En una estantería de museo colombiano, un fragmento de roca sin catalogar guardó silencio durante más de medio siglo antes de revelar su verdad: una especie de helecho de 114 millones de años que la ciencia nunca había descrito. El hallazgo, bautizado Paradoxopteris huertasii en honor al sacerdote que lo recolectó, no solo amplía el registro paleobotánico de Suramérica, sino que ofrece evidencia tangible de que Colombia y África compartieron alguna vez el mismo suelo, cuando los continentes aún no habían aprendido a separarse.