Tras el eclipse de agosto, una curiosidad renovada por el cosmos lleva a muchos hogares a preguntarse cómo acercar el universo al dormitorio. La respuesta no está en los vistosos proyectores ambientales —lámparas de colores que hacen ruido y saturan de luz—, sino en los proyectores astronómicos, herederos silenciosos de la diapositiva, que proyectan imágenes científicamente precisas sobre la oscuridad. Entre cuarenta y setenta euros, es posible dormir bajo el mismo cielo que fotografió el Hubble.