Los «halcones del norte» presionan para recortar la PAC y Cohesión en el presupuesto de la UE

Presupuestos antiguos contra presupuestos modernos
La división fundamental en las negociaciones del presupuesto europeo refleja dos visiones irreconciliables sobre el futuro de la Unión.

En el corazón de Europa, una vieja tensión resurge con nueva urgencia: los países del norte exigen que el presupuesto comunitario abandone sus pilares históricos —la agricultura y la cohesión territorial— para abrazar las prioridades del siglo XXI, mientras el sur y el este defienden esos mismos pilares como garantía de que ninguna región quede olvidada. La Unión Europea busca salidas creativas, como gravar criptoactivos y juego online para recaudar once mil millones de euros, pero la pregunta de fondo no es contable sino civilizatoria: ¿qué clase de solidaridad quieren compartir los Veintisiete?

  • Los llamados 'halcones del norte' presionan con fuerza para recortar la Política Agrícola Común y los fondos de cohesión, considerándolos reliquias de una Europa que ya no existe.
  • El sur y el este de Europa resisten con igual determinación, advirtiendo que esos recortes profundizarían las desigualdades regionales que precisamente la cohesión intenta corregir.
  • La Comisión Europea propone ampliar los ingresos mediante impuestos sobre criptoactivos y juego online, buscando evitar que el debate se reduzca a quién pierde más.
  • Alemania ocupa el centro del tablero negociador, intentando tender puentes entre visiones opuestas mientras el reloj de la votación final avanza.
  • La estabilidad de las nuevas fuentes fiscales está en duda: varios países cuestionan si los impuestos sobre activos digitales y apuestas pueden sostener compromisos presupuestarios de largo plazo.

En las semanas finales de negociación del presupuesto europeo, un grupo de países del norte —apodados los 'halcones del norte'— ha intensificado su presión para reducir dos de los pilares más longevos del gasto comunitario: la Política Agrícola Común y los fondos de cohesión territorial. Para ellos, estas partidas representan una forma anticuada de entender Europa, y los recursos deberían redirigirse hacia defensa, transición digital e innovación tecnológica.

La postura choca frontalmente con la de los países del sur y el este, que dependen de esos fondos para equilibrar sus economías y territorios. Para ellos, cualquier recorte significativo no sería una modernización sino un abandono, una señal de que la solidaridad europea tiene fecha de caducidad.

Ante el bloqueo, la Comisión Europea ha propuesto una vía alternativa: en lugar de redistribuir un pastel que encoge, ampliarlo mediante nuevos impuestos sobre criptoactivos y juego online, con los que se esperan recaudar unos once mil millones de euros adicionales. La idea tiene lógica, pero también genera resistencias: algunos estados recelan de la armonización fiscal, y otros dudan de que esas fuentes sean lo bastante estables para financiar compromisos a largo plazo.

El trasfondo es más profundo que cualquier cifra. Europa enfrenta simultáneamente las exigencias de la defensa tras la invasión de Ucrania, la transición ecológica y la competencia tecnológica con Estados Unidos y China. Alemania, como actor central, busca fórmulas de compromiso que eviten que el presupuesto se convierta en el campo de batalla donde una visión de Europa derrote definitivamente a la otra. Las próximas semanas dirán si ese equilibrio es todavía posible.

En las últimas semanas de negociación sobre el presupuesto de la Unión Europea, un grupo de países del norte ha comenzado a ejercer presión para reducir dos de los pilares más antiguos del gasto comunitario: la Política Agrícola Común y los fondos de cohesión territorial. Estos países, a los que se refiere la prensa como los «halcones del norte», ven en estas partidas presupuestarias reliquias de una Europa que ya no existe, mientras que otros miembros las defienden como instrumentos esenciales para mantener la solidaridad entre regiones.

La tensión refleja una división más profunda sobre qué debe ser un presupuesto europeo moderno. Para los halcones del norte, la inversión agrícola masiva y los fondos de cohesión representan una forma antigua de entender la política comunitaria, diseñada para una realidad económica y social que ha cambiado radicalmente. Estos países argumentan que los recursos deberían redirigirse hacia prioridades contemporáneas: transición digital, defensa, investigación y tecnología. Para las naciones que dependen más de estos fondos —particularmente en el sur y el este de Europa—, cualquier recorte significativo amenazaría con profundizar las desigualdades regionales que la cohesión precisamente intenta mitigar.

Mientras los Veintisiete se acercan a la votación final, Alemania ha asumido un papel central en las negociaciones, marcando el ritmo de las discusiones y buscando fórmulas de compromiso. La Comisión Europea, por su parte, ha propuesto una estrategia alternativa para resolver el dilema presupuestario: explorar nuevas fuentes de financiación que permitan ampliar los ingresos sin necesariamente recortar programas existentes. Entre estas opciones figuran impuestos sobre criptoactivos y juego online, que podrían generar aproximadamente once mil millones de euros adicionales.

Esta búsqueda de nuevos ingresos refleja la realidad de que el presupuesto europeo enfrenta presiones simultáneas desde múltiples direcciones. La defensa requiere más recursos tras la invasión de Ucrania. La transición ecológica demanda inversión masiva. La competencia tecnológica con Estados Unidos y China exige capacidad de innovación. Al mismo tiempo, los países que históricamente han sido receptores netos de fondos de cohesión y agrícolas no están dispuestos a aceptar recortes sin resistencia.

La propuesta de nuevos impuestos representa un intento de ampliar el pastel en lugar de simplemente redistribuirlo. Sin embargo, también enfrenta sus propios obstáculos políticos. Algunos países ven con recelo la armonización fiscal europea, mientras que otros cuestionan si los impuestos sobre criptoactivos y juego online son herramientas suficientemente estables y predecibles para financiar compromisos presupuestarios a largo plazo.

Lo que está en juego en estas negociaciones va más allá de cifras y porcentajes. Es una pregunta fundamental sobre qué tipo de Unión Europea quieren ser los Veintisiete en los próximos años. ¿Una que mantiene mecanismos de solidaridad territorial heredados del pasado, aunque requieran adaptación? ¿O una que se reinventa completamente alrededor de desafíos contemporáneos, aceptando que algunas regiones quedarán atrás en el proceso? Las próximas semanas mostrarán si Alemania y otros actores clave pueden encontrar una salida que satisfaga a ambos bandos, o si el presupuesto europeo finalmente reflejará el triunfo de una visión sobre la otra.

Los halcones del norte ven la inversión agrícola masiva y los fondos de cohesión como reliquias de una Europa que ya no existe
— Posición de países nórdicos en negociaciones presupuestarias
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
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¿Por qué estos países del norte quieren recortar precisamente la PAC y los fondos de cohesión? ¿No son políticas que benefician a todos?

Model

Porque ven que el dinero está atrapado en estructuras que nacieron en los años cincuenta. Para ellos, invertir en agricultura masiva cuando la tecnología y el comercio global han transformado todo, es tirar dinero al pasado. Quieren que ese dinero vaya a defensa, a chips, a inteligencia artificial.

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Pero si recortan cohesión, ¿no se quedan atrás las regiones más pobres?

Model

Exactamente. Por eso otros países se oponen. Para Polonia, para Rumania, para el sur de España, esos fondos son vitales. Sin ellos, la brecha entre el norte rico y el resto se hace insalvable. Es un conflicto real entre dos visiones de qué es Europa.

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¿Y Alemania qué quiere?

Model

Alemania está en el medio. Necesita mantener la cohesión porque es su vecina, pero también entiende que Europa necesita invertir en competitividad. Por eso está buscando una tercera vía: nuevos impuestos que traigan dinero fresco sin que nadie pierda lo que tiene.

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¿Funcionarán esos impuestos sobre criptoactivos?

Model

Nadie lo sabe realmente. Es dinero que viene de un sector volátil y poco regulado. Algunos países desconfían de que sea suficientemente estable para compromisos a largo plazo. Pero es lo que tienen sobre la mesa ahora.

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¿Cuál es el riesgo si no llegan a un acuerdo?

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Un presupuesto europeo débil justo cuando más lo necesitan: Ucrania, competencia con China, transición climática. O un acuerdo que deja a alguien muy resentido, lo que debilita la unidad política de la Unión.

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