Durante casi dos décadas, las criptomonedas se presentaron como una revolución financiera capaz de liberar a la humanidad de los intermediarios y las opacidades del sistema bancario tradicional. Hoy, ese futuro prometido no ha llegado, y el dinero convencional sigue siendo el eje de la economía global. Lo que el análisis revela no es tanto el fracaso de una tecnología, sino el espejo que esa tecnología le tiende al sistema que pretendía reemplazar: los mismos vicios, acelerados.