En los márgenes de lo que creíamos saber sobre la percepción animal, investigadores del Instituto Max Planck en Jena han descubierto que las alas de la polilla esfinge del tabaco no son meros instrumentos de vuelo, sino superficies sensoriales capaces de detectar compuestos químicos específicos. Este hallazgo, publicado en el Journal of Experimental Biology, sugiere que la vida sensorial de los insectos es vastamente más distribuida y compleja de lo que la ciencia había imaginado. Como tantos grandes descubrimientos, este no cierra preguntas sino que multiplica las que aún no sabemos formular.