en el país, según los reportes más recientes del Ministerio de Salud. Este ascenso ocurre en un contexto donde las consultas por problemas respiratorios han aumentado notoriamente, marcando una tendencia que los especialistas seguían con atención.

La Dra. María Luz Endeiza, infectóloga y académica de la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes, explica que aunque existen cuatro tipos de influenza clasificados como A, B, C y D, solo los dos primeros circulan regularmente entre humanos. La influenza B tiene una característica particular: afecta con mayor frecuencia a la población escolar y a niños en general. Sin embargo, esto no significa que sea exclusiva de ese grupo etario. Lo que sí la distingue es que tiende a presentarse de forma algo más leve que su contraparte tipo A, y frecuentemente viene acompañada no solo de síntomas respiratorios clásicos, sino también de manifestaciones digestivas que pueden confundir el diagnóstico inicial.

Pese a esta aparente levedad relativa, la especialista es clara en advertir que no debe subestimarse la gravedad potencial de la enfermedad. Tanto la influenza A como la B pueden desencadenar cuadros severos caracterizados por fiebre alta, tos persistente, dificultad para respirar y dolores musculares intensos que incapacitan al paciente. En una proporción de casos, estos síntomas no se detienen en la infección viral inicial, sino que avanzan hacia complicaciones como neumonía o infecciones bacterianas secundarias que requieren hospitalización.

Los grupos poblacionales que enfrentan el mayor riesgo de desarrollar complicaciones graves son bien identificados: niños menores de cinco años, adultos mayores de sesenta años, y personas que viven con enfermedades crónicas de base como diabetes, obesidad mórbida, problemas cardíacos, trastornos neurológicos o enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Para estas poblaciones, una infección por influenza B no es un inconveniente pasajero, sino una amenaza potencial que puede alterar significativamente su salud.

El aumento de casos durante el invierno responde a factores ambientales y conductuales bien conocidos. Las temperaturas bajas obligan a las personas a pasar más tiempo en espacios cerrados, donde la ventilación es limitada y el contacto cercano entre individuos es inevitable. A esto se suma un factor preocupante: las coberturas de vacunación en varios grupos de riesgo aún no alcanzan los niveles que los epidemiólogos consideran óptimos para contener la propagación viral.

Según Endeiza, la vacuna sigue siendo la herramienta más efectiva disponible en la actualidad. Aunque es verdad que la inmunización no previene completamente la infección ni elimina todos los síntomas, su impacto en la reducción de formas graves de la enfermedad es significativo. Las personas vacunadas que contraen influenza tienden a desarrollar cuadros más leves, con menor probabilidad de requerir hospitalización y, lo más importante, con tasas de mortalidad sustancialmente menores.

Un dato relevante que la académica enfatiza es que aún hay tiempo para vacunarse, incluso cuando la circulación viral ya ha comenzado. Un brote de influenza típicamente se extiende entre ocho y diez semanas, mientras que el sistema inmunológico requiere entre diez y quince días después de recibir la vacuna para desarrollar una protección adecuada. Esto significa que hay una ventana de oportunidad considerable para quienes aún no se han inmunizado.

Mientras la protección vacunal se desarrolla, las medidas preventivas cotidianas mantienen su relevancia. El uso de mascarilla en espacios cerrados, el lavado frecuente de manos, evitar compartir objetos personales como vasos o cubiertos, y mantener distancia de personas con síntomas respiratorios son acciones simples pero efectivas que reducen la transmisión. Endeiza concluye con un llamado directo a la población: hay muchas semanas por delante en esta temporada invernal, y múltiples virus respiratorios seguirán circulando. La vacunación sigue siendo la mejor defensa disponible.

La influenza B tiende a afectar más a niños y adolescentes, aunque puede afectar cualquier edad, tiende a ser un poquito más leve, y a veces acompaña síntomas digestivos además de respiratorios
— Dra. María Luz Endeiza, infectóloga de la Universidad de los Andes
Las vacunas no previenen en forma completa la aparición de síntomas, pero sí disminuyen en forma importante las formas graves, la necesidad de hospitalización y las muertes
— Dra. María Luz Endeiza
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué la influenza B está ganando presencia ahora si siempre ha estado presente?

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Es un patrón estacional. El invierno concentra a las personas en espacios cerrados con mala ventilación, lo que acelera la transmisión. Además, las coberturas de vacunación en grupos vulnerables aún no son suficientes.

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¿Qué hace que la influenza B sea diferente de la A en términos de cómo afecta a las personas?

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La B tiende a afectar más a niños y adolescentes, y suele ser un poco más leve. Pero eso no significa que sea inofensiva. Ambas pueden causar fiebre alta, tos severa y evolucionar a neumonía.

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Si alguien ya está enfermo, ¿todavía tiene sentido vacunarse?

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Sí, porque un brote dura ocho a diez semanas. La vacuna tarda diez a quince días en hacer efecto, así que hay una ventana importante para protegerse antes de que el virus llegue.

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¿Quiénes son realmente los que deben preocuparse más?

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Menores de cinco años, mayores de sesenta, y cualquiera con enfermedades crónicas como diabetes, problemas cardíacos o pulmonares. Para ellos, la influenza no es un resfriado.

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¿Qué pueden hacer las personas en su día a día además de vacunarse?

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Mascarilla en lugares cerrados, lavarse las manos constantemente, no compartir vasos o cubiertos, y evitar el contacto cercano con gente enferma. Son medidas simples pero efectivas.

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¿La vacuna garantiza que no te enfermes?

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No. Pero reduce drásticamente las formas graves, la necesidad de hospitalización y las muertes. Esa es su verdadero valor.

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