Si tuviera en Gijón estas condiciones, me iría mañana
Paula Menero, doctora asturiana en Química, trabaja en un laboratorio londinense donde sus investigaciones en espectrometría de masas contribuyen a fijar los límites que definen la salud humana a escala global. Su historia no es la de quien huye, sino la de quien eligió la certeza sobre la incertidumbre: en España, la investigación privada es escasa y los contratos universitarios se renuevan en ciclos que agotan sin garantizar el futuro. Lo que la retiene en Reino Unido no es la distancia de Gijón, sino la posibilidad de planificar una vida sin la angustia de saber que el trabajo puede desaparecer al cabo de dos o tres años.
- España pierde a investigadores formados con excelencia en sus universidades públicas porque el sistema no ofrece la estabilidad que el talento necesita para echar raíces.
- Menero describe una brecha abismal: contrato indefinido y conciliación real en Londres frente a cadenas de contratos temporales que persiguen a los científicos españoles hasta los cuarenta años.
- La investigación privada en España es casi inexistente, lo que obliga a quienes quieren hacer ciencia a depender de una academia que no puede garantizarles continuidad.
- La investigadora no cierra la puerta al regreso, pero lo condiciona a una sola variable: las mismas condiciones laborales que hoy solo encuentra a un vuelo de distancia de su familia en Asturias.
Paula Menero lleva casi dos años en un laboratorio en las afueras de Londres, donde desarrolla métodos de referencia que garantizan la precisión de mediciones científicas en todo el mundo. Su especialidad, la espectrometría de masas, tiene consecuencias directas en medicina: cuando un médico necesita saber si los niveles de hierro de un paciente son anormales, alguien como ella se asegura de que ese límite esté bien definido y que una medición de cinco unidades sea realmente cinco.
Lo que más valora del laboratorio británico es la diversidad de su equipo, personas de todo el mundo que aportan perspectivas distintas. Cuando terminó su carrera en la Universidad de Oviedo, tenía claro que quería ver cómo se trabajaba en otros lugares antes de que llegaran las responsabilidades familiares. Ese momento de exploración se convirtió en una vida construida en Reino Unido junto a su marido.
Las condiciones laborales son el núcleo de su dilema. En Londres tiene contrato indefinido, horarios flexibles y facilidades reales para conciliar. En España, según lo que ha visto en compañeros, la investigación universitaria encadena contratos de dos y tres años que dejan a los científicos sin certeza a los treinta y cinco o cuarenta años. La investigación privada, que podría ofrecer otra salida, apenas existe.
Su posición es directa: si Gijón le ofreciera las mismas condiciones que Londres, se iría mañana. No lo dice con amargura, sino como una constatación. Reconoce sin dudar que su formación en Oviedo fue excelente, que la investigación en Química analítica allí era espectacular incluso con presupuestos muy ajustados. Echa de menos a su familia, y cada vacación la pasan en Asturias. Pero lo que la mantiene en el Reino Unido es algo más simple y más poderoso que la aventura: la seguridad de saber que mañana seguirá teniendo trabajo.
Paula Menero lleva casi dos años trabajando en un laboratorio en las afueras de Londres, donde desarrolla métodos de referencia para garantizar que las mediciones científicas sean precisas y comparables en todo el mundo. Es doctora en Química especializada en espectrometría de masas, y su trabajo forma parte de una división de investigación financiada con fondos públicos dentro de una empresa privada. Lo que hace allí tiene consecuencias reales: cuando los médicos necesitan establecer si un paciente tiene niveles anormales de hierro que lo hacen propenso a una enfermedad, alguien como Menero se asegura de que ese límite esté bien definido, de que una medición de cinco unidades sea realmente cinco y no un falso positivo. Trabaja con análisis de células individuales usando espectrometría de masas, midiendo elementos en cada célula de forma aislada.
Lo que más valora de su experiencia en el laboratorio británico es la diversidad del equipo. Hay gente de todas partes del mundo, cada uno trayendo su propia perspectiva, su propia forma de ver las cosas moldeada por dónde viene. Eso, dice, es enriquecedor. Cuando terminó su carrera en la Universidad de Oviedo, tenía claro que necesitaba salir de España, ver cómo trabajaban en otros lugares, aprender de otras formas de hacer las cosas. Sabía que había tiempo para volver después, pero ese momento de responsabilidades familiares aún no había llegado, y quería aprovechar para explorar.
Las condiciones económicas y laborales de su empleo actual son el otro lado de la moneda. Tiene un contrato indefinido, algo que en España es cada vez más raro en el mundo de la investigación. Los horarios son flexibles y hay facilidades reales para conciliar la vida familiar con el trabajo. Cuando compara esto con lo que ve en su país, la diferencia es abismal. En España, dice, hay muy poca investigación en empresas privadas; si quieres hacer investigación, casi siempre tienes que ir a la Universidad. Y allí, según lo que ha visto en compañeros, los contratos son de dos años, luego tres, y llegas a los treinta y cinco o cuarenta años sin saber si el próximo año seguirás teniendo trabajo. Es una incertidumbre que marca toda una carrera profesional.
Su posición es clara y sin ambages: si tuviera en Gijón las mismas condiciones laborales que tiene en Londres, se iría mañana. No es una amenaza ni una exageración; es una constatación de lo que representa esa estabilidad para alguien que ha vivido en ambos lados. A pesar de ello, reconoce sin dudarlo que la educación que recibió en Oviedo fue excelente, de un nivel que no tiene nada que envidiar a universidades internacionales. La investigación en Química analítica en esa universidad es, en sus palabras, espectacular. Hacían cosas extraordinarias con presupuestos muy ajustados.
Sus planes de futuro pasan por quedarse en Reino Unido, donde vive con su marido. Echa de menos a su familia, pero las vacaciones de ambos siempre las pasan en Gijón. Si alguna vez volviera, sería a Asturias, no a Madrid. La capital está a un vuelo de distancia, como Londres, pero Asturias es su casa. Lo que la mantiene en el Reino Unido no es la distancia ni la aventura, sino la seguridad de saber que mañana seguirá teniendo un trabajo, que puede planificar su vida sin la angustia de contratos que expiran.
Notable Quotes
En España hay poca investigación en empresas privadas y si quieres hacerla es por vía de la Universidad. Y llegas a los 35, 40 años sin saber si el año que viene vas a seguir— Paula Menero
La educación que recibí en la Universidad de Oviedo es excelente, no tiene que envidiar a ninguna universidad internacional— Paula Menero
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Qué es lo que realmente hace cada día en ese laboratorio de Londres?
Trabajo en métodos de referencia para que las mediciones en laboratorios de todo el mundo sean comparables. Si un médico en Alemania mide algo y otro aquí mide lo mismo, los resultados tienen que ser idénticos. Yo me dedico a eso, especialmente con análisis de células individuales.
Suena muy técnico. ¿Pero por qué importa tanto?
Porque si estás diagnosticando una enfermedad basándote en un nivel de hierro, necesitas estar absolutamente seguro de que estás midiendo bien. Un falso positivo puede cambiar la vida de un paciente. La precisión no es un lujo, es fundamental.
¿Y qué diferencia hay entre trabajar allí y haber trabajado en España?
En España, si quieres hacer investigación seria, tienes que estar en la Universidad. Y allí los contratos son temporales, dos años, tres años. Llegas a los cuarenta sin saber si el próximo año tendrás empleo. Aquí tengo contrato indefinido, horarios flexibles, puedo organizar mi vida.
Entonces, ¿nunca volverías?
Volvería mañana si tuviera estas mismas condiciones en Gijón. Pero no es un capricho. Es que la estabilidad te permite pensar en el futuro, en proyectos a largo plazo. En España eso no existe para los investigadores jóvenes.
¿Qué te falta de casa?
Mi familia, claramente. Pero las vacaciones siempre las pasamos en Gijón. Y si alguna vez vuelvo, será a Asturias, no a Madrid. Allí está mi raíz.
¿Crees que la Universidad de Oviedo te preparó bien?
Excelentemente. La educación que recibí allí no tiene nada que envidiar a universidades internacionales. Hacíamos investigación de primer nivel con presupuestos muy bajos. El problema no es la formación, es lo que pasa después.