En la víspera de unas elecciones generales que pondrán a prueba el equilibrio político de Brasil, Hugo Motta, presidente de la Cámara de Diputados, eligió la ceremonia de posesión de una magistrada en Paraíba para declarar su respaldo personal a la reelección de Lula. Su partido, Republicanos, había optado apenas días antes por la neutralidad oficial, revelando así una tensión característica de la política brasileña: la distancia que a veces existe entre la institución y el individuo que la encarna. El gesto de Motta, a sus 36 años y con el control de la agenda legislativa en sus manos, no es