Cuando bajamos la guardia, enfermedades que parecían controladas vuelven a convertirse en problemas de salud pública
En el corazón de un congreso pediátrico español, un médico recordó al mundo que los logros de la medicina moderna no son conquistas permanentes, sino equilibrios frágiles que exigen vigilancia constante. Enfermedades como la tuberculosis, el sarampión y la sífilis congénita han regresado a España tras décadas de retroceso, impulsadas por el descenso en coberturas vacunales, la desigualdad social y la desinformación. Lo que parecía historia clínica se convierte de nuevo en urgencia pediátrica, y los más vulnerables —los niños— pagan siempre el precio más alto cuando la guardia colectiva se relaja.
- La tuberculosis creció un 8,3% en España en 2024 y el sarampión provocó 397 casos en 2025, suficientes para que la OMS retirara al país su estatus de territorio libre de transmisión endémica.
- El aumento es especialmente alarmante entre menores de 15 años, el grupo que más sufre cuando los sistemas de protección colectiva fallan.
- Enfermedades nutricionales como el escorbuto y el raquitismo, asociadas a pobreza y trastornos alimentarios, siguen diagnosticándose en países que se consideraban inmunes a ellas.
- Los expertos señalan que detrás de cada brote hay determinantes sociales —desigualdad, migración, desinformación— que ninguna vacuna por sí sola puede resolver.
- La respuesta exigida combina mantener altas coberturas vacunales, reforzar la vigilancia epidemiológica y actuar sobre las raíces sociales que permiten que lo prevenible se vuelva inevitable.
En el 72º Congreso de la Asociación Española de Pediatría, el doctor Miguel Zafra Anta, del Hospital Universitario de Fuenlabrada, lanzó una advertencia incómoda: las enfermedades infantiles que parecían superadas han vuelto. No como curiosidades estadísticas, sino como realidades clínicas que reaparecen en consultas y hospitales de países desarrollados.
La tuberculosis registró 4.270 casos autóctonos en España en 2024, un 8,3% más que el año anterior, con un incremento especialmente marcado en menores de 15 años. El sarampión pasó de 227 casos en 2024 a 397 en 2025, lo que llevó a la Organización Mundial de la Salud a retirar a España su condición de territorio libre de transmisión endémica en 2026. La sífilis congénita triplicó su tasa entre 2016 y 2024. Cada cifra cuenta la misma historia: cuando las coberturas vacunales caen, las enfermedades regresan.
Pero el fenómeno no se limita a infecciones. El escorbuto y ciertas formas de raquitismo —enfermedades que muchos profesionales conocen solo por libros de historia— siguen diagnosticándose, vinculados a dietas extremadamente restrictivas, trastornos alimentarios y situaciones de vulnerabilidad social. Son señales de que la desigualdad también enferma.
Zafra insistió en que estas patologías no son solo problemas biológicos: son fenómenos sociales alimentados por la pobreza, la desinformación, los conflictos y la globalización. La solución, por tanto, no puede ser exclusivamente médica. Requiere altas coberturas vacunales, vigilancia epidemiológica robusta, acceso equitativo a la atención sanitaria y políticas que ataquen los determinantes sociales de la salud. Los éxitos del pasado siglo son reales, pero frágiles. Y cuando se descuidan, son siempre los niños quienes lo pagan primero.
En el 72º Congreso de la Asociación Española de Pediatría, celebrado hace poco, un pediatra del Hospital Universitario de Fuenlabrada presentó una reflexión que debería inquietar a cualquiera que crea que las enfermedades infantiles graves son cosa del pasado. No lo son. El doctor Miguel Zafra Anta llevó al auditorio a través de un catálogo de males que parecían erradicados pero que han vuelto a aparecer en las consultas, en los hospitales, en las estadísticas de salud pública de países desarrollados.
Durante la mayor parte del siglo XX, la medicina moderna ganó batalla tras batalla. Las vacunas, los antibióticos, la mejora de la nutrición y la higiene redujeron drásticamente enfermedades que antes mataban a miles de niños cada año. Algunos males desaparecieron casi por completo de la práctica clínica. Pero esos logros, advierte Zafra, no son irreversibles. La vigilancia debe ser constante. El compromiso, permanente. Porque cuando la guardia baja, las enfermedades regresan.
Tomemos la tuberculosis. En España se registraron 4.270 casos autóctonos en 2024, un aumento del 8,3 por ciento respecto al año anterior. La tasa llegó a 8,8 casos por cada 100.000 habitantes. Lo más preocupante es que el incremento fue especialmente marcado entre menores de 15 años. Una enfermedad que parecía controlada vuelve a ganar terreno, especialmente entre los más vulnerables.
El sarampión cuenta una historia aún más dramática. Los brotes recientes en distintos países han sido consecuencia directa del descenso en las coberturas de vacunación. En 2024 se confirmaron 227 casos en España. En 2025, la cifra saltó a 397. El impacto fue tan significativo que la Organización Mundial de la Salud retiró al país en 2026 su estatus de territorio libre de transmisión endémica. Una enfermedad que se creía erradicada volvió a circular entre la población infantil. La sífilis congénita sigue una trayectoria similar. La tasa pasó de 0,97 casos por 100.000 nacidos vivos en 2016 a 2,99 en 2024, un aumento que refleja el incremento de sífilis en mujeres en edad fértil y la falta de detección y tratamiento oportuno.
Pero la reemergencia no se limita a infecciones. El escorbuto, causado por deficiencia grave de vitamina C, parecía una reliquia de los siglos de navegación oceánica. Sin embargo, los pediatras siguen diagnosticando casos aislados, vinculados a dietas extremadamente restrictivas, trastornos de la conducta alimentaria o situaciones de vulnerabilidad social. Lo mismo ocurre con ciertas formas de raquitismo, asociadas a déficits de vitamina D o alteraciones nutricionales. Son enfermedades que muchos profesionales conocen solo por los libros de historia de la medicina, pero que reaparecen cuando existen carencias alimentarias, desigualdades o circunstancias médicas específicas.
Zafra subraya que estas enfermedades no son simplemente problemas biológicos. Son fenómenos sociales. La pobreza, las desigualdades, los movimientos migratorios, los conflictos armados, el cambio climático, la urbanización acelerada, la globalización y la desinformación sanitaria crean las condiciones para que males prevenibles resurjan. La prevención, por lo tanto, no puede ser solo médica. Requiere una mirada amplia que combine medicina, salud pública, educación, políticas sociales y participación comunitaria.
La solución, según el especialista, pasa por mantener altas coberturas vacunales, reforzar los sistemas de vigilancia epidemiológica, garantizar acceso equitativo a la atención sanitaria y actuar sobre los determinantes sociales que condicionan la salud infantil. Las vacunas han transformado la historia de la salud de la infancia, pero los brotes recientes demuestran que esos éxitos dependen de un esfuerzo continuo. Cuando bajamos la guardia, enfermedades que parecían controladas vuelven a convertirse en problemas de salud pública. Y los primeros afectados son siempre los niños.
Citações Notáveis
Durante décadas existió la sensación de que muchas enfermedades habían quedado definitivamente atrás gracias a los avances biomédicos. Sin embargo, la historia nos enseña que los progresos en salud pública requieren un esfuerzo continuo de vigilancia, prevención y compromiso social— Doctor Miguel Zafra Anta, pediatra del Hospital Universitario de Fuenlabrada
Las epidemias no son únicamente fenómenos biológicos. También son fenómenos sociales. La prevención exige una mirada amplia que combine medicina, salud pública, educación, políticas sociales y participación comunitaria— Doctor Miguel Zafra Anta
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué ahora? ¿Qué cambió en los últimos años para que enfermedades que parecían desaparecidas vuelvan a surgir?
No fue un cambio único. Fue una combinación. Las coberturas de vacunación bajaron en varios países. Hubo movimientos migratorios, conflictos, cambios económicos. Y también desinformación sobre las vacunas que hizo que menos familias las buscaran.
Pero España es un país desarrollado. ¿Cómo es posible que haya escorbuto o raquitismo aquí?
Porque la pobreza y la malnutrición no desaparecieron. Existen bolsas de vulnerabilidad, trastornos alimentarios, situaciones de exclusión social. La medicina moderna no elimina esos problemas si la sociedad no los aborda.
¿Qué es lo más preocupante de lo que vio en ese congreso?
El aumento en menores de 15 años. No son adultos que pueden tomar decisiones sobre su salud. Son niños cuya vulnerabilidad depende completamente de decisiones de otros: padres, sistemas de salud, políticas públicas.
¿Entonces esto no es solo un problema médico?
No. Es un espejo de desigualdades más profundas. Las vacunas existen, los antibióticos existen, el conocimiento existe. Lo que falta es garantizar que lleguen a todos por igual.
¿Qué debería hacer un país como España ahora?
Mantener vigilancia constante, reforzar las coberturas vacunales, pero también actuar sobre lo que genera vulnerabilidad: pobreza, falta de acceso a nutrición adecuada, desinformación. Sin eso, las enfermedades seguirán volviendo.