La orina se concentra, favoreciendo que los minerales precipiten
Cada verano, los riñones humanos enfrentan una prueba silenciosa: el calor eleva la pérdida de agua por sudor, concentra la orina y convierte minerales disueltos en piedras dolorosas. Los urólogos registran entre un 40% y un 50% más de casos de cálculos renales en estos meses, un patrón que revela cuán íntimamente ligada está nuestra biología a las estaciones. La prevención, tan antigua como el consejo de beber agua, sigue siendo la respuesta más eficaz ante una condición que afecta desproporcionadamente a los hombres y a quienes ya han sufrido un episodio previo.
- Los cálculos renales se disparan entre un 40% y un 50% en verano, convirtiendo una condición crónica en una urgencia estacional de primer orden.
- El calor obliga al cuerpo a sudar más de lo que muchas personas reponen, y esa brecha de hidratación es el detonante directo de la formación de piedras en el riñón.
- El dolor del cólico renal —intenso, irradiado desde la zona lumbar hasta la ingle— puede durar horas o semanas, y si el cálculo no se expulsa, amenaza la función renal.
- El 90% de los casos pequeños se resuelven con hidratación, analgésicos y medicamentos que dilatan la vía urinaria, pero las piedras mayores exigen litotricia o cirugía con láser.
- Beber entre 2,5 y 3 litros de agua diaria, reducir sal y alcohol, y priorizar frutas con alto contenido hídrico son las medidas que marcan la diferencia entre un verano sin dolor y uno marcado por la urgencia médica.
Cuando el calor aprieta, los riñones de muchas personas empiezan a trabajar bajo presión. No es casualidad que los urólogos vean un aumento dramático de cólicos renales en verano: la incidencia sube entre un 40% y un 50% respecto al resto del año. El mecanismo es simple pero implacable: el calor nos hace sudar más, y si no reponemos ese líquido, la orina se concentra hasta que los minerales disueltos cristalizan y forman piedras.
Antón Zarraonandía, urólogo del Hospital Quirónsalud Miguel Domínguez en Pontevedra, recomienda beber entre 2,5 y 3 litros de agua diaria en verano —frente a los 1,5 o 2 litros habituales en invierno—. Para quienes ya han sufrido un episodio, esa cantidad debe mantenerse todo el año, pues el riesgo de recurrencia ronda el 50%. La deshidratación no actúa sola: el exceso de sal y proteínas animales, la genética, el hiperparatiroidismo y las infecciones urinarias también contribuyen. Los hombres son dos o tres veces más propensos que las mujeres, y el riesgo crece a partir de los 40 años.
El síntoma es inconfundible: un dolor intenso en la zona lumbar que puede irradiarse al abdomen, la ingle o los genitales, a veces acompañado de sangre en la orina. Si el cálculo no se expulsa solo, puede obstruir el riñón y comprometer su función. La mayoría mide menos de cuatro milímetros y sale de forma natural con medicación que dilata la vía urinaria y controla el dolor —esto funciona en cerca del 90% de los casos—. Cuando las piedras son mayores o el dolor persiste más de un mes, se recurre a la litotricia extracorpórea con ondas de choque o a la ureterorrenoscopia con láser Holmium.
La prevención sigue siendo la mejor estrategia. Además del agua, conviene evitar el alcohol: inhibe la hormona antidiurética y acelera la deshidratación al forzar al riñón a excretar más líquido del que se ingiere. Incorporar frutas y verduras ricas en agua —sandía, melón, pepino— también ayuda. Para quienes ya conocen el dolor de un cólico renal, estas medidas no son un consejo opcional: son la frontera entre un verano tranquilo y uno marcado por la urgencia.
Cuando llega el verano y las temperaturas suben, los riñones de muchas personas comienzan a trabajar bajo presión. No es una coincidencia que los urólogos vean un aumento dramático de pacientes con cálculos renales en estos meses: la incidencia se dispara entre un 40% y un 50% respecto al resto del año. La razón es simple pero implacable. El calor nos hace sudar más, y ese sudor representa agua que nuestro cuerpo pierde sin reposición adecuada. Cuando no bebemos lo suficiente para compensar esa pérdida, la orina se concentra, y en esa orina concentrada, los minerales disueltos comienzan a precipitarse y formar piedras.
Antón Zarraonandía, urólogo del Hospital Quirónsalud Miguel Domínguez en Pontevedra, explica el mecanismo con claridad: a mayor temperatura, mayor pérdida de agua a través del sudor. Si no reponemos esa hidratación de forma adecuada, las sustancias que normalmente permanecerían disueltas en la orina se agrupan y cristalizan, formando los cálculos. Por eso la recomendación es beber entre 2,5 y 3 litros de agua diaria durante el verano, comparado con los 1,5 a 2 litros que se sugieren en invierno. Para quienes ya han sufrido un episodio de cólico renal, esa cantidad de 2,5 a 3 litros debe mantenerse durante todo el año, porque el riesgo de que vuelva a ocurrir es aproximadamente del 50%.
La deshidratación no es el único factor. Un consumo elevado de sal y proteínas animales también aumenta el riesgo, al igual que ciertos problemas de salud subyacentes: genética predisponente, hiperparatiroidismo, infecciones urinarias recurrentes o trastornos de absorción intestinal. Los hombres son de dos a tres veces más propensos a desarrollar cálculos renales que las mujeres, una diferencia que obedece a una combinación de factores metabólicos, dietéticos y hormonales. La edad también importa: estos depósitos minerales son más frecuentes a partir de los 40 años.
Cuando se forma un cálculo, el síntoma es inconfundible: un dolor intenso en la zona lumbar, a la altura de los riñones, que puede irradiarse hacia el abdomen, la ingle e incluso los genitales. Algunos pacientes notan sangre en la orina o pequeñas partículas similares a arena. El dolor puede ceder cuando el cálculo se expulsa naturalmente, lo que puede ocurrir en horas o en semanas. Pero si la piedra no se elimina, puede obstruir el riñón y, si persiste, afectar su función, por lo que la evaluación médica es fundamental.
La mayoría de los cálculos renales miden menos de cuatro milímetros, lo que facilita su expulsión natural a través de la orina. En estos casos, el tratamiento farmacológico es suficiente: medicamentos que dilatan la vía urinaria, reducen la inflamación y controlan el dolor, permitiendo que el cálculo salga por sí solo. Esto funciona en aproximadamente el 90% de los casos. Pero cuando las piedras son más grandes, o cuando el dolor persiste o no hay evolución después de un mes, se necesitan intervenciones quirúrgicas. La litotricia extracorpórea, una técnica ambulatoria que usa ondas de choque para romper las piedras, es la más frecuente. Otra opción es la ureterorrenoscopia con láser Holmium, que fragmenta y vaporiza los cálculos directamente sin dolor.
La prevención sigue siendo la mejor estrategia. Además de beber agua en cantidad suficiente, conviene priorizar el agua sobre bebidas azucaradas o alcohólicas. El alcohol es particularmente problemático porque inhibe la hormona antidiurética, que ordena a los riñones retener líquidos. Al bloquearse esa hormona, los riñones excretan mucha más agua de la que se ingiere, lo que nos hace orinar con frecuencia y acelera la deshidratación. Incrementar el consumo de frutas y verduras con alto contenido de agua—sandía, melón, pepino—también ayuda a mantener la hidratación durante el verano. Para quienes ya han pasado por un cólico renal, estas medidas no son opcionales: son la diferencia entre un verano tranquilo y otro marcado por el dolor.
Citas Notables
Con el aumento de las temperaturas perdemos más agua a través del sudor. Si no compensamos esa pérdida con una adecuada hidratación, la orina se concentra, lo que favorece que las sustancias disueltas se precipiten y formen cálculos.— Antón Zarraonandía, urólogo del Hospital Quirónsalud Miguel Domínguez
Si el cálculo no se elimina puede provocar una obstrucción del riñón y, si se mantiene en el tiempo, afectar a su función.— Antón Zarraonandía, urólogo
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué el verano es tan problemático para los riñones?
Porque perdemos mucha más agua a través del sudor. Si no bebemos lo suficiente para compensar esa pérdida, la orina se concentra, y cuando la orina está concentrada, los minerales que contiene se agrupan y forman piedras.
¿Entonces es solo un problema de no beber agua?
No del todo. La deshidratación es el factor principal en verano, pero hay otras cosas que importan: la genética, lo que comemos—mucha sal y proteína animal aumentan el riesgo—, y algunos problemas de salud como el hiperparatiroidismo o infecciones urinarias recurrentes.
¿Quién corre más riesgo?
Los hombres tienen dos o tres veces más probabilidad que las mujeres. Y después de los 40 años, el riesgo sube. Pero lo más importante es esto: si ya tuviste un cálculo una vez, hay un 50% de probabilidad de que vuelva a ocurrir.
¿Qué se siente cuando tienes un cálculo?
Un dolor intenso en la zona lumbar que puede irradiarse hacia el abdomen y la ingle. A veces hay sangre en la orina. El dolor puede durar horas o semanas, hasta que el cálculo se expulsa.
¿Siempre necesitas cirugía?
No. El 90% de los cálculos son pequeños—menos de cuatro milímetros—y se expulsan solos si bebes mucha agua y tomas analgésicos. Solo si son grandes o si el dolor persiste después de un mes, necesitas intervención quirúrgica.
¿Y eso qué implica?
Hay varias opciones. La más común es la litotricia, que usa ondas de choque para romper las piedras. También existe el láser Holmium, que vaporiza los cálculos directamente. Ambas son bastante efectivas.