En el aniversario de la liberación de Corea del yugo japonés, Putin elevó su vínculo con Kim Jong-un al rango de asociación estratégica sin precedentes, invocando una fraternidad de combate que se remonta a 1945. Detrás de esa retórica histórica, sin embargo, se despliega una alianza militar activa: armas norcoreanas fluyen hacia el frente ucraniano y decenas de miles de soldados de Pyongyang marchan hacia territorio ruso. Lo que se presenta como herencia compartida es, en el fondo, una transacción de guerra que redefine los contornos del conflicto y proyecta su sombra hasta el Pacífico.
Putin afirmó que la relación de Rusia con el régimen de Corea del Norte alcanzó “un nivel de asociación sin precedentes”
Tropas norcoreanas han sufrido miles de bajas entre muertos y heridos durante operaciones en la región de Kursk; entre 30.000 y 50.000 soldados norcoreanos serían desplazados a territorio ruso.