Pensilvania ha cruzado un umbral que llevaba treinta y cinco años sin atravesar: dos personas han muerto de sarampión, ambas no vacunadas, en el condado de Lancaster. Sus muertes no son accidentes aislados, sino el reflejo de una erosión silenciosa en la memoria colectiva sobre enfermedades que parecían vencidas. En medio del mayor brote nacional desde 1991, con casi tres mil casos en Estados Unidos, el país enfrenta la posibilidad de perder un logro de salud pública que tardó décadas en construirse.
Pensilvania registra sus primeras muertes por sarampión en 35 años
Dos personas no vacunadas fallecieron por sarampión en Pensilvania; 70 personas fueron hospitalizadas por complicaciones de la enfermedad en el estado.