Cada mañana, al elegir qué ponerse, las personas participan sin saberlo en un acto de construcción del yo. La psicóloga Karen Pine sostiene que accesorios tan cotidianos como la gorra funcionan simultáneamente como declaración de identidad, mecanismo de control emocional y escudo ante la vulnerabilidad. Lo que comenzó como un objeto para protegerse del sol se ha convertido, a lo largo de siglos, en uno de los lenguajes silenciosos más elocuentes de la vida moderna.