La física es bellísima; con ella podría describir casi todo
Oliver Castro, ingeniero civil de 30 años, combina su pasión por One Piece con la enseñanza de física para hacer la materia más accesible y menos compleja. Sus dibujos en el pizarrón se volvieron virales en julio de 2024, acumulando más de 70.000 seguidores y reconocimiento internacional de medios especializados.
- Oliver Castro, ingeniero civil de 30 años, enseña física en Chilpancingo, Guerrero
- Sus pizarrones con personajes de One Piece se volvieron virales en julio de 2024
- Acumuló más de 70.000 seguidores en redes sociales tras la viralización
- Lleva 10 años como profesor, dibujando en pizarrones hace más de 8 años
- El rezago educativo afecta a más de 27 millones de personas en México
Un profesor de Guerrero, México, se vuelve viral en redes sociales por enseñar física integrando personajes y escenas de One Piece en sus pizarrones, logrando mayor engagement y motivación en sus estudiantes.
Una tarde de julio de 2024, Oliver Castro revisó su cuenta de TikTok y notó algo inusual: comentarios y reacciones llegaban en idiomas que no esperaba, desde rincones del mundo que no había imaginado. Al principio dudó. ¿Bots? No. Lo que había sucedido era más simple y más extraño: las fotografías de sus pizarrones, donde explicaba física a través de personajes del manga One Piece, se habían propagado sin que él lo planeara.
Castro es ingeniero civil, tiene 30 años, y enseña matemáticas y física en una preparatoria de Chilpancingo, Guerrero, en el suroeste de México. Sus estudiantes tienen entre 15 y 18 años. Lo que comenzó como un recurso personal para hacer la ciencia menos árida se convirtió en un fenómeno de redes sociales que cruzó fronteras. Sitios especializados en cómics japoneses, medios mexicanos e internacionales, todos amplificaron sus imágenes. Una en particular circuló más que las otras: el pizarrón donde explicaba el tiro parabólico usando a Sogeking, un personaje de la serie, disparando una bandera. En el mismo esquema había vectores, ecuaciones, anotaciones, humor.
La idea no surgió de la nada. Castro percibió un rezago educativo profundo en las escuelas donde trabajaba, un problema que afecta a más de 27 millones de personas en México, con las brechas más severas en Chiapas, Michoacán y Guerrero. Comprendió que los libros solemnes no siempre abren puertas. Así que comenzó a dibujar. Hace poco más de ocho años, de los diez que lleva como profesor, empezó con trazos simples: una pelota, un cohete, objetos cotidianos. "Al inicio los dibujos eran muy feos, lamentables", recuerda. Pero con el tiempo se impuso una exigencia: el pizarrón tenía que verse bien, los estudiantes tenían que entender el diagrama, porque si no, el esfuerzo se volvería contraproducente.
Los años pasaron. Los diagramas mejoraron, los colores se refinaron, la distribución en el pizarrón se volvió más cuidada. Pero la fórmula comenzó a sentirse monótona. Castro estaba profundamente enganchado con One Piece en ese momento. Un día sin clases aprovechó para ver la serie. Llegó un instante de claridad: "guau, lo que estoy viendo es una belleza, quiero que los demás chicos lo vean". No podía pedirles que vieran más de mil episodios. Así que extrajo personajes y escenas relevantes, los integró en sus explicaciones de fenómenos físicos. Una semana después llegó el momento de enseñar tiro parabólico. De los 45 alumnos del grupo, apenas cinco o seis reconocieron a Sogeking. Pero muchos otros se acercaron, dijeron que el dibujo estaba bonito, que les gustaba.
Lo que Castro buscaba era genuinidad. No quería que sus estudiantes sintieran que hacía esto solo para agradarles. "A mí me gusta dar física, amo dar física y la parte de ciencia", dice. Y eso se nota. Después de la pandemia, observó que muchos estudiantes llegaban apáticos, desmotivados, con cierto desdén hacia la ciencia y las matemáticas. Su respuesta no fue discursos largos, que podrían generar el efecto contrario. En cambio, bromeaba, conversaba, contaba historias, incorporaba juegos y dinámicas. Recuerda especialmente a un alumno que era renuente, apático, siempre en su teléfono, con problemas con otros maestros. Cuando Castro comenzó a enseñarle, el chico abrió su cuaderno y vio los dibujitos. Empezó a preguntar, a emocionarse. "No le puedes poner un número a eso", dice Castro con una sonrisa.
Antes de volverse viral, Castro compartía las fotos de sus pizarrones como una base de datos personal. Necesitaba recordar ciertos diagramas y temas que con el tiempo dejaba de explicar con frecuencia. Entraba a su Instagram, revisaba, y podía reconstruir la clase. Sus pizarrones tenían veinte likes, de conocidos, familia, algunos alumnos. De repente pasó a acumular más de 70 mil seguidores. Su historia llegó a Estados Unidos, Brasil, España, Francia, Japón, Corea, Nepal. Con esa popularidad vino el miedo: ¿quedaría encasillado? ¿Pensarían que eso era lo único que sabía hacer? No sucedió. Se abrieron puertas. Invitaciones a conferencias, eventos de divulgación científica, espacios para hablar sobre su método. Incluso la Copa del Mundo le dio oportunidad de explicar conceptos usando goles de Julián Quiñones y Raúl Jiménez en el Estadio Ciudad de México.
Cuando se le pregunta qué imagen le gustaría dejar en sus estudiantes, Castro reflexiona. No se trata tanto de él, dice, sino de la física y la ciencia. "Más que recordarme a mí, me gustaría que recuerden la física, que es bellísima; con la física podría describir casi todo. Que sepan que no es una materia horrible, que no hay que tenerle miedo ni odio, y que si tuvieron una mala experiencia eso no los va a definir".
Citações Notáveis
Al inicio los dibujos eran muy feos, lamentables, pero poco a poco fue una autoexigencia que el pizarrón tenía que verse bien— Oliver Castro
Más que recordarme a mí, me gustaría que recuerden la física, que es bellísima; con la física podría describir casi todo— Oliver Castro
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Cómo fue el momento exacto en que decidiste mezclar One Piece con la física?
Estaba viendo la serie un día sin clases, y de repente vi algo que me pareció hermoso. Pensé que mis estudiantes tenían que verlo también, pero no podía pedirles que vieran mil episodios. Así que empecé a extraer escenas y personajes que funcionaran para explicar lo que estaba enseñando.
¿Sentiste que estabas tomando un riesgo al hacer algo tan diferente?
Claro. Al principio pensé que era una ñoñada lo que hacía. Cuando se volvió viral me abrumó. Pero lo importante era que mis estudiantes sintieran que era genuino, que realmente amaba la física.
¿Qué cambió en tus estudiantes cuando empezaste a usar los dibujos?
El cambio fue notable. Había un chico que era apático, siempre en su teléfono, con problemas con otros maestros. Cuando vio los dibujitos en su cuaderno, empezó a preguntar, a emocionarse. No puedes poner un número a eso.
¿Crees que el problema es que la educación tradicional no conecta con los estudiantes?
Después de la pandemia, muchos llegaban desmotivados, con desdén hacia la ciencia. Los discursos largos no funcionan. Necesitaban ver que la física es bellísima, que pueden describirlo casi todo con ella.
¿Qué esperas que recuerden tus estudiantes de ti?
Honestamente, no quiero que me recuerden a mí. Quiero que recuerden la física. Que sepan que no es una materia horrible, que no hay que tenerle miedo. Si tuvieron una mala experiencia antes, eso no los va a definir.