Pepe Viyuela: «Al poder hay que tocarle los huevos constantemente»

La democracia no funciona sola sin la vigilancia de quienes la habitan
Viyuela sostiene que la responsabilidad cívica es fundamental para evitar que el poder se corrompa.

En una entrevista con EL PAÍS, el actor Pepe Viyuela articula una convicción que atraviesa siglos de pensamiento democrático: que ningún sistema de gobierno se sostiene por sí solo, sino que requiere de ciudadanos dispuestos a mirar, preguntar y no ceder ante la comodidad del silencio. Su llamado no es a la rebelión, sino a algo más exigente y más duradero: la atención sostenida como forma de responsabilidad cívica. En un tiempo en que muchas democracias occidentales interrogan su propia vitalidad, Viyuela recuerda que el poder no se controla a sí mismo.

  • Viyuela lanza una advertencia incómoda: la apatía política no es inocente, es uno de los mayores riesgos para la salud de las instituciones democráticas.
  • Sus palabras tocan un debate vivo en la esfera pública, donde la crítica permanente al poder es vista por unos como erosión de la gobernanza y por otros como su único antídoto real.
  • El actor no propone revoluciones ni grandes gestos, sino algo más cotidiano y más difícil: que la gente preste atención, haga preguntas y rechace las explicaciones fáciles.
  • La postura de Viyuela desafía la idea de que votar cada cuatro años es suficiente, insistiendo en que la democracia exige una presencia ciudadana activa y continua.
  • Sus declaraciones aterrizan en un momento en que varias democracias occidentales se preguntan si sus ciudadanos están lo suficientemente comprometidos con el escrutinio del poder.

Pepe Viyuela llega a la entrevista con EL PAÍS con una convicción bien asentada: la democracia no funciona sola ni puede dejarse en manos exclusivas de quienes gobiernan. Hace falta, dice, una ciudadanía que no baje la guardia. Al poder hay que cuestionarlo sin pausa, mantenerlo bajo presión, recordarle que alguien está mirando.

El actor defiende una posición que ha ganado peso en los últimos años, especialmente entre quienes ven en la apatía política una amenaza real para las instituciones. No habla de desconfianza paranoica, sino de vigilancia estructurada: los ciudadanos tienen la responsabilidad de mantener a los gobernantes en línea. Esa vigilancia, insiste Viyuela, no es un lujo ni un acto de rebeldía, sino un deber fundamental.

Mientras algunos ven en la crítica permanente al poder una forma de erosionar la gobernanza, Viyuela la considera el único antídoto real contra el abuso y la corrupción. No propone cambios radicales de sistema, sino algo más cotidiano: que la gente preste atención, haga preguntas, no acepte explicaciones fáciles.

Sus declaraciones llegan en un momento en que muchas democracias occidentales se interrogan sobre su propia vitalidad. ¿Están los ciudadanos suficientemente comprometidos? ¿Existe escrutinio real de las instituciones? La respuesta de Viyuela es clara: la responsabilidad es nuestra, y no podemos delegarla.

Pepe Viyuela se sienta frente a los periodistas de EL PAÍS con una idea clara en la cabeza: la democracia no es un sistema que funcione solo, ni tampoco es algo que se pueda dejar en manos de quienes gobiernan. Requiere, dice, de una ciudadanía que no baje la guardia. Su frase es directa, sin filtros: al poder hay que cuestionarlo sin pausa, mantenerlo bajo presión constante, recordarle siempre que alguien está mirando.

El actor defiende una posición que ha ganado peso en los últimos años, especialmente entre quienes ven en la apatía política uno de los mayores riesgos para las instituciones democráticas. No se trata de desconfianza paranoica, sino de vigilancia estructurada, de la idea de que los ciudadanos tienen la responsabilidad de mantener a los gobernantes en línea. Viyuela argumenta que esta vigilancia constante no es un lujo ni un acto de rebeldía, sino un deber fundamental.

La entrevista toca un nervio que resuena en la conversación pública contemporánea. Mientras algunos ven en la crítica permanente al poder una forma de erosionar la gobernanza, otros como Viyuela la ven como el único antídoto real contra el abuso y la corrupción. El actor no propone revoluciones ni cambios radicales de sistema, sino algo más cotidiano: que la gente preste atención, que haga preguntas, que no acepte explicaciones fáciles.

Esta postura refleja una comprensión particular de cómo funciona la democracia en la práctica. No es suficiente con votar cada cuatro años y luego retirarse de la vida pública. La salud del sistema depende de una presencia ciudadana activa, de personas dispuestas a señalar inconsistencias, a exigir transparencia, a recordar a quienes están en el poder que su autoridad es temporal y condicional.

Las declaraciones de Viyuela llegan en un momento en que muchas democracias occidentales enfrentan preguntas sobre su propia vitalidad. ¿Están los ciudadanos lo suficientemente comprometidos? ¿Existe suficiente escrutinio de las instituciones? ¿O hemos caído en una especie de aceptación pasiva donde la política sucede sin nosotros? El actor ofrece una respuesta clara: la responsabilidad es nuestra, y no podemos delegarla.

Al poder hay que cuestionarlo constantemente, mantenerlo bajo presión, recordarle que alguien está mirando
— Pepe Viyuela, en entrevista con EL PAÍS
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Qué significa exactamente "tocarle los huevos al poder" en términos prácticos? ¿Habla de protesta, de voto, de algo más?

Model

Es todo eso y nada de eso al mismo tiempo. Es la actitud de no asumir que las cosas están bien solo porque alguien en una posición de autoridad lo dice. Es hacer preguntas incómodas, exigir explicaciones, no aceptar respuestas vagas.

Inventor

Pero eso requiere tiempo, energía, conocimiento. No todos tienen eso disponible.

Model

Claro que no. Y ese es precisamente el problema. El poder cuenta con que la gente esté demasiado ocupada, demasiado cansada, demasiado desconectada. Viyuela está diciendo que a pesar de eso, es necesario intentarlo.

Inventor

¿No hay riesgo de que una vigilancia constante paralice la gobernanza? ¿Que los políticos no puedan actuar?

Model

Es una pregunta justa. Pero la alternativa es permitir que actúen sin restricción alguna. La tensión entre gobernanza y escrutinio es incómoda, pero es la incómoda que mantiene el sistema funcionando.

Inventor

¿Cree que la gente realmente quiere esa responsabilidad?

Model

Probablemente no. Es más fácil no pensar en ello. Pero Viyuela no está hablando de lo que la gente quiere, sino de lo que necesita hacer si quiere que la democracia no se convierta en un teatro.

Inventor

¿Y si la mayoría simplemente decide no participar?

Model

Entonces el poder se vuelve más concentrado, más corrupto, más alejado de quienes supuestamente representa. Eso es lo que Viyuela está advirtiendo.

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