En Washington D.C., el director de la CIA y más de mil arquitectos de la inteligencia artificial han alzado la misma voz de alarma: la humanidad está construyendo herramientas cuya velocidad de evolución comienza a superar su capacidad de comprensión y control. Como ocurrió con las armas nucleares, la pregunta no es si la tecnología puede existir, sino si la sabiduría para gobernarla puede llegar a tiempo. Quienes edifican estos sistemas piden, con urgencia inusual, que la regulación preceda al poder, no que lo persiga.