Pola Jankowska: «En España normalizan las infidelidades; antes se arreglaba, ahora se reemplaza»

Antes se arreglaba lo roto; ahora se reemplaza
Jankowska describe cómo la sociedad moderna ha abandonado el esfuerzo de reparar relaciones en favor de descartarlas.

La psicóloga observa que las infidelidades están más normalizadas en España que en Polonia, donde se consideran tabú y se ocultan socialmente. Jankowska sostiene que confundimos libertad con libertinaje, buscando placer inmediato en lugar de construir relaciones estables que requieren esfuerzo y paciencia.

  • Pola Jankowska es autora de «La estafa de la modernidad»
  • Observa que las infidelidades están más normalizadas en España que en Polonia
  • Sostiene que confundimos libertad con libertinaje y buscamos placer inmediato
  • Advierte que sin vínculos duraderos aparece un vacío profundo, aumentando ansiedad y depresión

Pola Jankowska, autora de 'La estafa de la modernidad', critica cómo España normaliza las infidelidades y relaciones superficiales, argumentando que esto impide construir vínculos profundos y genera ansiedad y depresión.

Pola Jankowska llegó a España con la convicción de que era una sociedad moderna. Lo que encontró la dejó perpleja. La psicóloga polaca, autora de «La estafa de la modernidad», observó algo que le resultaba desconcertante: las infidelidades no eran secretos guardados en la sombra, sino hechos que ocurrían en espacios públicos con una naturalidad casi desarmante. En su país de origen, tales situaciones permanecen ocultas, envueltas en vergüenza y silencio. Aquí, en cambio, la gente parecía encogerse de hombros. «Es su problema, yo no me meto en su relación», le decían. Esa indiferencia colectiva, reflexiona Jankowska, es precisamente el mecanismo mediante el cual una sociedad termina normalizando lo que antes habría sido considerado inaceptable.

Esta normalización, sostiene, tiene consecuencias profundas para la capacidad de las personas de construir relaciones sanas. El problema no radica en que la infidelidad exista —existe en todas partes—, sino en que hemos confundido libertad con libertinaje. Buscamos constantemente el estímulo inmediato, la descarga de dopamina que proporcionan los encuentros rápidos y superficiales. Nuestro cerebro se acostumbra a esa cadencia frenética de gratificación instantánea y, cuando se enfrenta a la lentitud de una relación profunda, se rebela. Construir un vínculo duradero exige paciencia, esfuerzo, la disposición de enfrentarse a las propias inseguridades y a la realidad de que nadie es perfecto. Es trabajo. Y en una sociedad que nos repite constantemente que siempre hay algo mejor, algo más rápido, algo más fácil, ese trabajo parece cada vez menos atractivo. Antes, cuando algo se rompía, se arreglaba. Ahora se reemplaza.

La consecuencia de esta lógica del reemplazo es un vacío profundo que aparece a largo plazo. Los seres humanos necesitamos vínculos duraderos; nuestra sensación de seguridad depende de una red de apoyo que nos sostenga. Sin ella, nos sentimos solos. Y ese aislamiento, paradójicamente, crece en medio de una sociedad hiperconectada. Las nuevas tecnologías ofrecen placer instantáneo sin esfuerzo: pasamos horas consumiendo contenido mientras nuestro cerebro cree que obtiene satisfacción. Las relaciones superficiales funcionan de manera similar, proporcionando adrenalina y placer inmediato, pero nuestro sistema nervioso no está diseñado para vivir en ese estado de estimulación permanente. Está hecho para la calma, para el vínculo, para la estabilidad. Y cuando no los tiene, la ansiedad y la depresión proliferan.

Jankowska rechaza la idea de que la solución sea retroceder cien años. No se trata de eso. Se trata de reconocer lo valioso que la modernidad nos ha dado sin abandonar aquello que está profundamente alineado con nuestra naturaleza. Aquí es donde su pensamiento se vuelve más provocador. Sostiene que hombres y mujeres somos diferentes a nivel biológico, hormonal y psicológico, y que esas diferencias no son debilidades sino fortalezas. Las mujeres tienen ciclos hormonales distintos y una tendencia mayor a crear vínculos emocionales; los hombres suelen estar más impulsados hacia la acción. En lugar de celebrar esas diferencias y permitir que se complementen, muchos movimientos intentan que las mujeres encajen en moldes pensados para los hombres. El resultado es competencia donde podría haber complementariedad.

Sobre la sexualidad, Jankowska es clara: se ha asociado el empoderamiento con la libertad sexual ilimitada, como si acostarse con muchas personas fuera sinónimo de libertad. Pero tanto hombres como mujeres crean vínculos emocionales a través del sexo, aunque muchas veces se niegue. Las mujeres producen más oxitocina, la hormona del apego, lo que significa que una relación ocasional que parece sin consecuencias puede dejar heridas reales cuando la otra persona desaparece. No juzga a quienes toman esas decisiones, pero insiste en que deben tomarlas con plena conciencia de las posibles consecuencias, no bajo la ilusión de que todo conduce automáticamente a la felicidad.

Cuando se le pregunta qué haría si su pareja le fuera infiel, responde sin titubear: dejaría la relación. No porque sea imposible perdonar, sino porque un perdón real requiere un cambio profundo en la otra persona, y eso toma tiempo. La infidelidad, sostiene, tiene más que ver con el mundo interior de quien la comete que con la pareja. Es una traición a uno mismo, a los propios valores, al proyecto de vida que se ha elegido. Antes de poder perdonar, esa persona debe hacer un trabajo personal serio.

En cuanto a los valores que echa de menos en la sociedad actual, menciona la caballerosidad. En Polonia, que un hombre abra una puerta o ayude con una maleta se interpreta como respeto. Aquí a veces se percibe como paternalismo, como si se considerara a la mujer inferior. Para Jankowska, es simplemente consideración hacia alguien valioso. También echa de menos coherencia entre los valores que defendemos y lo que consumimos culturalmente. Su sueño con el libro es ayudar a hombres y mujeres a entender quiénes son realmente, a volver a su centro y encontrar su verdadero poder, no el que la sociedad les impone. En el fondo, dice, es un mensaje de amor.

En España las infidelidades están mucho más normalizadas; la gente veía determinadas situaciones y me decía: 'Es su problema, yo no me meto en su relación'
— Pola Jankowska
Muchas personas quieren vivir en libertad, pero la confunden con el libertinaje. Y, en realidad, no nos está haciendo más libres, sino que nos ayuda a escapar cada vez más de nosotros mismos
— Pola Jankowska
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Inventor

¿Por qué le sorprendió tanto lo que vio en España respecto a las infidelidades?

Model

Porque no estaban escondidas. En Polonia, aunque existan, se ocultan, se consideran un fracaso privado. Aquí las veía ocurrir en lugares públicos con cierta naturalidad, y la gente alrededor simplemente no intervenía. Esa indiferencia es lo que normaliza las cosas.

Inventor

Pero ¿no es eso también una forma de respetar la privacidad ajena?

Model

Entiendo ese argumento, pero hay una diferencia entre respetar la privacidad y dar un permiso silencioso. Cuando vemos algo y decidimos que no es asunto nuestro, estamos permitiendo que se normalice en nuestro entorno. La sociedad funciona así.

Inventor

Usted habla mucho de que confundimos libertad con libertinaje. ¿Cómo se diferencia una de la otra?

Model

La libertad verdadera requiere responsabilidad y coherencia con tus valores. El libertinaje es buscar placer sin consecuencias, sin pensar en lo que eso significa para ti o para otros. Y nuestro cerebro se acostumbra a eso, necesita más estímulo cada vez.

Inventor

¿Entonces las relaciones profundas son aburridas?

Model

No son aburridas, son diferentes. Requieren paciencia, esfuerzo, la disposición de enfrentarse a ti mismo. Pero ofrecen algo que las relaciones superficiales nunca pueden: seguridad real, estabilidad emocional, un lugar donde perteneces.

Inventor

¿Cree que la gente está lista para escuchar esto?

Model

Algunos sí. Los que sufren ansiedad, depresión, soledad a pesar de estar conectados constantemente. Esos ya saben que algo no funciona. El libro es para ellos, para ayudarles a entender por qué.

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