Neuróloga explica qué ocurre en el cerebro cuando sobrepensamos y cómo salir de los bucles mentales

El cerebro sigue patinando en el mismo lugar, amplificando la situación
Benjumea describe cómo la mente se queda atrapada en la rumiación sin poder avanzar hacia soluciones.

El sobrepensar es un patrón normal que experimenta la mayoría de personas, pero se vuelve problemático cuando la mente se queda estancada sin avanzar hacia soluciones. La rumiación constante afecta múltiples sistemas del cuerpo: inmunológico, cardiovascular y gastrointestinal, aumentando riesgo de infecciones y enfermedades.

  • El 80% de la población experimenta sobrepensar en algún momento de la vida
  • La rumiación constante afecta el sistema inmunológico, cardiovascular y gastrointestinal
  • El córtex prefrontal es la última región del cerebro en madurar, completándose en la adolescencia tardía
  • Cinco minutos diarios de meditación durante cuatro semanas muestran beneficios para la salud cerebral

Una neuróloga colombiana explica que sobrepensar afecta al 80% de la población y no siempre indica enfermedad mental. Ofrece técnicas basadas en neurociencias para reducir la rumiación mental.

Esa conversación de hace una semana en la que tal vez dijiste algo incómodo. Ese examen que se aproxima y que imaginas fracasando una y otra vez. Ese error que cometiste hace meses y que tu mente sigue reviviendo sin descanso. Estos momentos tienen un nombre: rumiación mental, o más ampliamente, sobrepensar.

Es un patrón de pensamiento donde la mente se queda atrapada, reviviendo ideas, preocupaciones y emociones una y otra vez, frecuentemente ligadas a errores del pasado o miedos sobre lo que vendrá. La neuróloga colombiana Vanessa Benjumea ha dedicado más de una década a estudiar por qué nos quedamos atrapados en estos bucles mentales. El resultado está plasmado en su libro Mente calma: primeros auxilios para aliviar los bucles de pensamiento, un trabajo de divulgación científica que explora cómo origina este fenómeno en el cerebro y qué hábitos podrían ayudar a reducir la rumiación. También escribió una versión para niños, padres y cuidadores llamada Mente Calma Kids.

Lo primero que Benjumea quiere que entiendas es esto: sobrepensar no es sinónimo de enfermedad mental. Afecta a más del 80 por ciento de la población, es decir, cuatro de cada cinco personas lo han experimentado en algún momento. En cierta medida, es algo intrínseco al ser humano. Cuando enfrentamos adversidad, estrés, culpa o error, el cerebro comienza a maquinar, buscando soluciones. El problema no es que piense; el problema es que a veces no puede dejar de pensar. Para algunas personas, ese proceso termina cuando encuentran una respuesta y el eco mental disminuye. Para otras, el cerebro sigue patinando en el mismo lugar, amplificando la situación una y otra vez.

Cuando sobrepensamos, no solo cambia el cerebro. El cuerpo también se transforma. En la parte frontal del cerebro existe una región llamada córtex prefrontal, que funciona como un sabio consejero capaz de apagar el incendio que genera la amígdala, una estructura relacionada con el miedo, la ansiedad y el pánico. Tenemos también redes neuronales que nos permiten viajar en el tiempo: ir al pasado, al presente o al futuro. Cuando esas conexiones se alteran, tendemos a quedarnos atrapados en la rumiación, reviviendo lo que ya pasó o imaginando los peores escenarios futuros. La relación entre la mente, el cerebro y el cuerpo es bidireccional. Si la mente está inquieta, el cuerpo puede enfermarse, y viceversa. Cuando hay rumiación constante, el sistema inmunológico no funciona igual; los linfocitos T, que forman parte de nuestras defensas, pueden verse afectados. Esto se ha asociado con mayor riesgo de infecciones, enfermedades cardiovasculares, alteraciones gastrointestinales como estreñimiento o diarrea, e incluso con mayor vulnerabilidad frente a ciertos tipos de cáncer.

Pero aquí está lo crucial: la mayoría de las personas experimenta el sobrepensar como un estado transitorio de la mente. Solo un porcentaje menor termina quedándose crónicamente en ese estado. Existen dos formas de sobrepensar. Una es adaptativa: tienes un problema, tu cerebro trabaja en ello día y noche, encuentras una solución, das el siguiente paso y el eco mental disminuye. Ese es un sobrepensar normal que todos experimentamos. El problema aparece cuando la mente se queda estancada en ese flujo de pensamientos sin lograr avanzar hacia la acción o hacia una solución. Cuando algo negativo ocurre y permaneces dándole vueltas durante horas o días. Cuando intentas dormir y la mente no te deja conciliar el sueño, o cuando te despiertas a las tres de la mañana pensando en un problema. En esos momentos, la mente debería estar tranquila, pero lo único que hace es amplificar el pasado, el presente o el futuro sin permitirte avanzar.

En los niños, el panorama es diferente. El cerebro infantil se desarrolla gradualmente, de atrás hacia adelante, del centro hacia la periferia y de abajo hacia arriba. Una de las últimas regiones en madurar es precisamente el córtex prefrontal, ese sabio consejero que ayuda a regular las emociones, planificar y tomar decisiones. Por eso en los niños vemos pataletas y reacciones más difíciles de controlar. Los adultos les decimos que se calmen, pero la realidad es que ese prefrontal todavía no está lo suficientemente desarrollado. Los padres, madres y cuidadores cumplen un papel fundamental acompañándolos y ayudándolos a regular sus emociones mientras esas estructuras cerebrales terminan de madurar.

Para quienes constantemente enfrentan la rumiación, Benjumea ofrece recomendaciones basadas en estrategias no farmacológicas que frecuentemente descuidamos. La alimentación es fundamental: una dieta basada en ultraprocesados favorece la inflamación cerebral. La meditación es otra herramienta poderosa; apenas cinco minutos diarios durante cuatro semanas ya muestran beneficios para la salud cerebral y mental. Los baños de bosque también fortalecen el córtex prefrontal: nuestro cerebro no está diseñado para vivir rodeado únicamente de concreto. Existe un aspecto crucial: cuando intentas obligarte a no pensar en algo, lo único que haces es amplificar ese pensamiento. En lugar de suprimirlo a la fuerza, lo que buscas es redirigir la atención hacia otra acción. Las actividades rítmicas bilaterales funcionan: si con una mano das una palmada cada segundo y con la otra cada dos segundos, el cerebro debe concentrarse en coordinar ese movimiento y deja de alimentar el bucle mental. Son estrategias fáciles de incorporar en la vida diaria, técnicas que aprovechan el movimiento y los sentidos para ayudar al cerebro a salir de esos círculos de pensamiento repetitivo y recuperar la calma.

Sobrepensar afecta a más del 80% de la población, pero para la mayoría es un estado transitorio de la mente, no una enfermedad mental
— Vanessa Benjumea, neuróloga
Cuando intentas obligarte a no pensar en algo, lo único que haces es amplificar ese pensamiento. Lo que buscas es redirigir la atención hacia otra acción
— Vanessa Benjumea, neuróloga
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué crees que el sobrepensar es tan común si causa tanto daño al cuerpo?

Model

Porque el cerebro está diseñado para resolver problemas. Cuando enfrenta algo amenazante, comienza a buscar soluciones. El problema es que a veces no sabe cuándo parar, especialmente en un mundo donde estamos constantemente bajo estrés.

Inventor

Entonces, ¿no es malo pensar profundamente en nuestros problemas?

Model

No. Pensar profundamente es adaptativo. Lo malo es quedarse atrapado sin avanzar hacia una solución. Es la diferencia entre reflexionar y rumiar.

Inventor

¿Y cómo sabe alguien cuándo ha cruzado esa línea?

Model

Cuando la mente sigue dándole vueltas a algo durante horas o días sin que nada cambie. Cuando intentas dormir y no puedes porque tu cerebro sigue amplificando el problema. Cuando de diez cosas que te pasaron, solo recuerdas la negativa.

Inventor

Mencionaste que el cuerpo también se enferma. ¿Es psicosomático o hay un mecanismo real?

Model

Es completamente real. La rumiación constante afecta el sistema inmunológico, las defensas bajan, aumenta el riesgo de infecciones y enfermedades cardiovasculares. La mente y el cuerpo no están separados.

Inventor

¿Entonces la meditación de cinco minutos realmente funciona?

Model

La evidencia dice que sí. No es magia. Es que esos cinco minutos fortalecen el córtex prefrontal, la parte del cerebro que puede apagar el incendio que genera la amígdala. Es como entrenar un músculo.

Inventor

¿Y si alguien no puede meditar? ¿Hay otras opciones?

Model

Muchas. Caminar en la naturaleza, actividades rítmicas, cambiar la alimentación. Lo importante es entender que no se trata solo de pensar diferente. Se trata de usar el cuerpo y los sentidos para ayudar al cerebro a salir del bucle.

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