En las consultas oncológicas de todo el mundo, dos pacientes con el mismo diagnóstico escrito en papel pueden enfrentar enfermedades biológicamente tan distintas como dos especies diferentes. La revolución genómica ha revelado que cada tumor es un ecosistema en evolución, moldeado por mutaciones únicas, presiones ambientales y cambios epigenéticos que ningún microscopio tradicional podía distinguir. Esta comprensión no es solo científica: obliga a repensar qué significa curar, y a quién se le aplica cada remedio.