Peruanos marchan en defensa de la Sunedu y contra decisiones del Gobierno

Incidentes de violencia durante la marcha incluyeron agresiones a la congresista Susel Paredes por grupos que apoyaban al gobierno.
Los intereses particulares no pueden estar por encima de la educación
Eder Ramos, dirigente estudiantil de la UNI, pidió a los parlamentarios que recapacitaran sobre sus decisiones.

En el corazón histórico de Lima, cientos de estudiantes y ciudadanos salieron a las calles un domingo de febrero para defender una institución que, para muchos, encarna la promesa de una educación pública digna: la Sunedu. La indignación no era solo por una ley aprobada en primera votación que amenazaba su estructura, sino por la sensación más honda de haber sido traicionados por un gobierno al que habían confiado sus esperanzas. Sin líderes partidarios que los convocaran, la ciudadanía se autoorganizó, recordándonos que cuando las instituciones tambalean, son las personas comunes quienes salen a sostenerlas.

  • El Congreso aprobó en primera votación una ley que modificaría el consejo directivo de la Sunedu, encendiendo la alarma entre quienes ven en esa institución la columna vertebral de la reforma universitaria peruana.
  • Miles de manifestantes tomaron las avenidas del Centro de Lima al grito de 'No a la educación bamba', mientras protestas similares se replicaban en otras regiones del país.
  • El presidente Castillo agravó la crisis al nombrar primer ministro a Héctor Valer, quien cargaba con denuncias por violencia familiar y terminó renunciando al cargo bajo presión pública.
  • Grupos afines al Ejecutivo agredieron a la congresista Susel Paredes durante la marcha, exponiendo la fractura social que atraviesa al país y la tensión entre manifestantes y simpatizantes del gobierno.
  • La segunda votación en el Congreso se convierte en el momento decisivo: si el proyecto es rechazado, la Sunedu sobrevive; si es aprobado, años de reforma universitaria podrían desmoronarse.

La tarde del domingo en el Centro de Lima reunió a cientos de estudiantes y ciudadanos en la Plaza San Martín, convocados por la rabia ante lo que consideraban una traición a la educación pública. Mientras el país seguía el partido entre Perú y Ecuador, el Congreso había aprobado en primera votación una ley que modificaba la estructura del consejo directivo de la Sunedu, la entidad encargada de velar por la calidad universitaria. Para muchos, era el golpe final a años de reforma.

La marcha recorrió las principales avenidas del Centro con pancartas que resumían el hartazgo: 'Dejen que la Sunedu haga su chamba', 'Que se vayan todos'. Eder Ramos, dirigente de la Universidad Nacional de Ingeniería, pidió a los parlamentarios que los intereses particulares no estuvieran por encima de la juventud. La protesta trascendió Lima: universitarios de otras regiones se movilizaron en el mismo sentido, dando forma a un reclamo nacional.

La crisis del gobierno añadía peso a la jornada. El nombramiento de Héctor Valer como primer ministro —un hombre con denuncias por violencia familiar que terminó renunciando— había profundizado el desencanto con Pedro Castillo. Varios manifestantes lo dijeron con claridad: antes lo habían apoyado, pero ahora se sentían traicionados.

La tarde no estuvo exenta de violencia. Grupos afines al Ejecutivo agredieron a la congresista Susel Paredes, quien describió a sus atacantes como conservadores y machistas, aunque aseguró estar bien. La congresista Flor Pablo aprovechó el momento para llamar a sus colegas a rechazar el proyecto en la segunda votación. La Defensoría del Pueblo reportó que la marcha transcurrió sin mayores incidentes, pero la polarización era innegable.

Lo que quedó en pie fue una protesta sin estructura partidaria ni líderes políticos: pura frustración ciudadana. El futuro de la Sunedu —y con ella, el de la reforma universitaria— depende ahora de lo que el Congreso decida en su segunda votación.

La tarde del domingo en el Centro de Lima se tiñó de una presencia policial inusual. Cientos de estudiantes y ciudadanos se congregaron en la Plaza San Martín, convocados no por un partido de fútbol ni por un evento anunciado, sino por la rabia acumulada frente a decisiones que consideraban una traición a la educación pública. Mientras el país miraba el encuentro entre Perú y Ecuador, el Congreso había aprobado en primera votación una ley que modificaba la estructura del consejo directivo de la Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria, la Sunedu. Para muchos, era el golpe final a una institución que había trabajado años en reformar la calidad de las universidades del país.

La marcha comenzó a las cinco de la tarde y recorrió las principales avenidas del Centro: Nicolás de Piérola, Garcilaso de la Vega, Grau, Abancay. Los manifestantes llevaban pancartas que resumían su frustración: "No a la educación bamba", "Dejen que la Sunedu haga su chamba", "Que se vayan todos". Eder Ramos, dirigente estudiantil de la Universidad Nacional de Ingeniería, fue directo en su mensaje a los parlamentarios: los intereses particulares no podían estar por encima de la educación de la juventud. Pidió que recapacitaran. Cientos de universitarios en otras regiones del país se movilizaron en el mismo sentido, dando forma a una protesta que trascendía Lima.

Pero la marcha también reflejaba una crisis más profunda en el Gobierno. El presidente Pedro Castillo había nombrado primer ministro a Héctor Valer, un hombre con denuncias en su historial por violencia familiar. Ayer, Valer presentó su renuncia. Muchos manifestantes exigían que el propio Castillo dimitiera. Algunos de ellos dijeron algo que pesaba más que cualquier consigna: antes lo habían apoyado, pero ahora se sentían traicionados. El voto que lo llevó al poder parecía haberse convertido en una promesa rota.

La tarde no transcurrió sin incidentes. Pequeños grupos que decían apoyar al Ejecutivo se enfrentaron con los manifestantes. La congresista Susel Paredes fue agredida: personas le lanzaron objetos mientras otros intentaban protegerla. Ella misma describió a sus agresores como conservadores, violentos, homofóbicos y machistas. A pesar de esto, dijo estar bien. La congresista Flor Pablo, por su parte, hizo un llamado a sus colegas para que en la segunda votación rechazaran el proyecto que afectaba a la Sunedu. Según el balance de la Defensoría del Pueblo, la marcha se desarrolló sin mayores hechos de violencia, aunque los incidentes puntuales dejaron claro que el país estaba polarizado.

La inmensa mayoría de los manifestantes había salido a defender la Sunedu y a cuestionar al Gobierno. Pero la presencia de grupos minoritarios que apoyaban al Ejecutivo mostraba que la sociedad estaba fracturada. Los ciudadanos se habían autoconvocado, sin estructura partidaria, sin líderes políticos que los guiaran. Era una protesta de la frustración. Ahora todo dependía de lo que sucediera en la segunda votación del Congreso. Si rechazaban el proyecto, la Sunedu sobreviviría. Si lo aprobaban, la reforma universitaria que había costado años construir podría desmoronarse.

Los intereses particulares no pueden estar por encima de la educación de la juventud
— Eder Ramos, dirigente estudiantil de la UNI
Personas conservadoras, violentas, homofóbicas y machistas me han lanzado objetos, pero estoy bien
— Congresista Susel Paredes
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
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¿Por qué la Sunedu se convirtió en el símbolo de esta marcha? Parece que hay algo más que una ley.

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La Sunedu fue la institución que enfrentó a las universidades de baja calidad, que cerró programas fraudulentos. Para muchos estudiantes, representaba que alguien estaba cuidando la educación. Cuando el Congreso intentó cambiar su consejo directivo, sintieron que eso se desmoronaba.

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¿Y el presidente Castillo? ¿Cómo pasó de ser apoyado a ser rechazado en tan poco tiempo?

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Castillo llegó con promesas de cambio. Pero nombrar a alguien con denuncias por violencia familiar como primer ministro fue un golpe que muchos no pudieron perdonar. Fue como si dijera que sus palabras no significaban nada.

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¿Había violencia organizada o fueron incidentes aislados?

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Fueron incidentes puntuales. Pequeños grupos que apoyaban al Gobierno agredieron a congresistas. Pero la Defensoría del Pueblo dijo que en general la marcha fue pacífica. Lo importante es que mostró cuán dividido estaba el país.

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¿Qué pasa ahora con la segunda votación?

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Todo depende de eso. Si el Congreso rechaza el proyecto, la Sunedu sobrevive. Si lo aprueba, la reforma universitaria que costó años construir podría desaparecer. Los ciudadanos hicieron su parte. Ahora es responsabilidad de los parlamentarios.

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