En un momento en que los mercados de bonos globales registran pérdidas no vistas desde la crisis de 2008, dos fuerzas antiguas —el petróleo y la inflación— han vuelto a recordarle al mundo que la estabilidad financiera es siempre provisional. Los rendimientos soberanos en Reino Unido, Alemania, Japón y Estados Unidos escalan a máximos de décadas, mientras los bancos centrales se preparan para decisiones que podrían redefinir el rumbo económico global. En el fondo, lo que está en juego no es solo la política monetaria, sino la credibilidad de las instituciones que prometieron domar la inflación