Desde Pyongyang, el gobierno norcoreano alzó la voz contra un plan de la OTAN para modernizar su red de oleoductos y depósitos de combustible militar en Europa, aprobado en julio tras superar resistencias internas por su elevado coste. Lo que para la alianza atlántica es una actualización de infraestructura heredada de la Guerra Fría, para Corea del Norte representa la señal más explícita hasta la fecha de que Occidente se prepara abiertamente para un conflicto armado. En el fondo de esta disputa retórica late una tensión más antigua: la de un orden internacional que distintos actores leen de
Pyongyang condena la reforma de la red de combustible de la OTAN como preparativos de guerra "sin precedentes"
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